Dos semanas de sangre
Tel Aviv, ANSA
Los esfuerzos diplomáticos se multiplican y llegan desde diferentes frentes: prácticamente desde todas las partes que, de una u otra manera, mantienen relaciones con Israel o con los palestinos.
Pero por el momento los resultados concretos son muy pocos, pese a que el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, dijo que hay una «disponibilidad general» para que los líderes de la región mantengan una reunión cumbre el domingo en El Cairo.
Annan hizo estas declaraciones por la tarde, mientras que unas horas antes se había hablado de la posibilidad de una cumbre, incluso mañana mismo, en Sharm el-Sheikh (en el Sinai), con la presencia de Bill Clinton.
La noticia duró muy poco y estuvo alimentada sobre todo por las optimistas declaraciones del ex premier israelí Shimon Peres, quien asistió a la apertura de la reunión cumbre de la Unión Europea en la ciudad francesa de Biarritz.
Según Annan, para la cumbre del domingo aún es necesario convencer a Yasser Arafat, con quien el secretario general de la ONU conversó ayer en dos ocasiones. En las próximas horas habrá muy probablemente una reunión entre los dos.
Sin embargo, los egipcios –que conocen todos los secretos y trucos de las relaciones entre israelíes y palestinos– son escépticos, mientras por otra parte precisamente las dos partes siguen planteando condiciones muy duras para aceptar sentarse en la mesa de las tratativas.
Con el recuerdo de los ataques del jueves en Rammallah aún muy frescos, Arafat exige que las fuerzas armadas israelíes levanten el bloqueo militar de las ciudades palestinas.
Barak afirma a su vez que no puede comenzar a negociar mientras sus soldados siguen siendo el blanco de los disparos y las decenas de botellas incendiarias de los jóvenes palestinos.
Estos no son todos los problemas, ya que desde hace días en el tapete de las tratativas existe el serio tema del terrorismo islámico.
Tanto los servicios secretos israelíes como los dirigentes de Hamas han afirmando que en los últimos días han salido de las cárceles palestinas los responsables de numerosos y graves atentados, quienes ahora circulan en total libertad.
«Hay que volver a capturarlos cuanto antes y neutralizarlos apenas entren en acción», afirmó ayer un vocero del gobierno israelí.
La situación puede definirse en cierta manera como simétrica. Arafat no se quiere reunir con Barak bajo la amenaza de los tanques israelíes y Barak no quiere ver a Arafat teniendo en la cabeza la pesadilla de los ‘kamikaze’ palestinos.
La misión de Annan –pero también la de Bill Clinton, del canciller británico Robin Cook o del representante europeo, Javier Solana– es muy complicada.
En el frente israelí se destacó por otra parte que el líder derechista Ariel Sharon tendría grandes chances de ser designado canciller del gobierno.
Frente a esta posibilidad, no son pocos los analistas según los cuales ese nombramiento desembocaría rápidamente en que sean archivados los acuerdos de paz de Oslo.
En realidad, lo que está haciendo Barak es mantener todas las puertas abiertas al mismo tiempo: si fuera posible organizar una reunión cumbre allí estará, en el caso contrario invitará a Sharon a entrar en el restringido grupo de políticos que manejan los hilos del poder en Israel.
Tras el día de guerra que se vivió el jueves, ayer fue una jornada con menos violencia por las calles de los territorios.
En Hebrón, no muy lejos de donde vive un nutrido grupo de colonos judíos, un joven manifestante palestino, Mansur Ahmed, murió al ser alcanzado en el estómago por una bala disparada por soldados israelíes que intentaban dispersar una manifestación.
También hubo incidentes en Ramallah, en Gaza y en el sector árabe de Jerusalén. En total, los heridos fueron casi 50 en todos los territorios. Contrariamente a lo que temían muchos analistas, la plegaria islámica del mediodía en Jerusalén terminó sin incidentes. Las autoridades israelíes habían por otra parte bloqueado el acceso a la Explanada de las mezquitas a todos los palestinos con menos de 45 años.
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