
por Isidro Gilbert – corresponsal en Argentina
En el gobierno y la Alianza, sus tres personas clave, Fernando de la Rúa, Carlos “Chacho” Alvarez y Raúl AlfonsÃn, no encuentran el modo de caminar por el mismo sendero y el contexto general es económico y socialmente conflictivo.
Detrás de las palabras duras, los renunciamientos conmocionantes, la plétora de rumores, se exhibe como el centro del debate el tipo de paÃs que se proponen construir los actores principales de estos tiempos.
El ex jefe de la SIDE, Fernando de Santibañes, lo dijo con todas las letras antes de irse: con el Frepaso dentro del gobierno no es posible crecer.
En conclusión, la salida de Alvarez de la vicepresidencia fue saludable y en esa dirección aconsejó sobre el error de un gobierno delarruista ciento por ciento, sin radicales progresistas, también.
Explican los amigos del flamante dimitente que esa declaración de Santibañes fue adrede: “Presentó la renuncia hace una semana, pero De la Rúa no quiso aceptarla. Nos hubiéramos ahorrado el garrón del informe de la SIGEN (auditorÃa de gastos que cuestionó los que se hicieron con cuentas secretas)”.
Pero también la última declaración es una plataforma póstuma. Los errores acumulados por este aprendiz de polÃtico y brujo, que cree que un paÃs es una empresa que requiere de buenos gerentes con acusación de mal manejo de los fondos de la SIDE lo pueden llevar a los tribunales.
En rigor, con su confesión ideológica no reveló nada que no sepan De la Rúa, Alvarez y AlfonsÃn; la única duda que queda es si el presidente piensa en algún rincón de su alma avanzar sobre ese esquema tan grato a algunos sectores financieros. Es lo que cree el ex espÃa; que De la Rúa terminará librándose de la Alianza y dará el giro ideológico que él auspicia, ahora imposible después del fracaso de la reorganización ministerial que obligó a Chacho a irse del gobierno.
Su fracaso, mezcla rara de torpeza y de soberbia, le ha hecho un tremendo mal a la imagen presidencial, hoy más debilitada que nunca y sometida a un bombardeo de presiones y versiones que impactan sobre su estado de ánimo. El jueves cuando se enteró de la portada de una revista con supuestas afirmaciones de Alvarez, responsabilizando a De la Rúa por el pago de los sobornos, el presidente se vio en la necesidad de estirar su humanidad en su sofá para recuperarse.
El viejo binomio no solamente se fracturó institucionalmente; la desconfianza mutua es hoy más aguda que en el pasado y la salida de Santibañes no la disipará: apenas disimularán este tironeo donde el vicepresidente logró imponerse desde el llano, con un plan operativo en el que no es inocente el informe de la SIGEN.
De la Rúa intenta convencer a los que con él hablan de que hasta el momento de la dimisión, esas relaciones eran cordiales y quienes le escuchan no entienden si no era consciente de la realidad o trata de endulzarla.
Chacho Alvarez nunca logró, ni quiso intimar con él, al punto que le rechazaba bajo cualquier excusa cuatro encuentros entre los dos matrimonios porque terminaban por irritarlo.
La cena del martes en Olivos, precipitada por el lÃder del Frepaso que es sensible a los efectos de la disputa sobre la economÃa estancada, buscó amortiguar la idea generalizada de que a la Alianza le quedaba escasa vida. De la comida emergió un esforzado discurso a favor de recrear la Alianza, pero no se disiparon las broncas mutuas existentes antes del portazo. No podrÃa ser de otro modo. Se trata no sólo de personas grandes y fuertes personalidades, sino que, cuentan, De la Rúa volvió a insistir que al designarlo como secretario general de la presidencia a Alberto Flamarique, nombramiento con pésima señal por estar vinculado al trámite de la ley laboral, estaba convencido de que contribuÃa a fortalecer la presencia del Frepaso en su administración.
Como los dos se necesitan y como Chacho entiende que no debe seguir deteriorándose la figura presidencial, su juicio de valor sobre las explicaciones de De la Rúa, lo deja para sus memorias. De todas maneras, después de la comida el presidente se sintió con mejor talante.
La separación del jefe de los espÃas era condición sine qua non para que ingresen al gobierno nuevos cuadros del Frepaso, para reforzar la buena señal aliancista de unidad que da el bloque de diputados nacionales la más clara sobre la continuidad de la coalición. Gracias a ellos, el gobierno tiene instrumentos para sus polÃticas económicas.
Le falta el presupuesto para 2001 es una tarea donde debe lidiar con un peronismo más homogéneo desde que en Jujuy dÃas atrás todos los gobernadores se juntaron para un discurso común: negociar cambios en las pautas de ese proyecto, pero no demolerlo. La reestructuración de la Alianza, puede favorecer una aprobación menos traumática del presupuesto, pero aún es temprano.
En el cÃrculo Ãntimo de Chacho, sin embargo, hay confusión sobre las intenciones de su jefe. Esa idea que lanzó para liderar un movimiento suprapartidario para combatir la corrupción polÃtica y estatal, huele por ahora como un espacio para no dejar dormir la cruzada en el Senado Nacional, ahora a cargo del cuestionado juez Carlos Liporaci, que ha puesto sordina a la causa pero no asà sus dos fiscales.
La idea de Alvarez serÃa conseguir que se cree una megacausa sobre varias de idéntico contenido, corrupción, que permita unificar la investigación de supuesto enriquecimiento ilÃcito de senadores nacionales a partir de sus propia declaración jurada, unida a la pesquisa por el supuesto soborno por la ley laboral.
Por ahora el movimiento transversal del que habla Chacho dirigido a la masa independiente para recuperarla para la polÃtica no da para mucho más. Sejará a otros la conducción diaria del Frepaso, “no quiero estar siempre sobre la coyuntura”, proclama, encargándose él de los grandes objetivos finales, como aquello de comando estratégico y comando táctico que utilizó Juan Perón en el exilio. No toda la vieja guardia frentista piensa lo mismo.
Alvarez se desencanta cada vez más de AlfonsÃn como éste del presidente: Alvarez no comparte la visión sobre la economÃa que tiene el ex presidente ni tampoco su manera de comprender el financiamiento de la polÃtica.
En la UCR también desconfÃan. El ministro del Interior, Federico Storani, cree, tal vez por influencia de los socialistas populares con los que mantuvo una extensa reunión, que Alvarez tiene a sus “gurkas”, lo que lo obliga a actuar con cautela. Tampoco él termina por entender el sentido del movimiento transversal, donde no se ve incluido. Sabe concretamente que Chacho rechazó la idea de formar con AlfonsÃn una Mesa de la Alianza de seis integrantes. “Va a ser leÃda como cogobierno”, fue el argumento, una de los escasos que sonó como música celestial en los oÃdos de De la Rúa. AlfonsÃn cree que es un rechazo que puede preparar otros, más tarde.
En medio de estas realidades y de elucubraciones sobre si Chacho aplica dos tácticas para su objetivo estratégico, ser candidato presidencial, el cuadro económico social no hace más que agravarse y eso da espacio para los rumores sobre la salida del ministro de economÃa, José Luis Machinea.
Las inversiones extranjeras se han paralizado (de Italia, planes por cinco mil millones de dólares) y a las locales, entre las turbulencias polÃticas y la lentitud para poner en movimiento planes de reactivación, le spasa lo mismo.
El paro agropecuario de la semana pasada exhibió irritación de los productores y la aplicaci
ón de medidas de lucha, que los acercan a las tácticas del sindicalismo combativo. Sobre todo incinera otro de los afluentes de la base social que dio nacimiento a la Alianza.
Si la coalición queda desguazada de soporte polÃtico social, ¿quién ocupará el vacÃo? Es desde esta realidad que surgen las ideas sobre anticipación de las elecciones presidenciales, pactos entre Carlos Menem con el presidente o la liga de gobernadores del peronismo actuando como apoyatura, a cambio de que el gobierno acepte sus programas y hombres para sacar al paÃs del estancamiento.
Menem, expresando el programa del establishment, consiguió frenar la hiperinflación y reordenar la economÃa con las consecuencias conocidas, pero dio a su administración estabilidad y apoyo electoral. Tal vez él no, acaso lo hagan los gobernadores peronistas con De la Rúa, introduciendo a Domingo Cavallo en el esquema para un salto productivo, por la confiabilidad que el ex ministro producirÃa en los mercados, aunque su plan de rebaja de impuestos con más desregulaciones laborales significará una nueva redistribución negativa del ingreso.
Aconsejan a De la Rúa y Alvarez que deberÃan concertar entendimientos más amplios que la Alianza, para darle al gobierno una base polÃtica recreada en dirección a reconquistar las pérdidas, ampliándolas a sectores productivos y franjas del peronismo, esquema-ideas que el ex vicepresidente tiene en sus manos escrito por un hombre del Frepaso que ha pedido reserva de identidad, cuya copia tiene AlfonsÃn.
La idea fuerza: crear condiciones polÃticas para un shock productivo. Para ello, urge que el presidente elimine otros factores que mantienen la incertidumbre sobre el futuro de la Alianza y que Chacho cumpla lo que él mismo proclama: que en polÃtica más que amigos y gustos por personas, hay que encontrar los puntos en común.
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