Arafat y Barak frente a frente
Jerusalén, ANSA
El presidente egipcio, Hosni Mubarak, invitó al encuentro al español Javier Solana, en su calidad de alto representante para la política exterior y de seguridad de la Unión Europea. También estará presente el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
El presidente estadounidense, Bill Clinton, participará en la cumbre, pero su consenso fue con un tono preocupado y muy poco optimista.
También la población palestina mira con escepticismo a la cumbre del lunes, convocada por Annan para poner fin a la escalada de violencia en Israel y en los Territorios Autónomos.
En varias localidades de los Territorios aparecieron escritos en las paredes contra la cumbre. En Rafah, en la Franja de Gaza, centenares de manifestantes gritaron consignas contrarias a la reanudación del diálogo con Israel.
En Hebrón, durante los funerales de un joven muerto el viernes por la noche a manos del ejército israelí, los participantes invitaron a Arafat a «no ceder ante las presiones estadounidenses» y, en cambio, ponerse a la cabeza «de la revuelta contra la ocupación».
«La rabia popular es aún muy fuerte», dijo a ANSA Hanan Ashrawi, conocida vocero palestina. «Estamos aún muy shockeados por la fuerza que Israel está usando para reprimir la revuelta», agregó. «No es fácil para nuestra gente aceptar la idea de una cumbre con el premier Barak, que hace dos días envió sus helicópteros a bombardear nuestra ciudad», afirmó Ashrawi.
Arafat, refirieron algunos de sus estrechos colaboradores, es consciente de la oposición popular a la cumbre en Egipto, pero «tiene firmes intenciones de buscar todos los caminos posibles para evitar ulteriores sufrimientos a su gente».
En un comunicado difundido ayer por la tarde y destinado a tranquilizar a la población de los Territorios, la ANP afirma que en la cumbre los palestinos pedirán la constitución de una comisión de investigación internacional sobre los choques en curso desde el 28 de setiembre en Cisjordania y Gaza, prevista en una reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.
Israel, dice luego el comunicado, debe interrumpir la presión militar sobre las ciudades palestinas y permitir el ingreso en las áreas autónomas de alimentos y medicamentos para la población civil.
Por su parte, el movimiento integrista Hamas insistió ayer en la necesidad de proseguir la Intifada contra el pueblo judío.
El conflicto israelí-palestino parece abandonar, por ahora, el terreno de los enfrentamientos para pasar al diplomático.
A pesar del ascenso de los directos interesados no resulta claro aún si éstos van a la cumbre con los mismos objetivos.
Para Israel el fin debe ser la conclusión de la violencia, mientras que para los palestinos parece tener objetivos políticos más amplios y esperan poder ejercer presiones internacionales para obligar al estado judío a efectuar concesiones políticas en el proceso de paz.
El secretario de la ONU dijo que uno de los objetivos de la cumbre será «el de hacer permanente el alto el fuego».
El ministro de la programación de la ANP, Nabil Shaat, indicó que del lado palestino se espera ahora un cese del fuego incondicional de Israel y la conclusión del cerco militar a las ciudades palestinas.
Israel, por su parte, dijo que consideraba positivo «el hecho de que Arafat haya renunciado a plantear condiciones preliminares y ahora esté listo para ir a la cumbre».
Un vocero gubernamental, al confirmar la aceptación del premier Barak a participar en la reunión, agregó que para Israel uno de los objetivos de este foro será «que se ponga fin a la violencia y las medidas que esto impone en consecuencia».
Israel, se da a entender al respecto, espera que la ANP encarcele nuevamente a todos los activistas de los movimientos radicales islámicos que habían sido liberados días pasados y que el estado judío acusa de terrorismo.
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