El nuevo mandatario francés asumirá el 16 de mayo

"Sarkozy será un presidente autoritario y provocará tensiones"

Durante tres elecciones presidenciales el Partido Socialista no supo renovarse para enfrentar nuevas conquistas. La izquierda francesa debe asumir su rol sin complejos y mirar al mundo tal cual es para enfrentar las próximas citas electorales. La oposición tendrá un rol de vigilancia, sobre todo en el plano social.

Sarkozy es el sexto presidente de la V República francesa después de 1965, primera elección con sufragio universal cuando Charles de Gaulle enfrentó a Francois Mitterrand. El candidato y presidente de la UMP (Unión por un Movimiento Popular), de derecha, Nicolas Sarkozy, nació en París el 28 de enero de 1955, abogado de formación. Es hijo de un inmigrante húngaro.

Nicolas Sarkozy fue ministro del Presupuesto de 1993 a 1995. De 2002 a 2004 ministro del Interior: En 2004 durante 9 meses fue ministro de Economía y de Finanzas. Desde 2005a 2007 fue ministro del Interior, cargo que abandonó en enero pasado. En el Ministerio del Interior impuso su estilo de mano dura haciendo de la seguridad ciudadana su prioridad.

Los franceses han manifestado en su gran mayoría la voluntad y el deseo de ver un cambio real. Con el voto del 6 de mayo a favor de Nicolas Sarkozy se puede ver una derrota de una cierta ideología y el triunfo de una derecha totalmente asumida. Para la mayoría de los franceses Nicolas Sarkozy simboliza la ruptura con el pasado, puesto que se opuso a Chirac y a su primer ministro Dominique de Villepin. El nuevo presidente francés centró su campaña electoral en torno del «valor trabajo», del orden, de la autoridad y la lucha contra la inmigración clandestina.

Los franceses han pedido un cambio para combatir el desempleo, una de sus principales preocupaciones, tema recurrente desde hace más de 30 años. Todos los candidatos en sus campañas electorales, tanto de derecha como de izquierda, han prometido hacer desaparecer o disminuir a su mínima expresión el desempleo, sin éxito. Los franceses le han tomado confianza a Nicolas Sarkozy en particular, en la seguridad ciudadana y en el control de la inmigración clandestina. Para el filósofo Marcel Gauchet, «el presidente es un personaje extraordinario en el imaginario político francés. El Estado, aunque no tenga la misma autoridad de antes, continúa ocupando un lugar esencial y los franceses esperan que el Estado resuelva muchos de sus problemas. Por eso se necesita de una inspiración, de un alma, de una dirección».

Durante cinco años hasta 2012 Francia será gobernada por un hombre de derecha que encarna el orden, la autoridad y la disciplina. Admirador de George Bush y de su política. Muchos puntos del programa político de Sarkozy se inspiran en recetas de la derecha americana. Un hombre de mucha energía que muchas veces inquieta por su pasión por el poder y la veneración del dinero. Su programa es claramente favorable a la oligarquía financiera y a las grandes fortunas.

A pesar de su personalidad, que provoca resistencias, logró reunir la mayoría nítida de electores en la segunda vuelta. Conservador con la voluntad de aceptar la globalización. Con respecto a sus valores, es conservador, con una dimensión económica progresista; así se define el nuevo presidente de Francia.

En sus primeros cien días de gobierno convocará a una sesión extraordinaria del Parlamento para hacer votar una serie de proyectos de ley, entre ellos uno sobre la inmigración y la delincuencia juvenil. Estimulará medidas de carácter fiscal e intentará crear una norma para garantizar el servicio mínimo en los transportes. En el ámbito fiscal, el nuevo presidente quiere poner en marcha reglas que exoneren de impuestos a las horas extra de trabajo. Atribuirá ventajas tributarias para los propietarios en la adquisición de su primera casa individual. Suprimirá los derechos de sucesión para patrimonios medios y pequeños.

Pretende limitar la entrada de clandestinos en el territorio francés. Exigirá que todo aquel inmigrante que desee hacer venir a un miembro de su familia sea obligado a probar que recibe un salario y dispone de una casa. Para el antiguo primer ministro de Mitterrand Michel Rocard, actual diputado europeo: «Nicolas Sarkozy es un peligro público. Es un hombre que encarna la verdadera derecha. Francia recupera su influencia principalmente gracias a las buenas relaciones diplomáticas que ha conservado con Africa y el Medio Oriente. Después de la adhesión obsequiosa entre Sarkozy y George Bush basta para deteriorar todas las relaciones. Le costará muy caro a Francia», afirmó. Para Lionel Jospin, primer ministro entre 1997 y 2002, «Sarkozy será un presidente autoritario, demagogo y provocará tensiones en el país. Pondrá en marcha una política económica y social más dura e injusta que la actual. Existirá una concentración sin precedente de poder en las manos de un solo hombre. Pondrá en tela de juicio la independencia de la Justicia e intervendrá en la prensa. Tendrá una actitud muy dócil con Estados Unidos. Condeno su propensión a la demagogia y al clientelismo,» declaró. Edwy Plenel, un referente en el periodismo francés, opina que la elección de Sarkozy «agravará la crisis social, política e internacional. En el ámbito social, puesto que quiere dar más a los que tienen, en política, porque quiere acentuar un presidencialismo institucional para apagar lentamente la vida democrática, y en el dominio internacional tiene una visión comunitaria casi religiosa de la sociedad, la que alimenta el enfrentamiento entre culturas y la guerra de civilizaciones. Sarkozy tiene una visión guerrera, egocéntrica, de la política. Temo que el conflicto natural en toda democracia se transforme en una tensión permanente» declaró.

Nicolas Sarkozy gobernará con la cabeza pero también tendrá que gobernar con el corazón para sentir al pueblo más cerca. *

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