Trabajadores muertos fueron congelados y sus cuerpos utilizados sin autorización

Macabras revelaciones en planta nuclear británica

El ministro británico de Comercio e Industria, Alistair Darling, anunció en la Cámara de los Comunes la apertura de una indagación sobre revelaciones de que partes de los cuerpos de al menos 65 empleados muertos que trabajaron en la planta de Sellafields fueron refrigerados y analizados.

En una declaración de emergencia al Parlamento, tras reportes en los medios británicos, el ministro anunció que pidió al abogado de la Corona (fiscal) Michael Redfern que investigue esas acusaciones.

Según una investigación del diario británico «The Times», retomada por otros diarios, la extracción de órganos a trabajadores muertos para analizarlos se efectuó durante un período de 30 años, y no contó con la autorización de los familiares.

Darling informó también en Westminster que British Nuclear Group (BNG), encargada del funcionamiento de Sellafield, la mayor central atómica de Gran Bretaña, confirmó que ha identificado 65 casos en los que se extrajo tejido de trabajadores muertos de cáncer para analizar el contenido radiactivo en los órganos.

Según el grupo, los análisis radiológicos comenzaron en los años 60 y duraron hasta 1992, y en 61 de esos casos esas intervenciones fueron autorizadas, como lo pide la ley.

El titular de Comercio e Industria subrayó la «dificultad» de la investigación, que «cubre sucesos que ocurrieron hace 45 años».

«Pero le debemos a los familiares y al público general averiguar qué pasó, y por qué», declaró a los parlamentarios.

«Nuestra mayor preocupación son las familias de los que murieron durante ese período y la angustia a la que han estado sometidas», declaró Gary Smith, responsable nacional del sindicato que formuló las acusaciones, citado por diarios británicos.

Según otro sindicato, Prospect, la extracción de órganos de cadáveres no se limitó a Sellafield sino que también se llevó a cabo en otras plantas nucleares.

Prospect solicitó públicamente la apertura de una investigación pública independiente.

«No queremos llegar a conclusiones precipitadas, pero queremos que se establezcan los hechos», declaró el secretario general del sindicato, Paul Noon. La «extracción de órganos de trabajadores que estuvieron en contacto con las radiaciones es mala desde el punto de vista ético y moral y probablemente ilegal», declaró Noon. *

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