Opinión internacional

La reunión de Manaos y el Plan Colombia

por Niko Schvarz

En el extremo noroeste del extenso estado de Amazonas se encuentra la famosa Cabeça de cachorro (cabeza de perro), zona muy sensible de la frontera entre Brasil y Colombia, en cuyo tramo inicial convergen ambos países con Venezuela.

Se había especulado que el Plan Colombia podría ser introducido de rondón al abordarse el punto «Amenazas no tradicionales», pero se irá derecho al grano.

Ministros de Defensa

Citando fuentes castrenses se informa ahora desde Brasilia que «los preocupantes alcances del Plan Colombia (con el vital aporte económico de Estados Unidos) dominarán la agenda de la IV Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas» con participación de 35 ministros y funcionarios de Defensa.

Se ignora a qué altura aterrizará William Cohen, retenido en Washington por el incidente del USS Cole y la situación del Oriente Medio. Sí se sabe que presionará para doblegar las renuencias latinoamericanas a un mayor compromiso con el Plan Colombia, y que por reuniones se entrevistará a esos efectos con FH Cardoso en Brasilia, De la Rúa en Buenos Aires y Lagos en Santiago.

Quien cantará presente desde la primera hora es Donnie Marshall, sustituto a partir del 2 de junio del general Barry McCaffrey en el comando de la DEA. Ya se reunió en Brasilia con el general Alberto Cardoso, director de la Agencia Nacional Antidrogas brasileña, para tratar del Plan Colombia. Sigue en el trillo de su antecesor, que recorrió varias capitales latinoamericanas con ese objetivo, en giras paralelas a las del jefe del Comando Sur, general Charles Wilhelm, quien llegó incluso a Montevideo.

Desventuras de Pastrana

Con su Plan Colombia en la maleta el presidente Andrés Pastrana visitó varios países de la Unión Europea, de los cuales no obtuvo más que vagas promesas a futuro. Después se concentró en América Latina. Estuvo la semana pasada en Santiago y Buenos Aires para tratar de remontar la tendencia adversa al Plan evidenciada en la reciente reunión de 12 países sudamericanos en Brasilia.

Brasil reiteró que se mantiene en esa tesitura, y que sus expectativas para el continente corren en dirección opuesta. El ministro de Defensa, general Gerardo Quintão, recordó antes de partir a Manaos que «los presidentes de los 12 países sudamericanos reafirmaron en Brasilia la decisión de no admitir la injerencia extranjera ni integrar una fuerza multinacional para las operaciones en Colombia». Dijo que «Brasil no participará en operaciones fuera de sus fronteras», porque sería «una acción intervencionista que la nación condena y Brasil sostiene la autodeterminación de los pueblos y no admite intervención en los asuntos internos de otro país». Defendió en tal sentido una solución política negociada entre la guerrilla y el gobierno colombianos.

Mutatis mutandi, esta situación se reprodujo en la Argentina. Oímos el 12 de octubre de labios del presidente De la Rúa la afirmación de que Argentina no participará en el Plan Colombia, que se atiene al principio de no intervención en los asuntos internos de otros países (como es el caso), que se trata de un problema político y no militar, susceptible de una solución negociada. Dicho lo cual deseó éxito a Pastrana.

La posición de Venezuela es aun más terminante, si cabe. El presidente Chávez reiteró ante emisarios yanquis su negativa a permitir el sobrevuelo de su territorio por aparatos que participan en el conflicto colombiano, y a toda forma de intervención externa. Lo reiteró en Montevideo al formalizarse el ingreso de Cuba a la Aladi. Ofreció a la vez su colaboración al diálogo de paz entre el gobierno y la guerrilla.

Diálogo de paz, relegado

Pero precisamente este diálogo de paz es relegado por Pastrana hasta las calendas griegas. Jugado exclusivamente al Plan Colombia (es decir, a los 1.300 millones de dólares de Estados Unidos, a los armamentos, asesores militares, helicópteros yanquis y a la activación de sus bases militares) ha usado pretextos inconsistentes (como el desvío de un avión al Caguán) para dilaciones indefinidas de las conversaciones, tras haberse comenzado a considerar la agenda de 12 puntos trabajosamente acordada por iniciativa de las FARC. Antes Pastrana pospuso otro mes entero el diálogo a pretexto del asesinato con collar-bomba, que derivó en otro fiasco al demostrarse que era obra de los paramilitares y no de la guerrilla. Ahora mismo el diálogo sigue empantanado, por exclusiva responsabilidad del gobierno.

Foto y canje Hace poco, unas secuencias filmadas a policías y militares prisioneros de las FARC, difundidos en Colombia y el mundo, se transformaron en un gran operativo de publicidad contra la guerrilla.

Esta autorizó a una delegación de madres a visitar a sus hijos y a los canales a filmar en la región selvática donde están retenidos los prisioneros de guerra. Su penosa situación no se diferencia mucho de la padecida por los presos hacinados en las cárceles colombianas (excepción hecha de los que transitan en celdas suntuosas, como los capos del narcotráfico, y los altos funcionarios y parlamentarios detenidos por corrupción).

Pero el episodio demuestra, en todo caso, la necesidad de proceder al canje de presos, militares y policías de un lado, guerrilleros de otro. Tal propuesta fue elevada por las FARC en las conversaciones con el gobierno y figura en la agenda de 12 puntos, proponiéndose resolverlo por ley. Pero Pastrana lo rechazó una y otra vez.

Mientras tanto, el ejército –a menudo con el respaldo de helicópteros artillados– sigue perpetrando crímenes contra la población civil, como el que lo marcó con un baldón indeleble al asesinar a seis escolares en Pueblo Rico. Los paramilitares masacran campesinos, como acabamos de verlo por TV, imputándoles simpatizar con la guerrilla. Se ha probado que las bandas paramilitares actúan en connivencia y mutuo respaldo con destacamentos del ejército, en particular con las Brigadas XI y XVII.

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