"Misión imposible" para detener la violencia
Charm el Cheij, ANSA, Reuters
No se trata de un acuerdo firmado y no hay documentos escritos que lo atestigüen, sino sólo la palabra del presidente de la única superpotencia, que garantiza por ambas partes que una comisión investigadora esclarecerá lo ocurrido en los territorios, que Israel levantará el asedio y que el proceso de paz se reanudará.
Pocas horas después de la conclusión de la cumbre el ejército israelí anunciaba que retirará los tanques emplazados desde hace 19 días, cuando comenzó la violencia en los territorios, en el ingreso de la ciudad de Nablus, en Cisjordania.
La cumbre no había comenzado bajo buenos auspicios y desde el principio no prometía nada bueno.
Los huéspedes del presidente egipcio Hosni Mubarak, incluido el presidente estadounidense Bill Clinton y el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que llegaron a la localidad balnearia del Sinaí entre el domingo y el lunes por la mañana, mantuvieron reuniones bilaterales preliminares con los dos grandes contendientes: el premier israelí Ehud Barak y el presidente palestino Yasser Arafat.
Barak fue el primero que se reunió con Clinton a quien le hizo saber sin más trámites que «estaba harto de Arafat» y que no lo podía seguir considerando un socio creíble para la paz.
Los coloquios fueron intensos pero en la mayor parte de los casos infructuosos y la esperada cumbre de los siete grandes –que incluyó también al representante europeo Javier Solana y al rey Abdallah de Jordania– comenzó con una hora y media de retraso.
Mubarak también había mantenido reuniones bilaterales con cada uno de sus huéspedes, sobre todo con el rey Abdallah y con Solana.
Clinton se dio cuenta inmediatamente de cuáles eran los mayores obstáculos en su misión y los enunció, midiendo las palabras y advirtiendo que «la cumbre no podía fracasar puesto que lo que estaba en juego era el futuro de los pueblos, el proceso de paz y la estabilidad en la región».
Los tres puntos clave que debían ser fijados por los acuerdos eran el cese de la violencia, la puesta en marcha de un procedimiento que esclarezca lo que sucedió en los territorios ocupados en las últimas tres semanas y el compromiso para reanudar el proceso de paz.
Objetivos dificilísimos, visto que Barak y Arafat no se saludaron durante muchas horas y evitaron mirarse a los ojos hasta que fueron obligados por las circunstancias a darse un desganado apretón de manos.
Solana sostenía que los negociadores, desde los jefes de Estado, cancilleres y miembros de los servicios secretos, se estaban poniendo de acuerdo mientras que el negociador palestino Abed Rabbo aseguraba que no se había registrado «absolutamente nada de nuevo».
Durante la tercera reunión entre cancilleres, la noticia de que israelíes y palestinos se habían insultado hizo naufragar casi todas las esperanzas.
Uno de los colaboradores de Arafat, Saeb Erakat, le gritó «asesino» al canciller israelí Shlomo Ben Ami, poniendo al mismo nivel a la secretaria de Estado estadounidense, Madeleine Albright.
Clinton pasó una noche entera en reuniones con los protagonistas de la política medioriental, primero con Arafat y después con Barak.
Mubarak y el rey Abdallah participaron en las conversaciones con Arafat, pero la resistencia de ambas partes, según trascendidos en los ambientes de la cumbre, fue enorme.
Los israelíes no renunciaban a exigir el retorno a las cárceles palestinas de los «terroristas» de Hamas y de la Jihad Islámica.
Arafat, por su parte, no transaba sobre la cuestión de la comisión investigadora, pero ambos siguen haciendo esfuerzos.
Ayer, poco antes de las 09.00 GMT, finalmente fue dada la noticia de que se había llegado a un acuerdo.
Era una noticia oficiosa, dada por los medios de información egipcios que contribuyeron a que Barak y Arafat permitieran que Clinton diera la noticia oficial de un acuerdo al concluir la cumbre.
Un funcionario de alto rango que acompañaba a Clinton en su retorno a Washington desde la cumbre en Egipto dijo que la senda hacia la paz será ardua.
«Esto será difícil y no deberíamos hacernos ilusión alguna de que alguien tendrá una varita mágica», dijo el funcionario.
Clinton dijo que ambas partes accedieron a frenar la violencia, establecer una misión que investigue sus causas y explorar un retorno a las conversaciones de paz.
Por su lado, un funcionario israelí aseguró a periodistas que su país y los palestinos habían logrado también un acuerdo secreto cuyo cumplimiento va a ser supervisado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados unidos.
El funcionario no dio más detalles concretos sobre el acuerdo, pero indicó que se basaba en un pacto de seguridad alcanzado en 1998 entre el ex primer ministro Benjamin Netanyahu y Arafat.
El jefe de la CIA «George Tenet y el representante de la CIA en Tel Aviv serán responsables por la implementación» del acuerdo secreto, declaró.
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