Jaqueado por el fracaso de la guerra y los casos de corrupción

Cuenta regresiva para Olmert

Entre 150 y 200 mil manifestantes se congregaron el mismo jueves en Tel Aviv al grito de «¡Dimisión!», con la particularidad de que la multitud abigarrada y heterogénea se componía de laicos y religiosos, colonos y movimientos juveniles de izquierda, familiares de víctimas de la guerra y asociaciones de reservistas. La concentración se efectuó en la tradicional plaza céntrica que recuerda a Yitzaj Rabin, el primer ministro asesinado por un fanático israelí de extrema derecha. Los diarios hablaron del «test de la Plaza» y en lenguaje deportivo se dijo que el pueblo le estaba sacando tarjeta roja tanto al primer ministro como al ministro de Defensa y ex dirigente sindical.

 

Amenazas otra vez contra Mordejai Vanunu

En este clima de tensión agudizada (porque Olmert y Peretz se niegan a renunciar, y ambos se sostienen entre ellos) han recrudecido las amenazas de volver a encarcelar al gran científico israelí Mordejai Vanunu, un físico que denunció en forma sostenida y sólidamente fundamentada los planes armamentistas nucleares de Israel y la fabricación de bombas de plutonio y de hidrógeno en sus centrales nucleares. Como se sabe, Israel almacena un número considerable de bombas atómicas, en el orden de las 150, en ese polvorín que es el Medio Oriente (y a la vez destruyó con su aviación en 1981 la central nuclear civil de Tamuz, en Irak). Vanunu hizo campaña pública contra esa política desde un ángulo pacifista, y eso le costó nada menos que 18 años de cárcel, que ya cumplió, tras haber sido juzgado en secreto por los servicios de espionaje del Mossad. En el juicio se lo encontró culpable de informar a la prensa de todos los detalles del programa nuclear israelí.

Al insistir ahora en su prédica a favor de la paz en la región y en el mundo, y contra el armamentismo atómico, renace la amenaza de volver a encarcelarlo. Las informaciones destacan «la valentía y el sentido moral de este militante pacifista».

 

Las pústulas de la corrupción

Olmert está en el banquillo no sólo por el desastre de la conducción de la guerra en El Líbano, sino por actos de corrupción que afectan además a figuras de primer plano del gobierno. Daniel Blumenthal dijo por la CNN que el gobierno israelí está manchado por escándalos de corrupción y sexo, que estallan a razón de uno por semana.

El propio primer ministro ha sido acusado por haber efectuado compras inmobiliarias a precios excesivamente bajos, y a la vez es investigado como sospechoso de haber favorecido a un amigo, millonario australiano, en la privatización de un banco.

El presidente de Israel, Moshe Katzav, debió alejarse temporalmente del cargo por denuncias múltiples de violación y acoso sexual. Su abogado (David Libai, ex ministro de Justicia) abandonó su defensa. El gabinete en pleno reclamó su renuncia. Lo vimos en actitudes desaforadas en la pantalla, intentando justificarse.

A fines de enero la justicia declaró culpable de acoso sexual al ex ministro de Justicia Haim Ramón, considerado el cerebro político de Kadima, el partido formado por Ariel Sharon (que sigue internado en estado vegetativo) y al que pertenece Olmert. El hijo de Sharon fue enjuiciado por recepción de donaciones. El ministro de Finanzas, Abraham Hirshon, está acusado de malversación de fondos.

El renunciado jefe de estado mayor, Dan Halutz, antes de lanzar su fracasada ofensiva en El Líbano encontró tiempo para efectuar maniobras especulativas con acciones.

 

El informe Winograd y las masacres en el Líbano

La manifestación de Tel Aviv fue la primer repercusión de masas ante el informe proporcionado por la Comisión presidida por el ex juez israelí Eliahu Winograd, que es lapidario en cuanto a la incompetencia, los errores, la improvisación, la falta de asesoramientos con que se llevó a cabo la guerra del Líbano, del 12 de julio al 14 de agosto 2006. Mientras se realizaba la manifestación, en la Knesset Benjamín Netanyahu reclamaba la dimisión de Olmert, en un ensayo anticipado de probarse las pilchas. Según el presidente palestino Mahmud Abbas, la llegada al poder de este halcón sería un verdadero desastre. También renunció el jefe del grupo parlamentario de Kadima, diputado Itzchaky, por la negativa del primer ministro a dimitir.

Pero todo esto no puede hacer pasar al olvido las matanzas y destrucciones perpetradas por el ejército israelí en esos 33 días de invasión, el arrasamiento de zonas enteras de Beirut, el bombardeo con fósforo vivo y bombas de racimo, la siembra de minas (que persiste hasta hoy), la matanza a sabiendas de miembros de la misión de la ONU, el destrozo de hospitales, puentes y carreteras, la polución del Mediterráneo por los bombardeos a depósitos y refinerías, en lo que fue algo así como una repetición de Guernika a mayor escala, setenta años después.

Se menciona incluso a los 1200 muertos libaneses (que presumiblemente fueron muchos más, y se suman a las 160 bajas del ejército israelí) como si fuesen «une quantité négligeable». *

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