El general Michel Aoun, ¿próximo presidente de Líbano?
La directivas de Damasco a su nuevo peón en el tablero político libanés han sido impartidas y están por instrumentarse en la intimidad del Palacio Presidencial de Babda a instancias del presidente saliente, Emile Lahoud.
Los cruentos combates que se llevan a cabo en la ciudad norteña de Trípoli y sus adyacencias Nahr el Bard entre los milicianos palestinos de Fatah al Islam (financiados y armados por el régimen sirio) y el ejército libanés apresuran de modo vertiginoso los tiempos de lo planificado. A su vez presentan, en contraposición, una primera reacción de fuerzas dentro del marco legal por parte del gobierno del primer ministro Fouad Siniora, al ordenar a las tropas del ejército una respuesta contundente.
Así pues, y aunque Michel Aoun lo niegue y muchos de sus seguidores lo ignoren, ha viajado secretamente en dos oportunidades a Damasco en los últimos tres meses para estrechar relaciones con el presidente Bachar al Assad buscando la forma de cumplir con su sueño para convertirse (en octubre próximo) en el nuevo presidente del Líbano. Michel Aoun le viene a los sirios como anillo al dedo, pues su condición de cristiano maronita cubre los requerimientos de la Constitución libanesa, dándole visos de legalidad para ocupar la presidencia. La instrumentación del plan para la toma del poder sobre el gobierno legal del primer ministro Fouad Siniora se ha planificado en Siria, garantizándole la presidencia a Aoun en lo que será presentado como una suerte de abdicación del saliente presidente, Emile Lahoud.
A continuación, se presentan las resultantes de esta situación.
Lahoud y el presidente del Parlamento, Nabih Berri, líder de las milicias Amal (Esperanza), ambos aliados de Aoun y del secretario general de Hezbolá, Hasan Nasralá, desconocerán cualquier medida que intente llevar adelante el gobierno de Siniora en la elección del nuevo presidente, puesto que habrán de alegar que no existe representación de los grupos chiíes dentro del gabinete (lo cual ciertamente es así, pues, tras las renuncias y la deserción de los ministros de esa confesión pertenecientes a Hezbolá, no hay representación chií en el gobierno).
La filtración de este plan conspirativo se ha producido en recientes declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores saudí, Faisal Al Saud, quien sostuvo ante la cadena Al Jazeera no estar de acuerdo en que se siga la costumbre de nombrar cristianos maronitas en la presidencia, asegurando que en tiempos de crisis, como la que se desarrolla actualmente en Líbano, sería importante relegar a Michel Aoun de la presidencia y nombrarlo primer ministro. El ministro saudí pidió que Siria tome nota de sus declaraciones, ratificando indudablemente que la decisión de la elección del nuevo presidente libanés debe pasar necesariamente por Damasco. Por supuesto que Michel Aoun se negará a ello, ya que no aceptará otra posición en el gobierno que no sea la presidencia. Sin embargo, la situación ha disparado la alarma. En respuesta a una entrevista de la televisión de Abu Dhabi, Aoun indicó que no descarta la posibilidad de dos gobiernos, ya que el gobierno actual no está legalmente constituido como para nombrar un nuevo presidente en octubre.
El ex primer ministro (pro-sirio) Omar Karame, sostuvo en rueda de prensa que Lahoud debe desconocer y no entregar el cargo a nadie elegido por el gobierno de Siniora, fuera quién fuera. La acción apropiada sería que el presidente nombre a un primer ministro en su lugar para la presidencia del país, tal y como lo hizo el presidente Amin Gemaye, de forma tal que ese primer ministro forme un nuevo gobierno a través de mecanismos constitucionales.
El hecho de que Omar Karame sea un prominente representante suní es muy importante, puesto que este supuesto legitima el nombramiento temporal de un maronita como primer ministro. Tales declaraciones son altamente peligrosas para la democracia libanesa.
Las implicaciones de la declaraciones de Aoun así como las del ex primer ministro Karame no dejan lugar a dudas para quien conoce el escenario político libanés: si no hay equilibrio con los deseos de la oposición Nasralá, Aoun, Berri en la elección del nuevo presidente, ellos formarán un gobierno paralelo. En este caso, las únicas fuerzas capaces de mantener o desnivelar cualquier equilibrio entre los dos gobiernos serían: el ejército libanés y Hezbolá.
De este modo, el general Aoun está amenazando con hacer retroceder al país a 1988, cuando él dirigió un gobierno militar e intentó solucionar los problemas del país por medio de la violencia. Si la historia se repite será una nueva tragedia, dada la insensatez de las acciones del general en el pasado y el dislate de este nuevo plan. Y deberá asumirse que su estrategia repetiría la historia como una tragedia sangrienta que podría destruir al ejército libanés, conducir a la sociedad civil a una inevitable guerra inter-sectaria y rompería en pedazos y para siempre la frágil convivencia inter-comunitaria.
En las últimas horas, Michel Aoun ha ido aún más lejos, al subrayar en nuevas declaraciones que él y sus aliados no tienen intenciones de aceptar candidato alguno propuesto por el gobierno de Siniora, a quien califican de ilegal. Michel Aoun llama conspiradores a los miembros del gobierno legal, y de manera irresponsable, desconociendo la Constitución libanesa, ofrecen como alternativa que la elección del nuevo presidente se lleve a cabo por voto popular.
Al pedir una elección popular, Michel Aoun sabe fehacientemente que ello permitiría que la mayoría numérica musulmana de Líbano impida la victoria de candidatos cristianos. La oferta de Aoun es una simple estrategia para tomar el poder en beneficio propio y de la oposición pro-siria-iraní. El sabe que no puede ser presidente a través del Parlamento de una forma limpia, de ahí su esfuerzo para modificar el sistema actual de representatividad. El peligro está en que su ambición y egoísmo podría generar la destrucción del sistema político.
Aoun no tendrá reparos en formar un gobierno paralelo. Aunque también es cierto que se trata de la alternativa que le impone Lahoud y los sirios. Si Aoun pudiera, preferiría ser presidente electo de forma legal y no ser el jefe de un gobierno libanés no reconocido por la comunidad internacional. Pero el general no parece aprender de sus errores del pasado: su gran temor es quedar aislado por los sectores democráticos a partir de su alianza con Hezbolá, Siria e Irán.
El plan está plagado de fisuras y falencias que lo debilitan y puede además operar como disparador de terribles enfrentamientos armados entre las distintas facciones libanesas. Michel Aoun se ha convertido directa o indirectamente en una herramienta potencialmente destructiva en favor del retorno del poder de Siria a Líbano.
Las probabilidades inmediatas son que el general Aoun verá cualquier concesión que se le otorgue como un derecho para ser el nuevo presidente del Líbano. La manera incruenta para evitar el derramamiento de sangre dadas sus acciones debe ser la de contenerlo y controlarlo, rescatándolo de la marginalidad en la que se ha aislado, haciéndolo parte del sistema institucional y evaluar su evolución, considerando sus posiciones golpistas y autoritarias del pasado. *
* George Chaya es experto en terrorismo y conflictos religiosos en Oriente Medio. Es miembro fundador del Consejo Mundial de la Revolución de los Cedros y asesor del Comité Libanés Internacional. Dirige el Buró de Informaciones Libanesas para América Latina. (Safe Democracy).
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