Linchamientos y bombas
Ramallah, ANSA
Israel jamás había ordenado a sus helicópteros de combate, en 33 años de ocupación militar en Cisjordania y Gaza, que atacaran las ciudades palestinas.
Al mismo tiempo, desde la firma de los tratados de paz en Oslo, en 1993, nunca había ocurrido que los palestinos lincharan a soldados israelíes descubiertos dentro de una ciudad autónoma.
Pero eso fue precisamente lo que ocurrió por la mañana, cuando algunos soldados israelíes fueron descubiertos y arrestados en el centro de Ramallah, la ciudad cisjordana a 15 kilómetros de Jerusalén.
Tras ser llevados a una comisaría de la policía, dos de esos soldados fueron linchados por la muchedumbre que había ocupado el edificio y por algunos agentes de la fuerza palestina de seguridad, según los cuales los soldados eran en realidad miembros de una unidad especial israelí que estaba organizando un operativo.
Por la noche, la televisión israelí precisó que los soldados linchados fueron tres y no dos.
De inmediato, el premier Ehud Barak dijo que Israel estaba listo para responder «de la manera más indicada».
Estas palabras hicieron temblar de miedo a los habitantes de Ramallah, que rápidamente se prepararon a lo peor.
El ataque desde el cielo llegó pocas horas después.
«Esto es la guerra, la guerra», gritó a ANSA Soad Omari, un aterrado arquitecto de Ramallah, mientras los helicópteros israelíes lanzaban la primera de una oleada de incursiones.
En ese primer ataque uno de los blancos de los helicópteros del Estado judío fue el ‘Mukhata’, el cuartel general de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) liderada por Yasser Arafat.
Mientras las primeras ambulancias comenzaban a llevar los heridos a los hospitales, por las calles de la ciudad no había un alma.
«Jamás imaginé que esto podía haber ocurrido», comentó uno de los pocos que se animó a salir, el norteamericano John Dixon, empleado en el Instituto local para los Estudios Palestinos.
Poco a poco muchos de los barrios de Ramallah fueron quedando sin electricidad y en muchas zonas también fue imposible hablar por teléfono.
Poco después Israel lanzó otros dos ataques contra la estación central de la policía y contra una base de adiestramiento de las fuerzas especiales palestinas.
Según algunos testimonios, desde los helicópteros fueron disparados cohetes y ráfagas de ametralladoras contra las viviendas de dos destacados dirigentes de la ANP, Abu Mazen y Jamil Tarifi. El saldo final de los ataques fue de unos 20 heridos y de decenas de personas, sobre todo ancianos, que llegaron a los hospitales en estado de shock.
En Gaza y Cisjordania todos miran ahora hacia Arafat. Será él quien decidirá las próximas iniciativas.
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