A cuatro años de la invasión a Irak
La invasión se desencadenó el 19-20 de marzo 2003, tras la reunión de Bush con Blair y Aznar en las Azores y violando descaradamente la resolución de la ONU. El 1º de mayo siguiente Bush declaraba a bordo de un portaaviones que «en Irak, misión cumplida». Pero se han seguido acumulando los muertos y heridos, las destrucciones y el saqueo.El día 15 el número de soldados norteamericanos muertos se elevaba a 3199, los heridos padecen en condiciones dramáticas en el hospital militar Walter Reed, entre ratas y cucarachas, los muertos irakíes sobrepasan los 700 mil, más de dos millones han emigrado del territorio ocupado, el Tigris y el Eufrates están contaminados al extremo, bibliotecas que son un tesoro de la humanidad han sido arrasadas y las riquezas saqueadas. Para eso fue la guerra, al fin de cuentas: que lo digan las petroleras y la Halliburton de Cheney.
En el Senado y en las calles
Los demócratas, que pasaron a tener mayoría en el Senado, presentaron una moción para traer de vuelta a casa a las tropas de Irak en el primer trimestre de 2008. La respuesta de los republicanos fue doble: mientras maniobraban en el Senado para que el tema no se tratara, el presidente Bush firmaba a bordo del Air Force One en vuelo de San Pablo a Montevideo la orden de enviar 3100 soldados más al frente de guerra, en el marco de las 21500 soldados adicionales que había resuelto enviar en enero. También le pedía a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que le votara recursos suplementarios para esos fines. El nuevo jefe del Pentágono, Robert Gates (sucesor del defenestrado Donald Rumsfeld) defendió este pedido en el Congreso. Finalmente, los demócratas lograron que su moción se tratara, pero fracasaron rotundamente: se precisaban 60 votos de los cien senadores, y no sólo no los lograron, sino que salió negativa por 48 votos a favor y 50 en contra.
Se organizan manifestaciones en EEUU con el mismo objetivo, y el estado de Washington, al noroeste del país y fronterizo con Canadá, arrancó en punta, con grandes actos de masas en Tacoma y en Seattle, la emblemática capital del estado que se hizo famosa por las demostraciones que dieron al traste con el cónclave de la OMC allí programado. Sorprende el número y diversidad de las organizaciones convocantes: iglesias, sindicatos, filiales de la AFL-CIO, entidades sociales de todo orden, de mujeres, jóvenes, profesionales, pacifistas, de indios y otras. Ellos demuestran que con los recursos del estado destinados a la guerra se podía haber asegurado la atención de la salud para todos los niños desprovistos de seguro, 1500 viviendas para familias de bajos ingresos, 4 años de estudios universitarios para alumnos de enseñanza superior y de salarios para maestros. «It must stop now!», es la conclusión.
La mentira como arma
Estos días hemos visto a Valerie Plame, la bella ex agente de la CIA, testificando ante un jurado federal. Fue «quemada» por Lewis «Scooter» Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente Cheney. Por esa causa Libby ha sido condenado por perjurio, falso testimonio, obstrucción a la justicia y otras yerbas. La verdad de la milanesa es que reveló la identidad de la agente (lo que es un crimen federal) para golpear a su esposo, el diplomático John Wilson, quien había puesto al desnudo, tras investigar los hechos en Níger, que la acusación del gobierno de EEUU de que Saddam Hussein se estaba proveyendo en ese país de material para armas de destrucción masiva, era radicalmente falsa. Y fue con ese pretexto que se desató la invasión. Días pasados días el anterior presidente de Chile, Ricardo Lagos, publicó un interesante artículo titulado «EEUU debe explicaciones por Irak» en que demuestra las mentiras flagrantes en que incurrió el gobierno de Bush y fundamenta el voto de Chile contra la invasión en el Consejo de Seguridad.
No es el único caso en que capitostes del gobierno de Washington están en la cuerda floja. Lo mismo acontece con el ministro de Justicia (general attorney) Alberto Gonzales, quien expulsó de un solo saque a ocho fiscales federales en diciembre 2006, por lo cual los demócratas piden su cabeza, ya que algunos de estos fiscales, como Carol Lam, de San Diego, estaban investigando casos de corrupción que apuntaban directamente a la eminencia gris de la Casa Blanca, Karl Rove, y a la consejera jurídica del presidente, Harriet Miers. Bush respalda contra viento y marea a Gonzales, cuyo jefe de gabinete Kyle Simpson renunció precipitadamente.
El jueves 15 se conocieron las presuntas confesiones del pakistanés Khaled Cheikh Mohammed, detenido en mayo 2003, recluido en la base de Guantánamo e interrogado por tres oficiales yankis como «combatiente enemigo». Se le hace decir que reconoce haber planeado los atentados del 11 de setiembre 2001, los atentados de Bali, de haber proyectado la destrucción del canal de Panamá y decapitado al periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl, en total unas treinta acciones. Una crónica se interroga sobre la forma en que fueron obtenidas estas declaraciones luego de años en prisiones secretas de la CIA, sin testigos ni abogado.
Los muertos y los heridos
La guerra sigue y el horror se multiplica. Salió a luz que en el hospital militar Walter Reed los soldados heridos son tratados como desechos inservibles, carne de cañón que son reenviados al frente de guerra en forma inmisericorde. Estadísticas practicadas con 103.788 militares muestran una epidemia de enfermedades mentales (25%) y de suicidios. Hay deserciones de soldados a Canadá. También hay víctimas del «fuego amigo»: la investigación demostró que el soldado británico Matty Hutt fue ultimado en el sur de Irak desde aviones norteamericanos. El aumento de la represión en Irak es bestial: se irrumpe casa por casa en Bagdad, en particular en el barrio de Sadr City, reducto del jefe chiíta Moqtad al Sadr, opuesto a la ocupación. Las tropas también arrestan y asesinan a refugiados palestinos. Los llamados planes de seguridad son un fracaso total, con decenas de muertos un día tras otro, sin excepción. *
Atentados
Dos policías murieron y unas 350 personas resultaron intoxicadas en tres atentados suicidas con cloro cometidos en la provincia de Al Anbar, principal foco de la insurrección sunita en el oeste de Irak, según anunció ayer sábado el ejército estadounidense.
Paralelamente, el primer ministro conservador australiano John Howard efectuó una visita sorpresa a Irak.
Tres camiones conducidos por kamikazes que transportaban bombas de cloro estallaron el viernes cerca de Faluya y de Ramadi, las dos principales ciudades de la provincia de Al Anbar, con un saldo de dos policías muertos, según una fuente castrense estadounidense. La televisión pública iraquí Iraqia habló de por lo menos seis muertos.
«Unos 350 civiles iraquíes y seis soldados de la Coalición recibieron atención médica por una exposición al cloro después de que dos kamikazes hicieran estallar sendos camiones de basura en dos lugares diferentes al sur de Faluya.
Un soldado y un civil resultaron heridos en un ataque de menor importancia al nordeste de Ramadi», precisó el ejército norteamericano.
En Faluya, las víctimas «mostraban síntomas de exposición al cloro (…) que iban desde irritaciones leves en la piel y los pulmones hasta vómitos», según la misma fuente.
Con estos son ya cinco los atentados con cloro cometidos en la provincia de Al Anbar desde el 28 de enero. También se registraron dos atentados con cloro en Bagdad.
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