Reino Unido: descarrilamiento mortal
Londres, AFP
La empresa británica Railtrack volvió a ser la involuntaria protagonista del debate sobre la seguridad de la red ferroviaria en el Reino Unido, con un nuevo accidente que dejó cuatro muertos y una treintena de heridos este martes.
El descarrilamiento, que ocurrió en el norte de Londres, se produjo un año después de otro terrorífico accidente cerca de Paddington, en el oeste de la capital, cuando la colisión de dos trenes provocó la muerte de 31 personas.
El accidente de hace un año fue achacado finalmente a la deficiente visualización de un semáforo de la red. Railtrack es responsable de las señales luminosas en la red ferroviaria.
En el accidente de este martes, Railtrack era por el momento incapaz de explicar por qué el tren, de alta velocidad, descarriló cerca de Stevenage, a unos 30 km al norte de Londres. Un alto responsable explicó a la BBC que el tren circulaba aparentemente por la vía correcta, y que los equipos de señalización habían funcionado normalmente.
La gran pregunta que volverá a plantearse la opinión pública británica es: ¿las líneas ferroviarias británicas, privatizadas en 1996, son igual de seguras que antes?
Los detractores de esa polémica decisión, adoptada en su tiempo por el gobierno conservador, critican que Railtrack, que cada día obtiene unos beneficios de 1,6 millones de dólares, antepone los éxitos financieros a la seguridad y la puntualidad de sus pasajeros.
Railtrack insiste en que está invirtiendo sumas récord en infraestructuras, y arguye que recibió una herencia alarmante en materia de seguridad.
En los primeros seis meses de este año, la empresa afirma haber invertido 1.200 millones de libras esterlinas, casi 2.000 millones de dólares, en mejorar la red.
Railtrack ha lanzado un plan multimillonario de inversiones en seguridad, a pedido de las autoridades reguladoras ferroviarias, y ha acelerado los planes para introducir un sistema de alerta a finales de 2002 para evitar el caos en la red.
Sin embargo, el sistema es una alternativa más barata al Sistema de Prevención Automático, un plan de protección solicitado tras el accidente en Clapham, al sur de Londres, en 1988, en el que murieron 35 personas.
Railtrack admite que se enfrenta a serios problemas en la red ferroviaria.
Centenares de fragmentos de las vías se rompen cada año, y al menos un conductor se salta cada día un semáforo en rojo.
La compañía además ha tenido que pagar millones de libras en multas por no haber mejorado su puntualidad.
Los retrasos han aumentado recientemente un 10%, admitió a principios de mes la compañía.
Las cancelaciones y el exceso de viajeros se añaden a ese panorama poco halagüeño.
Este martes, las acciones de Railtrack cayeron un 7,3% en la bolsa de Londres poco después de conocerse la noticia del accidente.
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