Inmigrantes esperan comicios
Miami, EEUU, AFP
El candidato demócrata Al Gore y el republicano George W. Bush han optado por la vaguedad y el perfil bajo en el asunto, «peligroso para ambos» opina el analista Sergio Bendixen, de la empresa de encuestas Hispanic Trends. Sólo un 13% de la población estadounidense está a favor de que se aumente el número de inmigrantes en el país, según una encuesta efectuada por la empresa Gallup en setiembre.
«Es peligroso para Bush, porque la base republicana es anti-inmigrante, y es peligroso para Gore porque los inmigrantes votan por el Partido Demócrata, pero él prefiere no darle demasiada publicidad a ello», explica Bendixen. Cubanos y mexicanos, por obvias razones geográficas, constituyen el contingente de inmigrantes más complejo.
Los primeros (1,36 millones de inmigrantes y cubano-americanos en Estados Unidos, según el censo), en su gran mayoría exiliados anticastristas con familiares en la isla, han criticado con dureza la política de «pies mojados, pies secos» practicada por el gobierno: acoger a los balseros que llegan desde Cuba a tierra estadounidense, pero repatriar a los interceptados en el mar.
Ni Bush ni Gore han expresado la intención de modificar esta política, aplicada desde los acuerdos migratorios suscritos por Washington y La Habana en 1994 y 1995. Hasta entonces, Estados Unidos recibía automáticamente a todos los balseros cubanos.
Por su lado, los mexicanos y mexicano-americanos forman la comunidad latina más numerosa de Estados Unidos: casi 21 millones de personas (3 millones de ilegales), las dos terceras partes del total de la población hispana o de origen hispano del país.
Casi 400 mexicanos han muerto este año –ahogados, deshidratados o congelados– intentando cruzar ilegalmente la extensa frontera con Estados Unidos, según fuentes oficiales mexicanas. La reciente propuesta del presidente electo, Vicente Fox, de «fronteras abiertas» entre los dos países, como ocurre entre Canadá y Estados Unidos, fue circunspectamente recibida por Bush y Gore.
«No podemos tener abiertas las fronteras en este momento y no estoy seguro de que alguna vez podamos abrir las fronteras», afirmó Bush en declaraciones a la televisión norteamericana ABC. «No estoy a favor de abrir totalmente las puertas, y que cualquiera que quiera venir a Estados Unidos sea automáticamente admitido», dijo Gore, por su parte. La estricta política fronteriza de Estados Unidos, sobre todo hacia el sur, no ha impedido que en el país existan, según diversos cálculos, entre 4 y 6 millones de ilegales de todo el mundo, aunque mayoritariamente hispanos.
Ante la elección presidencial del 7 de noviembre, las diferentes comunidades de inmigrantes se han movilizado en favor de una amnistía para indocumentados y por la reunificación de las familias. «Muchos nacionalizados o residentes tenemos a familiares en situación ilegal, o que se han quedado en nuestros países de origen», reiteran esas asociaciones sudamericanas, haitianas o centroamericanas, muy numerosas en Miami (Florida). Bush apoya la inmigración legal, se afirma en el sitio Internet del gobernador de Texas. El de Gore, más extenso, defiende la adopción de «propuestas para la reunificación de familias» y aboga por que se extienda a haitianos y centroamericanos el trato migratorio de favor que reciben ciertos cubanos y nicaragüenses.
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