Un general, doctorado en la Universidad de Princeton, quiere ganar la guerra de Irak

El gurú de la contrainsurgencia

El general de cuatro estrellas, que por su edad no combatió en el sudeste asiático, recibió en 1987 un doctorado en la escuela de relaciones internacionales la Universidad de Princeton con una tesis titulada «Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y las lecciones de Vietnam». Un estudio académico que ahora está siendo releído, dentro y fuera de Washington, en busca de indicios de cómo puede evolucionar lo que se considera como el último esfuerzo del Pentágono para pacificar Irak, con el despliegue de unos de 21.500 efectivos más de refuerzo. Por lo menos en el espinoso terreno de las analogías históricas, la tesis de Petraeus no tiene desperdicio.

El general Peatraus se ha convertido el nuevo gurú de la guerra contra los insurgentes. No en vano, ha dedicado meses a escribir el nuevo manual de contrainsurgencia de Estados Unidos. La Biblia de guerra de Irak, sostiene Rafael Moreno Izquierdo, profesor del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid.

El texto del general, fruto de las lecciones aprendidas en los conflictos anteriores, afirma como filosofía básica que la primera equivocación en la lucha contra la insurgencia es pensar que el objetivo es matar al enemigo, en vez de asegurar la colaboración y la convivencia de la población. Petraeus es, en este sentido, una excepción. Mientras otros generales han buscado destrozar a los rebeldes por la fuerza, Petraeus defiende aislarlos ganando el corazón de la población local, explica el académico español.

 

Las doctrinas

Los magros resultados en la guerra en Irak ­que revivieron el fantasma de Vietnam- forzó al Ejército a resucitar un viejo manual militar de lucha contra la «insurgencia» y a archivar la doctrina del ex secretario de Defensa Rumsfeld, partidario de un Ejército más reducido apoyado en la tecnología.

A partir de la mala experiencia en Asia, las Fuerzas Armadas norteamericanas relegaron la contrainsurgencia al final de su lista de prioridades, razón por la cual en las más de dos décadas que transcurrieron entre dicha guerra y el inicio de la guerra contra el terrorismo, no se dio una revisión formal ni una actualización de la doctrina contrainsurgente. Hoy en día, cuatro años después de la invasión a Irak, este vacío doctrinal es reconocido como una de las grandes fallas de la campaña, ya que una doctrina adecuada pudo haber prevenido errores innecesarios, minimizado costos y, en términos más ambiciosos, pudo haber redundado en una situación diametralmente distinta a la actual. Ello llevó a un trabajo conjunto entre el US Army y el US Marine Corps, quienes recientemente publicaron el manual FM 3-24/MCWP 3-33.5, titulado «Counterinsurgency». El texto se enmarca en las guerras que enfrenta ese país en Irak y Afganistán. Sin embargo su utilidad no se limita a la inmediatez de la necesidad, pues al reconocer que los enfrentamientos convencionales no son probables, las guerras contrainsurgentes se proyectan como los enfrentamientos más comunes en los años venideros.

Cuatro años después de la invasión en Irak en 2003, la doctrina sobre cómo combatir a insurgentes, que tiene al general Petraeus como uno de sus principales autores, contradice numerosas tácticas empleadas hasta ahora por el ejército estadounidense.

La doctrina de Rumsfeld «está muerta», opinó Loren Thompson, experto del centro de análisis Lexington Institute.

«Incluso si el Ejército continúa cambiando, el concepto de Rumsfeld fue desacreditado por la experiencia en Irak», añadió.

«Lo que hemos entendido es que hay un límite en cuanto a lo que las tecnologías pueden hacer cuando se trata de enfrentar al enemigo», subrayó.

Determinado a poner en práctica su estrategia, Rumsfeld cometió el error, según sus detractores, de no haber enviado suficientes tropas a Irak tras el derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein.

Una vez que Rumsfeld salió del Pentágono, las tácticas de combatir la «insurrección», que habían quedado en el olvido tras el fin de la guerra de Vietnam hace más de treinta años, salieron a la luz.

El resurgimiento de este interés quedó plasmado tras la publicación en diciembre de una versión revisada del manual «contra la insurrección» del Ejército de Tierra y Cuerpo de Marines, realizada por Petraeus, a cargo actualmente de las tropas estadounidenses en Irak.

«La victoria final, en las operaciones contra la insurrección, se obtiene protegiendo a la población, no a las propias fuerzas. Si los soldados se quedan en sus bases, pierden el contacto con la población, dan la impresión de que están asustados y dejan la iniciativa en manos de los insurgentes», proclama el manual.

Este también anota que unos «25 soldados para mil habitantes es considerado como el mínimo requerido para operaciones antiguerrilleras», por lo que teniendo en cuenta los seis millones de habitantes de Bagdad, se hubieran necesitado unos 120.000 hombres desplegados tan sólo en esa ciudad y 500.000 en todo el país para ganar la guerra.

Bastante menos de los efectivos de los que dispone actualmente el general Petraeus -cerca de 140.000 soldados- en Irak. Ni siquiera quedará compensado con la decisión de enero pasado del presidente George W. Bush de enviar 21.500 tropas adicionales. De ellos, unos 17.500 serán desplegados en Bagdad, elevando a más de 35.000 el número de militares disponibles en la capital.

Las tácticas de luchar contra los insurgentes tampoco complacen a todo el mundo. A algunos generales por ejemplo les preocupa que el Ejército concurra masivamente a Irak, y que el país quede sin efectivos para enfrentar posibles amenazas como catástrofes naturales.

Un informe presentado al Congreso indicó que los miembros de la Guardia Nacional están tan solicitados para las guerras de Irak y Afganistán, que se contaría con muy pocos efectivos para contener una catástrofe.

Así fue que el actual secretario de Defensa estadounidense Robert Gates advirtió al Congreso de mayoría demócrata que el país debía estar preparado para enfrentar otras amenazas, por lo que quedaba justificado un aumento de efectivos en el Ejército.

«Necesitamos toda clase de militares. Necesitamos medios para conflictos de un Ejército contra otro, por que no sabemos que puede pasar en lugares como Rusia, China, Corea del Norte, Irán u otros países», dijo durante una audiencia en una comisión parlamentaria.

Para Thompson el verdadero problema no es sólo este, sino que el país aún tiene mucho que aprender.

«El verdadero problema no es no estamos preparados para enfrentar otra amenaza, sino que aún no sabemos como enfrentar la amenaza terrorista», subrayó.

 

Las lecciones del general

Según sostiene el general Petraeus en su tesis, «los militares de Estados Unidos pagaron caro Vietnam. Dejó a los líderes militares confundidos, consternados y desanimados. Pero lo peor es que devastó a las Fuerzas Armadas, robándoles dignidad, dinero y gente cualificada durante una década… Aunque las cicatrices físicas de la guerra pueden ser más profundas en el liderazgo del Ejército de Tierra y los marines, todos los oficiales generales de Estados Unidos comparten una similar reacción hacia la guerra de Vietnam, el deseo compartido de no repetir esa experiencia».

«Vietnam ­ explica en uno de los pasajes de su trabajo- fue un recordatorio extremadamente doloroso de que en lo referente a una intervención militar, el tiempo y la paciencia no son virtudes americanas en suministro abundante… Partiendo de que el tiempo es un factor crucial, suficiente fuerza debe utilizarse desde el comienzo para asegurar que el conflicto puede resolverse antes de que el pueblo americano retire su respaldo».

Al hablar de los insurgentes opina que «la guerra de Vietnam ha plantado en la mente de muchos militares dudas sobre la capacidad de las fuerzas de Estados Unidos para realizar con éxito misiones a gran escala de contrainsurgencia… Como dice un oficial,
nuestro Ejército de Tierra no tiene la mentalidad para operaciones de combate donde el terreno clave es la mente y no nos tomamos tiempo para entender la naturaleza de la sociedad en la que estamos luchando, el gobierno que estamos respaldando o el enemigo que estamos luchando».

«Aunque las Fuerzas Armadas de Estados Unidos aceptan enfáticamente la provisión constitucional de control civil sobre los militares, desde la era de Vietnam, permanecen reiteradas dudas sobre las capacidades y motivaciones de políticos y altos cargos. Vietnam fue un doloroso recordatorio para los militares que ellos, no los pasajeros ocupantes de puestos políticos, son los que generalmente asumen la carga más pesada durante un conflicto armado», sostiene el jefe militar en otro pasaje de su tesis.

«El empleo de fuerzas militares en el extranjero ­sostiene el general- debería comprender una serie de precondiciones. Señor presidente no envíe tropas a menos que: Usted tenga realmente que hacerlo, en cuyo caso, presumiblemente, vitales intereses de Estados Unidos estén en juego. Usted haya establecido claros y alcanzables objetivos militares para las Fuerzas Armadas, es decir algo más que confusas metas políticas. Usted facilite a los comandantes militares suficientes fuerzas y necesaria libertad para cumplir con la misión con prontitud, recuerde señor presidente, esto puede requerir la movilización de reservistas y quizá, incluso, una declaración formal de guerra. Usted pueda asegurar suficiente respaldo público para permitir cumplir con ese compromiso militar hasta su final», opina el general a cargo de las tropas de Estados Unidos en Irak.

 

«Combatir a los terroristas en su propio terreno»

Para la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, «la estrategia anti-insurgente del nuevo responsable jefe de las tropas estadounidenses en Irak, el general Petraeus, por la que tenemos las suficientes tropas para despejar una zona y mantenerla, para que pueda surgir el gobierno y la construcción, es la mejor de las estrategias. Y probablemente eso no se buscó desde el principio»

«El general Petraus, que dirige las tropas en Irak, dijo que probablemente no se sepa hasta antes del verano si hemos tenido éxito o si fracasamos» en aumentar el contingente de tropas estadounidenses en Irak para controlar la situación», sostuvo a la cadena ABC el secretario de Defensa, Gates.

«No se puede ganar una guerra contra insurgentes quedándose en los cuarteles. Los soldados deben salir y combatir a los terroristas en su propio terreno, aunque el resultado sea un mayor número de muertos y duras imágenes en la pequeña pantalla», concluye el profesor del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid y experto en temas militares.

Para el brigadier general británico Nigel Aylwin Foster, que analiza críticamente el accionar de los militares, las tácticas de los estadounidenses eran una muestra de «insensibilidad cultural» fronteriza en «racismo institucional».

Ahora se insta a los soldados a pedir permiso para entrar a las casas –siempre que no haya nadie disparando desde el interior– y a no disparar a menos que estén seguros de su blanco, según el nuevo manual.

Sin embargo, el Teniente General (RE) Jack Keane, ex vicejefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército al momento de la invasión, ha admitido que se siente culpable de que el Ejército no esté preparado para librar una guerra de contrainsurgencia en Irak, según explicó Ivan Eland, Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California.

Pero, el general Petraeus ­ poniendo en práctica su teoría- ha hecho varias visitas visibles a mercados públicos en Bagdad y otros sitios caminando sin casco, aunque detrás de una falange de guardias bien armados, y saludando a los transeúntes con frases sencillas en árabe.

«Las Fuerzas Armadas no serán capaces de poner fin a la situación. Y el diálogo político debería incluir a algunos grupos armados que se oponen al actual gobierno en Irak», afirmó convencido el general Petraeus, bajo la mirada de la sociedad estadounidense que reclama el fin de la guerra. *

 

«Inteligente» y «arrogante»

El general David Petraeus, de 54 años, es un militar con fama de intelectual y ambicioso, lo que ha llevado a algunos en el Ejército a apodarlo como el «Rey David». Relevó al general saliente, Georges Casey, que pasó a ser jefe del estado mayor del Ejército estadounidense.

Paracaidista, oriundo de Nueva York, adonde llegó su padre holandés tras la Segunda Guerra Mundial, está casado con la hija de un general del Ejército de Tierra y es un apasionado del deporte. Ha escapado de la muerte en dos ocasiones, la primera, al recibir un disparo de un soldado en el pecho por error, y la segunda, por una caída tras lanzarse en paracaídas.

Cumplió misiones en Haití, Kuwait y Bosnia, pero no entró en contacto con la guerra hasta el 2003, cuando fue destinado al norte de Irak con la División Aerotransportada 101, las llamadas Águilas chillonas. Rastreó sin tregua los bastiones de los ex responsables del Baaz, el partido de Saddam Hussein, y sus tropas dieron muerte a dos hijos del ex dictador, Uday y Qusay. Trató de ganarse el respeto de los iraquíes, al sumarse a proyectos de reconstrucción y a prestar asistencia médica a jefes tribales enfermos.

Tras su misión que finalizó en 2004, el general supervisó durante un año la recomposición del Ejército iraquí. «Increíblemente inteligente» para sus partidarios y «arrogante» para sus detractores, fue el encargado de redactar el manual que maneja hoy el Ejército contra la insurgencia en Irak.

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