"Sólo matándonos nos podían frenar", recuerda Mirta Acuña

Mirta Acuña de Baravalle, a los 82 años vuelve a ponerse cada jueves el emblemático pañuelo blanco para caminar en la Plaza de Mayo.

Con la misma puntualidad de siempre, esta mujer comienza la marcha a las tres y media de la tarde, del brazo de Josefina ‘Pepa’ García de Noia, otra sobreviviente de la primera ronda. «Para mí la Plaza de Mayo es esencial, porque aquí sentimos la presencia de nuestros hijos», dijo Acuña de Baravalle a la AFP.

Mirta es una de las 14 mujeres que participaron sin saberlo de lo que sería considerado el acto fundacional de las Madres de Plaza de Mayo, que reclamaron la aparición con vida y el castigo por los 30.000.

«No fuimos más madres ese día por falta de información sobre la cita. Nunca pienso que hubo miedo ya que, si yo no tuve miedo, ¿por qué otros lo habrían tenido? Si no han ido es porque no han podido», estimó Baravalle.

«Nuestros hijos no salieron de la nada, nos tendrían que haber secuestrado a nosotras o habernos matado si no querían que les diéramos problemas» dijo Mirta una vez a un soldado que la vigilaba con una ametralladora, 30 años después insiste:»sólo matándonos nos hubieran frenado». Su hija Ana María, una socióloga de 28 años, estaba embarazada de 5 meses cuando se la llevaron de la casa. Mirta todavía está buscando a Camila o Ernesto, los nombres que los padres habían elegido para el nieto o nieta que nació en cautiverio.*

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje