La candidata socialista no quiere dejar la identidad nacional en manos de sus rivales derechistas

Batalla por los símbolos patrios

Sègolène Royal no quiere dejar la identidad nacional sólo en las manos de sus rivales Nicolás Sarkozy, candidato de centro derecha y Jean Marie Le Pen por la extrema derecha. La candidata socialista en su último mitin exhortó a los franceses a apropiarse de los símbolos patrios y recordó que la bandera tricolor (blanco, azul y rojo) es de todo el pueblo francés y propone que cada familia francesa tenga una bandera en su casa y la haga flamear el día de la fiesta nacional, el 14 de julio. Entonar La Marseillaise también es un gesto que los franceses deberían asumir cuando sea necesario. Criticó a los deportistas de no entonar La Marseillaise por la violencia que hay en sus palabras. Esas palabras son interpretadas por muchos deportistas como palabras xenófobas, agregó. La candidata se amparó en dos símbolos de la nación, suscitando la incomprensión en la izquierda de la izquierda. La extrema izquierda juzga esta diversión peligrosa e irresponsable.

El Partido Comunista se pregunta si es compatible el discurso moderno sobre la democracia participativa que tiene la candidata y sacar las banderas en el siglo XXI.

La candidata socialista retoma un tema abandonado por la izquierda y explotado a ultranza por la extrema derecha.

La reivindicación de valores patrióticos es el caballo de batalla de Nicolás Sarkozy y de Jean Marie le Pen en la actual campaña presidencial. Nicolás Sarkozy si es electo presidente de la República prometió crear un ministerio de la identidad nacional y de la inmigración. El voto popular es muy codiciado por los diferentes candidatos de derecha como de izquierda. El Partido Socialista quiere evitar lo sucedido en abril de 2002 cuando el candidato socialista fue derrotado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales por Jean Marie Le Pen, candidato de extrema derecha.

El recuerdo más cercano son los resultados de las elecciones europeas en mayo de 2005, en las que el voto popular se manifestó en una gran mayoría por el «no» al proyecto de constitución europea.

Hoy los candidatos sienten la necesidad consolidar el papel del Estado. Los socialistas moderados piensan que no se puede dejar la «nación» a la derecha y a la extrema derecha. Para el diputado socialista Jean Glavany «la nación» es la expresión de un pasado común y sobre todo la voluntad de vivir juntos. Pero la nación no es el nacionalismo afirmó».

Las elites piensan que las clases populares necesitan de la nación, declara otro diputado socialista, pero en definitiva lo que necesitan es más social, declaró.

Para la derecha y la extrema derecha lo que busca la candidata socialista es la recuperación del voto popular, durante mucho tiempo abandonado por la izquierda. Segolene Royal no quiere que se creen amalgamas con sus declaraciones. Ella no hace ninguna confusión entre la nación francesa por la cual los franceses deben estar orgullosos de pertenecer, y el nacionalismo. La derecha y la izquierda no ponen el mismo contenido en la nación identidad.

Para ella es importante que la izquierda reconquiste el himno nacional. Ese discurso sería chocante si todo se limitara únicamente a eso. Hay que tener en cuenta que el proyecto socialista tiene 100 proposiciones. El problema social es central, pero también lo es la identidad, a causa de la globalización, explica la candidata.

Para Segolene Royal «ser francés es pertenecer a la nación que tiene como lema: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Es pertenecer a un pueblo rebelde contra las injusticias y las tiranías, un pueblo que ha osado votar la libertad del mundo. Un pueblo que siempre ha mirado la universalidad. Estar orgulloso de las páginas luminosas de la historia de su país, pero ser capaz de tener una mirada sosegada hacia las páginas oscuras».

Nicolás Sarkozy define de la siguiente manera: «Ser francés es una responsabilidad. Ser francés es un honor, es una chance, es un orgullo. Es recibir una herencia, un idioma de una riqueza inaudita que ha dado nacimiento a una inmensa literatura. Es pertenecer a una comunidad de hombres y mujeres cuyos lazos no son étnicos, ni geográficos, pero que comparten en común valores, una cierta idea del hombre, de la democracia, de la nación».

Para el candidato de extrema derecha ser francés es «una maravillosa herencia». Jean Marie le Pen se siente doblemente francés porque es pupilo de nación. Se siente con más deberes. Es un enamorado de Francia. Ser francés es tener acceso a la maravillosa herencia que ganan todos aquellos que salen del vientre de la madre cuando son franceses de origen o cuando adquieren la nacionalidad. Son herederos de un patrimonio extraordinario, artístico literario, poético, científico. Todo esto ha creado el derecho a la preferencia nacional. Todos tienen derecho a esta preferencia nacional puesto que benefician de este tesoro que deben transmitir a la generación siguiente. (En Francia un pupilo de la nación es un huérfano que se beneficia de una tutela particular del estado. Son pupilos todos aquellos que han perdido sus padres por la patria». El candidato de la extrema derecha Jean Marie Le Pen denunció la hipocresía electoral de la candidata socialista: «Un pasaporte o una cédula de identidad nunca hicieron una nacionalidad y una bandera nunca hizo a un patriota, declaró contento de esta iniciativa que finalmente su temática la siguen los grandes candidatos..

En su último libro (El Alma de Francia- L’Ame de la France) el historiador Max Gallo recuerda sobre qué fundaciones fue construida Francia, tierra de inmigración, tierra de mestizaje, tierra de re-encuentros, donde prevale el «derecho del suelo». Para el historiador ser francés es tener una relación particular con las instituciones del país. Max Gallo considera que ser Francés es pensar que Francia puede todavía jugar un rol específico en el mundo.

Sin embargo no considera que sea pertenecer a una raza porque en Francia prevalece el derecho del suelo y no de sangre. No es pertenecer a una religión porque Francia es un país laico. No es pertenecer a un sistema social con jerarquías establecidas, puesto que Francia es un país de igualdad aunque sea muy a menudo formal. Ser francés es hablar el idioma, puesto que el idioma estructura el pensamiento. *

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