Un inédito 1º de Mayo con Fidel editorialista
«No salió», fue la escueta expresión de una mujer de 51 años frente a un televisor en un hospital gineco-obstétrico de La Habana, donde ingresadas y acompañantes vieron los desfiles del 1 de mayo, en los que Fidel no participó.
Dos indicios tenían los cubanos para esperar la reaparición pública del presidente, quien a sus 80 años convalece de una grave crisis intestinal.
Un artículo suyo publicado el 11 de abril donde convocaba al pueblo a participar en esta jornada y recientes fotos, donde con apariencia de estar mejor de salud, recibió a un dirigente chino.
Otros cubanos, con acceso generalmente clandestino a canales o emisoras extranjeros, se hicieron eco de la expectativa mediática internacional, que dirigentes cubanos no alentaron, pero tampoco desmintieron. «Por los canales están diciendo que va a estar en la Plaza», comentaba una mujer a dos días del desfile en una parada de ómnibus, usando el sujeto sobrentendido, con que los cubanos hablan de Fidel.
La mayoría de los participantes en los desfiles, movilizados desde la madrugada, marcharon sin saber que en los diarios nacionales había un nuevo artículo de Castro -el cuarto en un mes-, donde vuelve a la carga contra la política de biocombustibles de Washington.
La expectativa de ver a Fidel en público terminó rápido, cuando su hermano Raúl, con su uniforme de general de cuatro estrellas, llegó a la tribuna y fue presentado por el maestro de ceremonias como persona que preside el acto.
Esta es una de las raras ocasiones en que Raúl celebra un 1 de Mayo en La Habana (en 1959 y 1963 también presidió el acto, por ausencia de Fidel), pues generalmente encabeza el desfile en Santiago de Cuba (sudeste), donde fue sustituido esta vez por el comandante de la Revolución Juan Almeida. «Esto es un acto al estilo Raúl», dijo por su parte un cubano de 60 años que, enfermo, presenció desde su casa el desfile por la televisión, en referencia a lo breve del discurso -de unos ocho minutos-, pronunciado por el secretario de la central sindical, Salvador Valdés.
«Un pronto restablecimiento y mucha salud, querido compañero Fidel», dijo Valdés en una suerte de mensaje para Castro, otro seguro televidente que tampoco pudo estar en la plaza.
En la tribuna del acto, Raúl, de 75 años y al frente del país de manera provisional desde el 31 de julio, estuvo acompañado por los otros dos comandantes de la Revolución, Ramiro Valdés y Guillermo García, y por miembros del buró político del Partido Comunista (PCC).
De esa forma, se cumplieron otras características de la «administración raulista», un poder de muchas caras y el PCC como heredero del liderazgo de su hermano Fidel, «el único comandante en jefe».
En diciembre pasado, en un discurso improvisado ante estudiantes universitarios, Raúl dejó claro que no pretende imitar a su hermano y delineó un estilo propio de gobierno colegiado, abierto al debate y la discrepancia.
«Desde el primer momento estableció que yo no tenía que estar haciendo todos los resúmenes, o dando los discursos», o cumpliendo viajes en el exterior», aseveró esa vez. Según el maestro de ceremonia, 1.645 invitados extranjeros estaban presentes en la Plaza, pero ninguno habló como era tradicional en actos con la presencia de Fidel y, a diferencia de largas y lentas marchas anteriores, el desfile cerró con las notas de la Internacional a las dos horas y diez minutos, con un bloque de 50.000 jóvenes. *
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