Adiós pizza, hola sushi
Buenos Aires, Reuters
Mientras que la mayoría de los argentinos considera que una comida no está completa sin un trozo de carne roja, el número de bares de sushi en Buenos Aires se duplicó a 20 en un año y tienen tanto éxito que le dieron nombre a un glamoroso grupo político.
El «Grupo Sushi», formado por media docena de treintañeros y del que forma parte Antonio, el hijo mayor del presidente Fernando de la Rúa, está erizando las plumas de los viejos políticos.
El «Grupo Sushi» ayudó a que De la Rúa fuera electo el año pasado, terminando con una década de gobierno del partido peronista liderado por Carlos Menem, al aconsejar a este abogado de 63 años explotar su imagen seria y proclamarla como la «aburrida» pero honesta alternativa a Menem.
Los más viejos representantes de la Unión Cívica Radical (UCR), quienes vieron a estos treintañeros vestidos con trajes de importantes diseñadores ascender hasta superarlos, se han quejado del poder que «los sushi» han conseguido.
«Tuve que hacer una presentación a Antonio, quien apareció con la camisa afuera, tomando mate (una infusión sudamericana de color verde, que se sorbe de una bombilla), viéndose como si hubiera estado en una disco hasta las cinco de la mañana», dijo un irritado consultor estadounidense. Después de 10 meses en el poder, con una economía estancada y una alta tasa de desempleo que llega al 15,4 por ciento, el humor del país es sombrío.
El viernes pasado renunció el vicepresidente y líder del ala izquierda de la coalición gobernante Carlos Alvarez ante la negativa de De la Rúa de desplazar, en un reciente cambio de gabinete, a dos funcionarios acusados de haber pagado sobornos al Senado.
La salida de Alvarez del gobierno dejó públicamente la impresión de que De la Rúa no está cumpliendo con la promesa electoral de erradicar la endémica corrupción de la política.
La popularidad presidencial está en caída y los editores, columnistas y analistas políticos empezaron a condenar el estilo «bar sushi» de la gobernante Alianza, llamando a sus integrantes «posmodernos», frívolos y simplemente faltos de tacto.
«No puedo identificarme con ellos», confió una fuente de la Casa de Gobierno.
«Yo recibo gente con problemas que me pide ayuda y veo que estos del «Grupo Sushi» están en otro plano, más de la fantasía y no de la realidad», agregó.
Los miembros del Grupo Sushi, concientes de la imagen negativa que tienen en la prensa, intentan minimizar su negativa, su influencia y negar reportes de prensa que aseguran que De la Rúa consulta a Antonio y a sus compinches para la nominación de posibles ministros del gabinete.
«Son todas mentiras», dijo un subsecretario de gobierno con inclinación hacia el pescado crudo. «No queremos influir en el gobierno. Simplemente somos un grupo de amigos», agregó.
Los veteranos de la UCR se quejan porque el «Grupo Sushi» y su lánguido y pelilargo líder Antonio de la Rúa –cuyo romance con la cantante colombiana Shakira lo ha colocado en la portada de las revistas del corazón– proyecta una imagen que contrasta con la promesa de austeridad que realizó De la Rúa en los comicios de 1999 cuando decía «se acabó la fiesta para unos pocos».
«A De la Rúa yo lo conozco desde el inicio de mi militancia (…) El es realmente austero. Pero, algunos no entienden que no hay que estar de fiesta, que el pueblo no tiene nada para celebrar», dijo otro funcionario de la Casa de Gobierno. Menem, pese al éxito de sus reformas para modernizar la economía, fue ampliamente criticado por su estilo de liderazgo bautizado como de viajes al extranjero, partidos de golf y viajes de compras para su hija Zulemita.
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