Argentina: "Las tizas no se manchan de sangre"
El presidente Nestor Kirchner, en referencia al profesor de química Carlos Fuentealba, sostuvo: «Fue fusilado por pensar de una determinada forma y eso evidentemente no puede pasar otra vez en Argentina».
Fuentealba, de 40 años, murió luego de recibir una granada de gas lacrimógeno en la cabeza disparada por un policía en Neuquén (1.156 kilómetros al sur) el miércoles pasado.
El mandatario repudió la represión desatada contra los maestros que estaban cortando una ruta en demanda de aumentos salariales en la provincia que gobierna Jorge Sobisch, quien presentará su candidatura a presidente en los comicios de octubre por una agrupación de derecha.
«Siempre voy a apelar a la convivencia y prefiero que me digan que soy permisivo, pero que la gente se pueda expresar libremente», insistió Kirchner.
La huelga docente tuvo un alto acatamiento en todo el país y miles de personas se sumaron a las marchas de repudio.
«¡Nunca más!», se leía en un gran cartel al frente de una movilización de sindicatos y organizaciones sociales que copó el microcentro de Buenos Aires, en una de las mayores demostraciones en el gobierno de Kirchner, quien termina su mandato este año.
Los mitines en todo el país clamaron por la renuncia del gobernador Sobisch, pero éste ratificó sus planes.
«Mantengo mi candidatura a presidente.
Si tuviera que volver a dar la orden de represión, la daría por respeto a la Constitución», declaró a la TV Sobisch, quien justificó la acción policial en la cual maestros en huelga impedían el derecho a circular por las rutas.
Unos 350.000 educadores de la Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera) vaciaron las escuelas primarias, secundarias y universitarias, con una huelga de 24 horas.
«Las tizas no se manchan de sangre», «Basta de gatillo fácil», «Fuera Sobisch», «Si tocan a uno, nos tocan a todos», fueron algunas leyendas de los carteles y pancartas exhibidos en las manifestaciones.
La conmoción por la muerte del docente, muy querido por sus alumnos de un barrio humilde de Neuquén, logró unir por primera vez en seis años a las dos centrales obreras, la mayoritaria CGT (peronista) y la minoritaria CTA (centroizquierdista).
«A Carlos lo fusilaron», dijo Sandra Rodríguez, esposa de Fuentealba, en un acto que congregó a unas 20.000 personas en la capital de Neuquén, donde la oposición y los sindicatos reclaman el juicio político y la destitución del gobernador.
El lunes docentes neuquinos pintaron de negro en señal de luto puertas y ventanas de la gobernación, mientras cortaban rutas de la provincia, de unos 350.000 habitantes.
Los neuquinos viven mayoritariamente del empleo público, el turismo y la agricultura, pese a que el distrito es uno de los más ricos en petróleo y gas.
Masivas marchas de repudio a la represión recorrieron las principales ciudades como Rosario (centro-este), Córdoba (centro), Mendoza (oeste), Salta (norte), Jujuy (norte) y Mar del Plata (sur).
Pero en la provincia de Santa Cruz (sur), los docentes en huelga marcharon también en desafío a Kirchner, ex gobernador del distrito y a quien le reclaman un aumento de salarios.
En la capital argentina las columnas confluyeron sobre la Casa de Neuquén, donde el líder del sindicato docente, Hugo Yasky, dijo desde una tribuna que «Sobisch es el responsable intelectual del crimen y por tanto tiene que irse y pagar con la cárcel».
Sindicatos del transporte de Argentina paralizaron buses, trenes y subterráneos durante tres horas y los gremios judiciales cesaron la actividad en Tribunales.
Las centrales obreras argentinas están en plena negociación con las cámaras empresariales en reclamo de aumentos de sueldos de 20% a 35%, tras registrarse una inflación minorista acumulada de 22,1% en los dos últimos años.
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