El presidente de Corea del Sur es Nobel de Paz
Seúl, ANSA
Pero en los ambientes políticos y económicos surcoreanos ya comenzó el debate sobre cómo este histórico acontecimiento influirá en la evolución interna, en un país aún dividido sobre la línea de apertura hacia el Norte comunista y preocupado por la situación económica.
«El presidente dijo que seguirá trabajando por la paz, la democracia y los derechos humanos», refirió un vocero de la presidencia.
En tanto, el mismo Kim, que a las 17 locales había concluido su jornada de trabajo, se había retirado en el sector residencial de la Casa Blu, la sede de la presidencia, a leer junto a su esposa. Y ahí permaneció tranquilamente, también tras el anuncio dado por Oslo a las 18, hora de Seúl.
Oficialmente el gobierno surcoreano no había sido advertido de la elección, pero los festejos en la isla de Hauido, donde Kim nació hace 75 años, habían comenzado ya el domingo.
Incluso un día antes el grupo industrial Samsung había comprado espacios publicitarios en los diarios para felicitar al jefe del estado.
El anuncio fue seguido en directo por miles de trabajadores que regresaban a sus hogares a través de las pantallas televisivas instaladas en las estaciones ferroviarias y de autobuses de Seúl. En ese momento, el grupo industrial Hanwha daba inicio a un espectáculo pirotécnico que duró 15 minutos.
El entusiasmo también fue amplificado por el hecho de que Kim es el primer surcoreano que obtiene un premio Nobel de cualquier tipo.
Y el presidente fue condecorado tras haber sido candidato durante 14 años consecutivos, antes por sus batallas en favor de la democratización en Corea del Sur y luego por la política del «rayo de sol», como fue bautizada su línea de apertura al Norte comunista a partir de la elección a la presidencia en 1997.
La vida de Kim, nacido en una familia católica y ex hombre de negocios, es el recorrido de un hombre que nunca se dejó abatir por las difíciles pruebas que le fueron impuestas, ayudado en parte también por una extraordinaria buena suerte. En dos ocasiones fue condenado a muerte, primero por los norcoreanos durante la guerra de 1950 a 1953, y luego por el régimen militar sudcoreano en 1981. En ambos casos se salvó y también en varias ocasiones se salvó de los intentos de los servicios secretos de Seúl de matarlo.
Tras años de prisión y de exilio en Estados Unidos, hace tres años fue elegido, en el tercer intento, presidente de la república.
Pero su apertura al Norte, si bien elogiada en el exterior, no tuvo hasta ahora el total apoyo del mundo político y de la prensa de su país.
El Grand National Party (GNP), el partido de oposición, se confirmó en las elecciones de abril pasado como la primera fuerza política del país.
Los analistas, subraya la agencia Yonhap, se preguntan ahora si el Premio Nobel llevará a Kim a tratar de imponer sus propios puntos de vista también a los más críticos, o lo convencerá a buscar con la oposición una línea de compromiso.
Una opción que quizás sería del agrado del líder del GNP, Lee Hoi Chang. Pero la incertidumbre sobre el futuro se refiere también al aspecto económico. Los problemas dejados por la gran crisis de 1997, que obligó a Seúl a concordar con el FMI enormes financiaciones de emergencia, no desaparecieron del todo.
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