Yeltsin pensó prohibir el PC

Moscú, ANSA

Boris Yeltsin pensó en la posibilidad de disolver el Parlamento, convocar elecciones presidenciales o prohibir el Partido Comunista (PC) en vísperas de las elecciones rusas de 1996, temiendo una inminente restauración soviética, según un nuevo libro que ha salido a la venta.

Pero fueron dos consejeros –entre ellos su hija Tatiana– quienes lograron disuadirlo, haciéndole notar que tal violación de la Constitución habría comprometido su credibilidad democrática y se transformaría en un boomerang.

Lo relata el mismo ex presidente ruso en su segundo volumen de memorias titulado «Maratón presidencial», desde ayer en venta en las librerías de Moscú.

El episodio de 1996 era uno de los pocos que no había sido anticipado en los adelantos del libro publicados días pasados por la prensa rusa.

En la época en la que la popularidad de Yeltsin estaba al mínimo no parecían existir obstáculos para una revancha comunista, y el ex presidente durante un cierto período pensó que «no podía llevar adelante la situación en el marco de la Constitución democrática de 1993″.

Fue la intervención de Tatiana y el ex vicepremier liberal Anatoli Chubais –en ese momento jefe de su staff electoral– quienes lo convencieron para que «reviera una decisión que casi había tomado».

Yeltsin se comprometió entonces en una campaña presidencial que le permitiese derrotar a través del voto al comunista Guennadi Ziuganov.

«Al final me avergoncé» de ese proyecto, escribe ahora el ex presidente ruso.

En las memorias, Yeltsin muestra remordimiento también por las vidas perdidas en el conflicto contra la guerrilla chechena, mientras reivindica las «libertades fundamentales instauradas por primera vez en Rusia» bajo su presidencia.

Reivindica además el mérito de haber apoyado la llegada a la presidencia en el 2000, como su sucesor, de Vladimir Putin, a quien destina numerosos elogios.

Yeltsin revela haber apoyado a Putin, «un líder joven y fiel a la democracia y al mercado», también para cerrar el paso al anciano ex premier Eugueni Primakov, «un hombre de grandes recursos políticos» pero de «vieja mentalidad soviética».

Según Yeltsin, Primakov no soportaba las críticas y a los periodistas en particular, tenía dossiers actualizados sobre todos los enemigos y habría «amenazado con pisotear las libertades económicas y los derechos políticos» apenas nacidos.

Tocando otros temas, el ex presidente admite su pasión, típicamente rusa, por el alcohol (pero niega ser alcohólico), y rechaza categóricamente las versiones sobre su presunta implicación personal o de sus familiares en escándalos financieros.

Hace referencia también al papel de los oligarcas del gran capital surgidos en la Rusia poscomunista. A propósito del más famoso de ellos, Boris Berezovski, escribe: «Nunca me gustó y su presunta influencia en el Kremlin nunca existió, pero fue un aliado para las reformas democráticas».

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