Bendición a la violencia doméstica
Una jueza de la ciudad de Frankfurt, Christa Datz Winter, causó recientemente un escándalo judicial que conmovió a la sociedad alemana al negarle el divorcio a una mujer que había sido reiteradamente golpeada y amenazada de muerte por su marido. La magistrada fundamentó su decisión en el hecho de que ambos cónyuges son oriundos de Marruecos y profesan la religión musulmana. Invocando el sura 4;34 del Corán, la funcionaria judicial rechazó el pedido de la abogada de la mujer golpeada para concederle un divorcio rápido y no obligarla a esperar el año de espera fijado por la ley alemana para casos comunes de desavenencias conyugales.
La abogada de la mujer golpeada, Barbara Becker-Rojzyk, dio a conocer la decisión de la magistrada a la revista «Der Spiegel», la más difundida de Alemania, tras lo cual se produjo una tormenta en la opinión pública. La corte de Frankfurt se vio obligada a retirar del caso a la jueza autora del polémico fallo, el que aparentemente será definido en mayo.
Expresando una opinión generalizada, escribió Christian Geyer en el «Frankfurter Allgemeine Zeitung» : «¿Dónde se equivocó la jueza? Las respuestas son obvias: la libertad religiosa debe ser defendida pero no de manera ilimitada. Allí donde son violados los derechos humanos, no tiene valor la invocación a las diferencias culturales. La violencia nunca puede justificarse en base a la interpretación de textos religiosos.»
Si hubo una rápida reacción de la prensa, no menos diligentes fueron los políticos. El diputado socialdemócrata Dieter Wieflspütz declaró a «Der Spiegel»: «Tiene que haber consecuencias. Este es un caso que requiere supervisión judicial y debe ser investigado a fondo.»
El líder de la fracción parlamentario de los cristianos demócratas, Wolfgang Bosbach, concordó con este punto de vista: «Este es un triste ejemplo de cómo la concepción de la ley de otro marco legal y cultural es adoptada como nuestro concepto de ley».
La ministra de Justicia, Brigitte Zypries, consideró que la decisión de la jueza de Frankfurt fue una excepción. «Muchas veces hay fallos que nos parecen totalmente incomprensibles», dijo en una audición radial. Esta opinión fue discutida por la activista de los derechos femeninos de Berlín Seyran Ates: «Desde hace muchos años venimos observando que el sistema judicial tiene problemas para aplicar el derecho alemán a musulmanes».
Un artículo de Freia Peters y Heike Wowinke en «Der Spiegel» Online el 24 de marzo cita casos concretos: «En 1999 tres miembros de la organización kurda extremista PKK estrangularon y mataron a la joven Ayse, de 18 años, y a su novio, Serif, de 23 años. Ambos jóvenes habían ido a vivir juntos contra los deseos de sus padres. El juzgado de familia de Bremen falló dos años más tarde que los acusados habían actuado en base a su formación cultural, por lo cual cambiaron la causa de «asesinato» por «violencia desmedida».
Con argumentaciones parecidas fueron mitigadas las penas del libanés Ahmed M., que violó, golpeó y estranguló a su mujer; un joven pastor de 22 años de Anatolia que asesinó a su mujer de 48 puñaladas y el kurdo Ziya D., que mató a tiros a su mujer en un arranque de celos. Más tarde, los veredictos judiciales fueron corregidos por tribunales superiores, pero la tendencia a la lenidad tiende a prevalecer en la Justicia alemana. Honrad Freiberg, presidente del sindicato policial, exhortó a los jueces a no tener en cuenta las diferencias culturales como justificación para imponer penas más leves.
Dice la escritora turco alemana Serap Cileli, citada por el diario «Die Welt»: «La Justicia es el espejo de la sociedad, y la sociedad alemana aceptó la posición subordinada de las niñas y las mujeres en el Islam. Hay muchos ejemplos. Por ejemplo, padres musulmanes pueden impedir que sus hijas hagan deportes o aprendan natación, ya que estas actividades se realizan con vestimentas que no son consideradas adecuadas por el Corán. En Alemania, aunque no es legal, se tolera la poligamia.»
Mucho más tajante aún fue Mina Ahadi, de 50 años, de origen iraní, que recientemente formó un «Consejo de ex musulmanes» en Alemania. Para ella, no hay justificación posible para que se acepten violaciones de los derechos humanos en nombre de la tolerancia con el Islam. Ahadi, que ha sido colocada bajo protección policial después de haber recibido amenazas de muerte, comprobó en carne propia que abandonar el Islam no es sencillo, ni siquiera en Alemania. Después de todo, en países como Irán, Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, Sudán y Mauritania es un crimen que debe ser castigado con la pena de muerte.
A juicio de Abadi, entrevistada por «Der Spiegel», las organizaciones que representan al Islam oficial en Alemania quieren forzar a las mujeres a usar el velo y promueven un clima en el que las mujeres no pueden verse libremente con sus amigos o sus novios. Sostiene que no la representan ni a ella como humanista secular y defensora de los derechos humanos ni a mucha gente que ansía vivir libremente. Interrogada sobre si su posición no endurecería su enfrentamiento con el «establishment» musulmán en Alemania, dijo: «No creo que sea posible modernizar el Islam. Queremos crear un contrapeso a las instituciones musulmanas». *
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