Gore y Bush: empate técnico

St. Louis, EEUU

George W. Bush y Al Gore confrontaron anoche su estilo y visión política sobre los temas dominantes de la campaña presidencial a 21 días de las elecciones, en un tercer y último debate que mostró a un candidato demócrata exponiendo con firmeza sus diferencias ante un rival republicano que se mantuvo más a la defensiva.

El mano a mano duró 90 minutos y fue transmitido en directo por los principales canales de televisión desde la Universidad Washington de Saint Louis (Missouri, centro) y ofreció a los electores la última oportunidad de comparar a los candidatos antes de los comicios del 7 de noviembre.

Para un 46% de los televidentes, Gore ganó el debate. Según un 44%, Bush tuvo, en cambio, el mejor desempeño, según la encuesta de la cadena de televisión CNN.

Ese resultado, cuyo margen de error es de un 5%, resulta sin embargo significativo porque antes del debate un 52% de los interrogados era favorable a Bush y sólo un 43% a Gore.

Otra encuesta, del canal CBS, también dió ganador a Gore pero por un margen más amplio, 45% contra un 40% para Bush. Un tercer sondeo, del canal ABC, otorgó un empate a los candidatos, con un 41% para ambos.

El debate comenzó tras un minuto de silencio a la memoria del gobernador demócrata de Missouri, Mel Carnahan, fallecido en un accidente de avión ocurrido la noche del lunes.

De las cuestiones de salud a la educación, del papel del Gobierno federal a la situación en Medio Oriente, Bush y Gore invocaron respectivamente la capacidad de liderazgo y la experiencia, jugando cada cual lo que consideraron sus cartas más fuertes, en una confrontación cortés pero sin concesiones.

La primera pregunta, planteada por uno de los ciudadanos que asistieron al debate, abrió la polémica sobre el controvertido sistema de seguro médico.

El gobernador de Texas afirmó que era el único capaz de poner en marcha una reforma, llamando a todo el espectro de la clase política a movilizarse para lograrlo.

«Se discute mucho en Washington, es una cuestión política en lugar de ser una cuestión del pueblo», dijo Bush, que indicó oponerse a una limitación del precio de los medicamentos y a una cobertura médica nacional.

Gore replicó que hace 24 años que lucha contra la poderosa industria farmacéutica norteamericana «que gasta más en publicidad que en investigación».

«Si ustedes quieren a alguien que luche por las familias de la clase media y los hombres y mujeres que trabajan…yo soy esa persona», afirmó el vicepresidente, declarando que –contrariamente a Bush– es partidario de una extensión «por etapas» de la cobertura médica a los 44 millones de personas que no están aseguradas en Estados Unidos.

Bush afirmó que «cuando uno hace la cuenta de todo lo que quiere hacer, sus propuestas representarían el aumento (de Gobierno) más importante de los últimos años».

Gore replicó acusando al gobernador de proponer una reducción masiva de impuestos para favorecer a un 1% de los contribuyentes, los más ricos.

«Tenemos diferencias enormes», dijo Gore. «Estamos en franco desacuerdo sobre ese tema»: el demócrata insistió en aquéllo que lo diferencia de su adversario, y con elocuencia defendió los programas de discriminación positiva para las minorías.

Bush se mantuvo a la defensiva cuando una persona le preguntó porqué estaba orgulloso de que Texas sea el primer Estado en materia de ejecuciones. «No, no estoy orgulloso de ello», respondió el candidato republicano.

El debate se trasladó brevemente a la esfera internacional. «Tengo una estrategia para Oriente Medio», afirmó el gobernador de Texas sin dar más detalles.

Bush reafirmó su apoyo a Israel al destacar que no había que «dictar los términos de la paz» a las partes del conflicto palestino-israelí. Según él, Estados Unidos «debe ser fuerte para preservar la paz». «Nuestros amigos y nuestros enemigos deben saber que cuando Estados Unidos dice algo, lo hace», dijo recordando que el presidente iraquí Saddam Hussein seguía siendo «una amenaza en Oriente Medio».

Gore eludió la situación en Oriente Medio, constatando que la fuerza militar estadounidense «es la más poderosa del mundo». «Actuaré de modo que esta fuerza sea mantenida», dijo recordando su pasado de voluntario en la guerra de Vietnam –sirvió como periodista– y de miembro de la Comisión de las fuerzas armadas en el Senado.

Insistiendo igualmente sobre su experiencia de vicepresidente, Gore evocó los «desafíos muy serios que deberemos enfrentar en los próximos cuatro años», sobre todo la guerra química y biológica.

«Apoyo una modernización de nuestro armamento táctico y estratégico», añadió, congratulándose que Estados Unidos haya «ganado el conflicto de Kosovo sin perder una sola vida norteamericana», afirmó Gore.

Unos 150 ciudadanos de la región de Saint Louis, escogidos por el instituto Gallup y que todavía se mantenían indecisos, interrogaron a los candidatos bajo la conducción del periodista Jim Lehrer, que fue el moderador de los tres debates de la campaña.

Bush había abordado el «tercer round» fortalecido por las encuestas que le otorgaban una leve ventaja, pero Gore dio muestras de haber sacado mayor partido del tercer debate frente a los ciudadanos.

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