25 años del desembarco militar en las islas Malvinas

La Justicia en la mira de Kirchner

Casación es el tribunal inmediatamente inferior a la Suprema Corte de Justicia. Debe definir sobre chicanas de abogados de los represores que dilatan los procesamientos y acerca de la vigencia o no de los indultos dictados por Calos Menem en 1989 y 1990 que favorecieron a los jerarcas de la dictadura. Es el gran tapón a la demanda de justicia.

La Cámara fue conformada al gusto de Menem cuando fue el primer empleado de este país. Su titular, Alfredo Bisordi, recibió en 2005 un apercibimiento del Consejo de la Magistratura (CM) por llamar «delincuente terrorista», una muletilla de la dictadura, a Graciela Daleo, una ex detenida de la Escuela Mecánica de la Armada y arrastra otras denuncias. En 1999, la DAIA, que nuclea a las organizaciones judeo-argentinas pidió su destitución ­junto con otros dos camaristas­ por actuar bajo motivaciones antisemitas y forzar un expediente para favorecer a tres skinheads. Inclusive, ya antes de asumir en Casación su nombramiento fue impugnado por la Asociación de Abogados de Buenos Aires, a cuyos miembros describió como «enemigos ideológicos míos porque tienen una posición ideológica de extrema izquierda». Como se ve, una alhaja.

Antes de las iras de Kirchner en el CM avanzaba una impugnación contra Bisordi y otros jueces realizada por 61 familiares y sobrevivientes de la dictadura por dilaciones intencionales en los juicios y cambios de criterio jurídico para favorecer a los imputados. En el Consejo el proceso ya avanzaba con celeridad por lo que no se puede leer la andanada presidencial el 24 de marzo desde lo que fue un campo de concentración en Córdoba durante los actos relativos al 31 aniversario del golpe de Estado, como un acto de ofuscación.

El CM no requería del fuerte peso político que tiene el Presidente para actuar. Contaba con el apoyo de los miembros radicales y otros y lograr los 2/3 para suspender a los cuatro jueces cuyo juicio político se demanda. Después del reclamo duro los radicales sintieron que podían hacer valer su actitud sumándose al coro de quienes suponen que el poder político se inmiscuye sobre el poder judicial, creándose un ominoso precedente.

La propia Suprema Corte de Justicia pidió «mesura» pero de hecho respaldó el procedimiento dentro del CM: Casación no tiene amigos. El máximo tribunal ha sido expurgado de lo que fuera la fuerza de tareas del ex presidente. Fue posible porque Kirchner, a poco de asumir, exigió sin mesura por TV que sus miembros se apartaran lo que desbrozó el juicio político contra casi todos sus miembros. Los relevos se realizaron por una nueva legislación que permite un fuerte debate sobre la idoneidad de los candidatos y así la actual Corte es no solo independiente sino que luce alta jerarquía intelectual.

Pero no hay colisión de poderes, a pesar que al kirchnerismo lo disgustó la actitud del máximo tribunal y pese a las afirmaciones de un sector de la derecha de que «la República está en peligro», lo que hoy por hoy, es otra desmesura.

No se entiende la bronca presidencial u oficialista que en todo caso reforzó la idea de la independencia de una Corte donde casi todos sus integrantes se designaron durante esta administración. Acaso Kirchner, en un año electoral, no solo reclama que se enjuicie a los violadores de los derechos humanos, una demanda generalizada para que haya justicia, sino que le permita generar vacantes en Casación que pueda cubrirlas dentro de un programa que está demorado en el Parlamento de una reforma de esa instancia judicial que abriría otra para los tribunales federales. La mayoría de sus titulares vienen de los tiempos del menemismo.

La oposición parlamentaria sospecha que la filípica presidencial contra Casación es además un mensaje intimidatorio contra los jueces federales que tienen en sus manos causas por corrupción o anormalidades que salpican a ministros del ejecutivo actual. Supone que el plan global de renovación de una justicia que tiene mala imagen en la opinión pública, es otro eslabón de un objetivo estratégico de poder.

Hay razones a favor y en contra de esa mirada. Cuando se cambió la composición de la Corte se temió por una de prosapia kirchnerista y la vida reveló que no fue así. Mayor batuque pasó en tiempos en que a instancias de la senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner se modificó la composición del Consejo de la Magistratura. El peso del oficialismo es más para impedir que para crear. Puede impedir que se reúnan 2/3 de votos para casos que no quiere que se aborden pero necesita de aliados, como ahora, para arribar a ese porcentaje insoslayable para abrir el trámite del juicio político No puede hacer lo que se le venga en ganas.

La «desmesura» permite, en tanto, avanzar en el objetivo inmediato, el enjuiciamiento de integrantes de Casación y además, crearle un nuevo enemigo al oficialismo, mediático sobre todo, útil en tiempos electorales. Por esos pagos no creen que el estilo confrontativo tenga costos políticos, sobre todo en un distrito como el porteño donde el 3 de junio se renueva a sus gobernantes. Hay que ver: por ahora el candidato del Presidente, puede estar más cerca de no llegar al balotaje probable que ser quien lidie con el favorito, el empresario Mauricio Macri, la esperanza blanca de la derecha. El que podría llegar a ese momento es Jorge Telerman, el actual alcalde que borda alianzas fuertes. Pero debe impedir que los compromisos lo alejen más que hoy del Presidente.

Mañana se cumplen 25 años del desembarco de tropas argentinas en las islas Malvinas, bajo control inglés desde 1833. La acción promovida por una dictadura en decadencia que ya había cumplido su misión de colocar al país en la división intencional del trabajo monopolista y asesinar a miles de militantes, especialmente quienes integraron organizaciones armadas o colaboraron con ellas, sin juicio, aún el más cruel previsto por el camino a ser derribado Código de Justicia Militar que prevé la pena de muerte.

Esa huida hacia el abismo por parte de la Junta que encabezaba el general Leopoldo Galtieri sacudió a la mayoría de la sociedad que siente que las islas son parte del territorio nacional (lo es constitucionalmente desde 1994) e inopinadamente los militares se encontrarón con apoyo en tiempos de rupturas de los miedos, de ascenso de las luchas antidictatoriales. Pero, ya se sabe, la aventura acabó mal el 14 de junio de 1982 y a la postre la derrota ante el inglés fortaleció a la primer ministro británica, M.Thatcher y alumbro el camino al regreso a las instituciones constitucionales.

Kirchner ha colocado la cuestión Malvinas en el primer lugar de su política externa pero sin un atisbo de sospecha de que su recuperación se haga por la fuerza. Como acto político se decidió anular un acuerdo con el Reino Unido, que Menem firmó en 1995, por el cual Argentina no perturbaría los convenios petroleros de los kelpers. Ahora ninguna empresa que participe de la búsqueda de hidrocarburos en el Atlántico Sur con permisos malvinenses, podrá trabajar en el país. Solo la anglo-holandesa Shell estaría en esa situación.

La medida es más que nada una señal dirigida a Londres para que se siente a negociar si quiere hacer negocios. No es lo que parece que pueda ocurrir en poco tiempo. ¿A largo plazo? Acaso cuando la economía y la ley den a los kelpers seguridades que pueden seguir con sus costumbres y su lengua y ser, a la vez, argentinos. Falta mucho para una Argentina así. *

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