Paz con Israel, pero sin Israel
La reciente reunión cumbre árabe en Ryad, Arabia Saudita, dedicada al relanzamiento del llamado plan de paz árabe para la paz con Israel fue vista con expectativa y entusiasmo por buena parte de la prensa y la opinión pública en el mundo.
Lo que hace que esta iniciativa sea considerada mucho más realista hoy que cuando fue lanzada por primera vez en 2002, es que actualmente se libra una lucha sorda aunque no declarada por el poder entre el Irán chiita y las naciones sunnitas del mundo árabe y que existe un temor generalizado al islamismo radical, cuya fuerza destructiva se evidencia en Irak. En opinión de muchos observadores, la monarquía saudita está convencida de que la persistencia del conflicto árabe-israelí es un factor decisivo para el crecimiento del radicalismo islámico por lo que considera que ya ha llegado el momento de encontrarle una solución de una vez por todas.
El plan saudita estipula el retiro total de Israel de los territorios árabes ocupados desde junio de 1967, la aceptación por parte de Israel de un estado palestino independiente con Jerusalén oriental como capital y el derecho de retorno de los refugiados árabes de 1948 a los que fueron sus hogares antes de la creación del estado de Israel. Asimismo reclama que Israel debe negociar acuerdos de paz que sean satisfactorios para Palestina, Siria y el Líbano. A cambio de todo esto, el plan árabe ofrece la total normalización de relaciones con Israel de parte de los 22 países árabes, e incluso arreglos de seguridad.
¿Hasta qué punto es éste un plan de paz o una iniciativa de relaciones públicas destinada a mejorar la imagen del mundo árabe en Occidente?
Si hubiera un cambio drástico de posición o si la apertura saudita fuera realmente «revolucionaria» como la llamó en un exceso retórico Ehud Olmert, los sauditas hubieran atendido a las dimensiones sicológicas del conflicto mediante una forma dramática de acercamiento al enemigo, al estilo Sadat. Podían haber votado el viaje del Secretario de la Liga Árabe o de otra personalidad árabe en representación de la conferencia de Ryad a Israel, podían haber invitado al primer ministro israelí a hacer uso de la palabra en Ryad dando una señal inequívoca de buena voluntad, o en términos más modestos podían haber invitado a un observador israelí o votado por dar instrucciones a la Liga Árabe para instrumentar el comienzo de negociaciones con el estado hebreo. Nada de esto siquiera se planteó. En cambio, la única periodista israelí presente en la conferencia, Orly Azoulay, de «Yediot Ajaronot», solo obtuvo la visa gracias a la intervención a último momento del secretario general de las Ban Ki Moon.
Una de las primeras reacciones de Israel a las propuestas de Ryad fue la obvia y evidente. El veterano viceprimer ministro Simón Peres formuló un llamado por la Radio de Israel: «Negociemos. Ustedes vendrán con sus posiciones y nosotros con las vuestras».
A esto replicó en conferencia de prensa el secretario general de la Liga Árabe Amr Moussa, según informa Dan Murphy, del «Christian Science Monitor» desde Ryad : » La respuesta de Israel es que quieren normalización y nada más… ellos piden que la posición árabe sea corregida. Decimos no. ¿ Porqué habríamos de hacerlo?»
Esta parece ser la posición oficial. Una semana después de la conferencia una fuente saudita dijo a la agencia Associated Press que Israel debe aceptar la iniciativa saudita «antes de que se considere la realización de cualquier encuentro». Es decir, no un diálogo sino la imposición de una solución sin negociaciones. Un pacifismo declarativo que en realidad encubre a un virtual ultimátum. Una fórmula aparatosa para llamar a la paz con Israel, pero sin Israel.
Un calificado analista, Yossi Alpher, ex asesor del primer ministro laborista israelí Ehud Barak y coeditor de un foro árabe-israelí en Internet llamado «Bitterlemons» escribe : «El plan tiene evidentes defectos al igual que el proceso lanzado en 2002. Su fórmula de compromiso para resolver el problema de los refugiados aún implica el apoyo a la ley del retorno (que fue reconfirmado explícitamente en cuatro resoluciones de la Liga Árabe). Su reclamo del retiro a las fronteras de 1967 ignora la resolución 242 de las Naciones Unidas así como compromisos que hace tiempo fueron celebrados por dirigentes palestinos e israelíes. Y se dirige a todos los países involucrados menos a Israel, por lo que da la impresión de ser un «diktat» y no una base para las negociaciones. Este aspecto en especial resulta particularmente chocante para los israelíes porque el plan fue adoptado por la Liga Arabe en marzo de 2002 coincidiendo con un atentado suicida en Natania particularmente traumático que la Liga Árabe ignoró por completo».
Lamentablemente en el debate en Israel sobre la iniciativa árabe parecen tener por ahora la razón a los más escépticos y pesimistas. Por ejemplo, parece difícilmente refutable este juicio de un editorial del «Jerusalem Post»: «En la cumbre árabe de Ryad, el secretario general de las Naciones Unidas, dijo: «La iniciativa árabe es uno de los pilares del proceso de paz. La iniciativa indica que los árabes piensan seriamente en lograr la paz. Bueno, no exactamente. No todavía.
«Los países árabes parecen tener la intención seria de parecer deseosos de lograr la paz. Si en cambio, los árabes tuvieran la intención seria de lograr la paz no propondrían un ultimátum, con amenazas de guerra si no es aceptado, algo que ningún gobierno israelí podría aceptar». *
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