"Un millón de familias"
Francis Temman – Washington, AFP
Varios líderes religiosos habían convocado a participar en la marcha, organizada en conjunto por la Iglesia de la Unificación, la secta del reverendo surcoreano Sun Myung Moon, incluidos obispos católicos, pastores bautistas, luteranos o evangelistas, sin olvidar imanes sunitas ni pastores budistas.
«Cuando uno tiene una gran civilización como Estados Unidos de América y que 50% de los que se casan se divorcian a los tres años, hay signos de un declive de la civilización», dijo el domingo Farrakhan en vísperas de la marcha.
Venidas desde los cuatro puntos del país, miles de personas se apoderaron, en un ambiente festivo y distendido, del National Mall, el largo paseo verde de cinco kilómetros que une el Lincoln Memorial con el Capitolio, sede del Congreso.
«Es un día memorable», exclamó Faloni, una abuela de Filadelfia rodeada de sus nueve nietos. «Usted sabe, la esclavitud separó a las familias negras. El objetivo ahora es unirlas», dice. Acampando en la hierba o deambulando en las calles, todos celebraron a Dios, Alá o Jehová, la familia y la unidad de las razas.
En su traje blanco de la Nación del Islam, rematado por un fez, Valerie Muhammad, una maestra negra de 29 años, viajó en bus desde Charleston (Carolina del Sur). «Vine para esta jornada histórica, para estar entre la multitud, en este gran movimiento para reconstruir la familia», dijo.
A mediodía la afluencia de personas sin embargo era menor a la que previeron los organizadores, que esperaban más de un millón de personas.
La jornada se inició con un llamado a la oración, musulmán y budista, luego con cantos gospels y pow-wow, danzas tradicionales de los indios de América.
Siguió con una ceremonia en la que Farrakhan bendijo a 10.000 parejas, que se querían casar o que deseaban renovar sus votos, al más puro estilo de las bodas masivas practicadas por la secta Moon.
La multitud siguió en 14 pantallas gigantes de televisión las intervenciones de los oradores, que se sucedieron en tres escenarios diferentes, para exaltar a Dios y la gran familia humana, y lanzar un llamado a «nuestros hermanos judíos», pedir gracia para el condenado a muerte Mumia Abu-Jamal, o incluso para saludar la memoria de Martin Luther King y Rosa Parks, la pionera de la lucha de los derechos civiles.
Impecables en traje y corbata, los miembros de «Frutos del Islam», la rama militar de la Nación del Islam, aseguraron el orden de manera discreta pero omnipresente.
Louis Farrakhan, que convocó el lunes a la «marcha de un millón de familias» en Washington, es uno de los personajes más controvertidos de la comunidad negra estadounidense, pero también un defensor intransigente de su dignidad.
A sus 67 años, con grandes gafas de carey, siempre vestido de traje y con impecable corbata, el líder de la Nación del Islam denuncia regularmente el declive de la institución familiar, pues casi 70% de los niños negros estadounidenses nacen fuera del matrimonio.
«Cuando uno tiene una gran civilización como Estados Unidos de América y que 50% de los que se casan se divorcian a los tres años, hay signos de un declive de la civilización», dijo el domingo, víspera de la marcha, organizada según él, para «volver a colocar a Dios al centro del matrimonio».
Al frente de la Nación del Islam desde hace un cuarto de siglo, Farrakhan ha levantado polémica a menudo por sus declaraciones exaltadas contra los blancos y los judíos y por su amistad con personajes como el coronel Kadhafi o el ex presidente sirio Hafez Al Assad, poco queridos en Estados Unidos. «Si mañana dijera que lamento haber dicho que hay un control judío sobre la inteligencia, los artistas y los atletas negros, mentiría», agregó el domingo en la cadena NBC.
Nacido como Louis Eugene Walcott el 11 de mayo de 1933 en New York, de padres que llegaron de Jamaica, pasó su infancia en Boston y aspiraba a convertirse en violinista.
En los años 50 inició una carrera de cantante de calipso y se reunió con Malcolm X, uno de los responsables de la Nación del Islam, que, al contrario del sueño de integración del movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King, predicó el separatismo, invitando a los negros a no pensar más que en ellos mismos y a superar su esclavismo.
Louis Walcott se convirtió así en Louis X y luego en Louis Farrakhan, asumiendo el liderazgo de la Nación del Islam en 1976. Sus miembros siguen una estricta disciplina de vida, sin alcohol, tabaco o droga, llevan corbata y traje.
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