Paro general y manifestaciones masivas en Argentina
Adquirieron vastas proporciones el paro general y las manifestaciones que se sucedieron a lo largo del territorio argentino el lunes 9, en protesta por el asesinato del profesor Carlos Fuentealba el miércoles pasado en Neuquén, en una demostración por aumento salarial en la provincia sureña que gobierna Jorge Sobisch. Estos hechos repercuten en el panorama político y social, con las elecciones presidenciales a la vista.
Magnitud de la protesta, CGT y CTA juntas
Un hecho destacable es que por primera vez en 6 años emprenden una acción conjunta la tradicional CGT (de prosapia peronista, liderada por Héctor Moyano y adscripta al kirchnerismo) y la joven CTA, catalogada de centroizquierda, que tuvo a Víctor Di Gennaro como referente y hoy es conducida por Hugo Yasky, dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera). Esto influyó en la magnitud de la jornada, tanto en el paro como en las manifestaciones, que en Buenos Aires fue una de las mayores durante el actual gobierno. Pararon los autobuses, trenes y subterráneos, así como los bancos, mientras los gremios judiciales cesaron la actividad en Tribunales. Esta actividad se eslabonó con el reclamo sindical de aumentos salariales, ante una inflación que se desborda. Pero quienes imprimieron su tónica a la jornada fueron los educadores nucleados en la Ctera, que manifestaron en Buenos Aires y a lo largo del país bajo consignas tales como «Las tizas no se manchan con sangre» y «Basta de gatillo fácil». Las demostraciones recorrieron Rosario, Córdoba, Mendoza, Salta, Jujuy, Mar del Plata, adquiriendo particular relevancia en Neuquén, con 20 mil personas reclamando ante la sede de la gobernación, que pintaron de negro en señal de luto, el juicio político y la destitución del gobernador Sobisch. La esposa del profesor, Sandra Rodríguez, dijo que Fuentealba «lo fusilaron». La misma expresión utilizó el presidente Kirchner en una breve y tardía comparecencia. En su provincia originaria de Santa Cruz también se ha encrespado la protesta de los docentes por aumento de salario.
Sobisch en la picota
El gobernador hizo una aparición pública insolente, echándole la culpa a la policía y alegando que él no podía revisar las fichas de 5.000 agentes, en alusión al hecho de que el que apretó el gatillo tenía dos condenas por actos de represión violenta. Acusó a Kirchner diciendo que en sus 37 meses de gobierno lleva más de 43 casos de represión, y que la muerte en Neuquén tiene como antecedente la de Jorge Sayago, precisamente en Santa Cruz, durante una manifestación de trabajadores petroleros. Después de la manifestación Sobisch declaró en tono desafiante que «si tuviera que volver a dar la orden de represión la daría» porque los maestros estaban impidiendo circular por las rutas.
La primera consecuencia política fue la ruptura del acuerdo que Sobisch había tejido con el político derechista Mauricio Macri. Ambos habían convenido apoyarse mutuamente en la carrera presidencial para enfrentar al kirchnerismo en octubre. Apenas se desencadenaron los hechos, Macri huyó de Sobisch como de la peste, mientras éste anunció que mantendrá su candidatura en solitario.
La otra repercusión vino por el lado de Daniel Filmus, que es el ministro de Educación, lo que no le impide ser a la vez (extrañezas de la legislación electoral argentina) el candidato oficialista para la jefatura de gobierno de Buenos Aires. Temeroso de que las movilizaciones de los gremios de la educación lo afectaran, se apresuró a despegarse de la crisis docente agudizada en las provincias y dijo que no debían impactar al electorado de la capital.
Una opinión de Morales Solá
Este episodio originó interesantes reflexiones del periodista Joaquín Morales Solá, vertidas en primera plana de La Nación del domingo bajo el título «La muerte se coló en la campaña». Como se sabe, en el espacio televisivo de dicho periodista se planificó recientemente la participación del canciller argentino Jorge Taiana y del ex vicepresidente uruguayo Luis Hierro López para debatir ciertas afirmaciones del gobierno argentino sobre el conflicto con Uruguay. Hierro dio cuenta en forma convincente de las posiciones uruguayas, ayer y hoy, mientras el canciller argentino faltó la cita. El corte de las rutas es el punto de partida del planteo de Morales Solá. Señala que en este sentido la Argentina es un «extraño país en el que la policía solo puede hacer dos cosas: mirar o matar». Luego expresa:
«Dos ejemplos de que se pueden sofocar las rebeldías sociales sin que la vida pierda su valor fueron las acciones de la Prefectura en Buquebús y de la Policía Federal frente a la violencia de Quebracho en la Capital. El Estado no puede permitir, en última instancia, que la violencia se resuelva con violencia. Esto es lo que estuvo a punto de suceder en Entre Ríos entre asambleístas y turistas que estaban lejos del sublevado litoral del río Uruguay. La inexplicable tensión con Uruguay no se puede resolver ya en un puñado de días. No obstante, un actitud menos confrontativa por parte del gobierno argentino, y cierto ejercicio de contención del Estado hacia los asambleístas, podría darle otro contexto al conflicto. Al revés, hubo días en que el puente de Colón estuvo cortado por 7 asambleístas que eran contemplados por 12 efectivos de la Gendarmería». *
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