Tiempos de reestructuración
por Isidro Gilbert – corresponsal en Argentina
Ahora crece la sensación de que en lugar de festejar el gobierno simplemente diez meses de mandato, parece el tiempo que faltaría para cumplirlo. Estaba escrito: la fantasía desborda la realidad y se comienza a pensar amargamente que «así no llega» al 2003.
Parece obvio que el presidente sintió la necesidad de diferenciarse frente a los reclamos públicos de Carlos «Chacho» Alvarez clamando por una oxigenación del gabinete nacional para emitir señales claras para enfrentar lo que se supone ocurrió en el Senado Nacional.
Cuando hace un año la Alianza triunfó en las presidenciales, hubo consenso en destacar que fue la coalición la que había ganado, a pesar de la excelente imagen pública del candidato. De la Rúa mismo enfatizó que el binomio era el autor del suceso y con esta visión formó, en consulta con su copiloto, el primer gabinete para enfrentar la herencia menemista.
En los últimos meses se instaló en un sector radical la discusión sobre si había ganado De la Rúa o la Alianza, diferenciación no pequeña, porque al concluir en la primera de las versiones se marchaba directamente a un gabinete con hegemonía, no del radicalismo, que como partido extrae conclusiones amplias sobre lo que pasa, sino del delarruismo, corriente con escasas raíces en la UCR.
Casi ninguna de las personas que integran el entorno presidencial puede escapar al calificativo de torpe. Es saludable que los políticos expertos se rodeen de nuevas figuras, y si son jóvenes brillantes mejor. Pero ni el jefe de los espías puede ser enrolado en la primera categoría, ni Antonio de la Rúa, el hijo mayor, sigue las huellas de John Kennedy o Regis Debray, que a poco de pasar los 20 años deslumbraban por su talento.
Con todo, la lectura sería parcial si únicamente se pensó en los cambios para exhibir al Presidente no supeditado a Chacho. En la prejuiciosa mirada de la realidad que tiene Fernando de Santibañes, la presencia de Alvarez y del Frepaso en el gobierno, o de radicales «demasiado progresistas» por caso, Federico Storani, constituían un escollo para atraer inversiones porque los «mercados» no confían.
¿Qué piensan en Wall Street?
Un economista del fuste de Guillermo Calvo lo dijo en más de una oportunidad en lugares sensibles que tienen vínculos muy fuertes con Santibañes y éste, aunque niegue aptitudes para la intriga, procedió según sus convicciones. Si salía bien la operación, los otros pasos iban a dirigirse a cabezas del radicalismo más popular. «Los financistas son insaciables», dice un asesor presidencial desvinculado del operativo, y que escuchó en Canadá el reproche de Calvo.
El motor real de lo que ocurre tiene como sustento la realidad social y el estancamiento económico. La consultora Econométrica proyecta con los datos oficiales un crecimiento del PBI para este año del 0,4% y para 2001, de 2,4%, lejos uno y otro de las previsiones del equipo económico. Estos resultados confirman las hipótesis recesivas que otros indicadores venían exhibiendo en la primera mitad de 2000. No solo hay preocupación por lo que ya pasó sino también por el devenir. Ahora con un presidente y una coalición debilitada, las perspectivas pueden ser peores para amortiguar el desempleo y desarmar la conflictividad social.
De la Rúa busca mostrarse confiado: ni la economía está tan mal, ni hay sacudón institucional; solamente remezones de la política, habituales entre diferentes de una coalición. Y la sociedad está expectante, no inquieta ni contestataria. Pero la vida no es color de rosa.
De hecho, la renuncia de Alvarez obligó al presidente a aceptar sus reclamos. La designación de Alberto Flamarique duró menos que la luz de un fósforo; debieron salir del primer plano el senador José Genoud y Enrique Nosiglia y sólo faltaría Santibañes. El titular de la SIDE dice tener un compromiso en el cargo que aceptó como apostolado de 18 meses, y que sólo el presidente debe decidir cuándo se irá. Pero no es casual que haya irrumpido en su auxilio el poderoso banco Goldman Sachs al sostener que la salida de Santibañes sería «una mala señal para los mercados».
Hay que colocar las cosas en su lugar. Santibañes es en Wall Street su hombre en el gobierno argentino, pero no todos los operadores con intereses en la Argentina piensan que su salida es una maldición. Creen en Machinea y si algo temen es la eventual influencia de Raúl Alfonsín sobre De la Rúa.
La salida de Santibañes
Como van las cosas, el futuro del jefe de la SIDE es su casa. Pero no por eso dejará de ser amigo y consejero del presidente. Ahora se juegan solamente simbolismos. De la Rúa le explicó a Alvarez que necesita tiempo y el ex vicepresidente se los respetará. Pero mientras llega el día D, ningún miembro del Frepaso ingresará al gabinete para restablecer la imagen de que la Alianza sigue, después de este período de «reestructuración».
Es probable que el personaje de marras ya no estaría, si Alfonsín no hubiera instalado su vieja obsesión contraria a la ley de convertibilidad. Aunque aclaró que no postulaba salir del sistema, «si se unían las declaraciones con la renuncia de Santibañes, la señal al exterior hubiera sido mala», reflexionaron en el oficialismo. Pero atención: el líder radical recoge sentimientos de los sectores productivos sobre el corset que significa la ley Cavallo. ¿Cómo superar la encerrona?: con más productividad, proclaman en economía.
Alfonsín y Alvarez intercambiaron sus temores sobre un salto al vacío y convinieron hacer lo posible para no crear imagen de un De la Rúa sometido a la dupla, como maliciosamente comentan en la oposición y mantendrán todo en stand by hasta que la SIDE cambie de manos. Ante el ministro del Interior, Storani, se cuenta, el presidente abrió su corazón y confesó los errores cometidos en la reorganización ministerial. El ministro del Interior se creyó con poder para pedir la dimisión públicamente y le costó un sermón. ¿Puede recrearse la Alianza después del daño que ha sufrido? Es una tarea titánica. Alfonsín ha ofrecido al jefe del Frepaso la titularidad de una mesa de la Alianza que no será diluida con demasiadas representaciones como piden por su lado partidos de la Confederación frentista y con la intención de recuperar al Partido Socialista Democrático, fresco disidente. El ex presidente acepta que será segundo de esta etapa. Aunque Alfonsín comenta que recibió el sí de Alvarez para la propuesta, no debería darla por segura. «Es que Chacho no está para esta tarea, tiene que tener manos (y voz) libres, creen en su entorno». En las filas del ex presidente explican las dilaciones en las presiones rupturistas que recibe Chacho de «sectores marginales» de sus filas. En realidad Alvarez ha alineado a los suyos casi sin fisuras, pese a que su dimisión no ha sido considerada un acierto por hombres como Aníbal Ibarra o Darío Alessandro, el más leal de sus seguidores. Ibarra previó la catástrofe cuando pidió al binomio una conversación franca, diferenciación con Chacho que alentó a personas del entorno del presidente a emprender una frustrada operación de captación.
Colisión de dos proyectos
Es un ejercicio de ciencia ficción imaginarse qué hubiera ocurrido si Chacho le hubiera rechazado de plano al presidente la integración del nuevo gabinete antes que éste lo difundiera. Pero es el reproche que en la intimidad le hacen sus fieles amigos. Tampoco creen que pueda perdurar dirigir la política desde el café Varela-Varelita; que al menos el Frente Grande debe darse alguna organicidad para que juegue un papel más efectivo c
omo correa de transmisión, idea que fue discutida por el bloque del Frepaso «y Chacho la apoyó pero no indica cómo hacerlo», dicen.
La Alianza tiene dos baluartes, las comunas porteña y rosarina, donde exhibir que un gobierno de coalición es posible. Algunos colaboradores de Ibarra confiesan sus temores de que si es cierto que el objetivo del «relanzamiento» era desprenderse del frentismo, sufrirán embates muy fuertes para que no cunda el buen ejemplo.
En definitiva se observa un tour de force entre dos proyectos diferentes, el conservador y el renovador progresista, que permitió el surgimiento de la Alianza como réplica al menemismo. Por momentos esas opciones no aparecen totalmente diferenciadas y todo parece una mera lucha por espacios de poder. Un intento de reflotamiento del gobierno no transcurre únicamente por la recreación de la Alianza como fuerza política. Está pendiente modificar el sistema de la toma de decisiones a todas luces ineficaces, dicen en el radicalismo.
La animosidad contra Chacho que en algún momento senadores radicales transmitieron a la UCR, hoy gira peligrosamente en los corrillos contra el presidente, a quien no lo entienden en su tozudez de mantener al jefe de los espías en su cargo, pese a los reclamos de dos de sus ministros, de Interior y de Justicia, de su partido, de todos los legisladores de la coalición.
¿Moderno Rasputín, émulo de Vladimir Montesinos o última rattio de un proyecto de restauración conservadora que sueña con una coalición de todos los sectores englobados en esa concepción? Esta última definición no es contradictoria con otras. Hay quienes aconsejan no darle tanta entidad al hombre. Pero es un tapón que impide oxigenar al gobierno, sacarlo de su sopor, ponerlo en movimiento, ampliar sus bases de sustentación.
Las penurias de la Alianza ofrecen al peronismo el camino para el retorno. Los gobernadores están más juntos que en el pasado y Carlos Menem teje otras operaciones. Todos saben que Alvarez esta sólido en la calle y que en comunas del gran Buenos Aires gobernadas por el peronismo se siente una fuerte corriente de simpatías hacia el perturbador de la siesta argentina.
El liderazgo justicialista, aun en su objetiva diversidad, no ama a Chacho, aunque personas como Eduardo Duhalde imaginan compartir lo que surge como fuerza transversalizada, con afluentes de los partidos históricos y de las organizaciones sociales. Por ahora, hay más imaginación que eficacia: si algo se ha quebrado para la Alianza, y a Chacho le cabe las generales de la ley, es la alianza social que le insufló vida antes que la coalición política diera a luz. Mientras no haya trabajo, serán en vanos los intentos de recrearla.
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