"Las pandillas son chivos expiatorios", señaló un estudio
Un estudio realizado por analistas de México, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Colombia y Estados Unidos afirma que las maras (pandillas) han sido utilizadas en varios países como chivos expiatorios por las autoridades, que les han atribuido todos los males de la sociedad, forzándoles a reorganizarse y agravando el problema, según un estudio internacional presentado la semana pasada en México, informó AFP.
Las pandillas juveniles conocidas como «maras» se encuentran en El Salvador, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos, aunque también se especula con que tienen centros en Canadá, Australia y el Líbano.
Janet Aguilar, una de las autoras del informe «Pandillas juveniles trasnacionales en Centroamérica, México y Estados Unidos», desmiente algunas de las acusaciones contra las maras, que las responsabilizan de conformar una red internacional y estar involucradas con el narcotráfico.
Una de las pandillas juveniles más conocida y temida es la denominada «Mara Salvatrucha», «MS-13″ o «MS». Sus orígenes se remontan a principios de la década de 1980, cuando inmigrantes principalmente salvadoreños llegaron a Estados Unidos huyendo de la guerra civil en ese país centroamericano (1979-1992). Se cree que esa pandilla cuenta con 100 mil integrantes y conforma una red trasnacional vinculada al narcotráfico.
Según las conclusiones del estudio antes mencionado, el fenómeno de las maras no es tan grave como se piensa.
Las medidas tomadas para prevenir el «delito mara» y los planes de mano dura aplicados, por ejemplo, en El Salvador, sólo contribuyeron a criminalizar a la juventud. Muchos jóvenes son prejuzgados únicamente por su apariencia. Entre 2003 y 2004 fueron detenidos 40 mil «pandilleros», de los que sólo el 5% fue procesado por su participación en delitos.
Carlos María Perea, de la Universidad Nacional de Colombia, sostiene que «el marero se vuelve la imagen perfecta del pánico urbano. La apariencia del marero, su cuerpo, su tatuaje en el rostro, es una imagen que se presenta de manera perfecta para servir de chivo expiatorio de aquella conciencia pública totalmente asustada», señala.
En 2004 en México el gobierno empezó a alertar sobre la infiltración de mareros, al tiempo que endurecía las medidas contra migrantes centroamericanos.
Una de las consecuencias de la represión policial es que estos grupos se han clandestinizado y el tipo de delitos que cometen se ha agravado. Los índices de asesinatos demuestran que la política de mano dura fracasó. En El Salvador las muertes pasaron de 33 a 57 cada 100 mil habitantes entre 2002 y 2006, y en Guatemala de 26,2 en 2000 a 57 en 2006. Actualmente es más difícil identificarlos, porque han cambiado su apariencia: «Ya no se están tatuando, ya no visten como antes y ya no se rapan el pelo», comentó Aguilar. *
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