El presidente Clinton recibió al número dos de Corea del Norte

Un comunista sentado en la Casa Blanca

Washington, AFP

Es la primera vez que un dirigente norcoreano de rango tan elevado efectúa una visita oficial a Estados Unidos, que en ausencia de un tratado de paz luego de la guerra de Corea (1950-53), permanece técnicamente en estado de beligerancia con Pyongyang, último bastión del estalinismo en el mundo.

Un alto responsable estadounidense juzgó «positivos» los resultados de este encuentro de 45 minutos en el transcurso del cual Clinton expuso las preocupaciones de Washington respecto a Pyongyang, incluyendo el apoyo al terrorismo y la amenaza que representa el programa de misiles balísticos norcoreanos. La situación en la península y el progreso logrado en el diálogo entre las dos Coreas también fueron evocados.

Según la embajadora Wendy Sherman, encargada de la coordinación de la política estadounidense hacia Corea del Norte, las discusiones continuarán más detalladamente este martes y miércoles con los responsables del departamento de Estado y el Pentágono.

Sherman precisó que el vicemariscal Jo Myong-Rok había entregado al presidente Clinton una carta del líder norcoreano Kim Jong Il, conteniendo «una serie de ideas destinadas a reforzar los avances alcanzados» durante los últimos años en las relaciones entre Washington y Pyongyang.

La diplomática rehusó sin embargo revelar el contenido de la misiva, precisando simplemente que el vicemariscal había transmitido un mensaje «muy fuerte».

El presidente y el militar, luego de enumerar sus principales preocupaciones, «rápidamente derivaron en un animado intercambio de puntos de vista, y hacia una verdadera conversación», según Sherman, que describió el diálogo como «positivo, directo y cálido».

La diplomática señaló que para su visita a la Casa Blanca, el vicemariscal había cambiado el traje de civil que vestía en la reunión realizada temprano en la mañana en el departamento de Estado con la jefa de la diplomacia estadounidense Madeleine Albright, por un uniforme militar de gala.

Para Sherman se trata sin duda de una forma de señalar que los dirigentes militares y civiles norcoreanos comparten la voluntad de comprometerse en el mejoramiento de las relaciones con Washington.

Jo Myong-Rok, comandante adjunto de las fuerzas norcoreanas, es considerado el brazo derecho de Kim Jong Il y su visita a Washington es vista como una señal suplementaria de la voluntad de Corea del Norte de salir de su aislamiento, a fin de lograr la ayuda indispensable para su recuperación económica.

La economía norcoreana está en ruinas y Pyongyang necesita ayuda internacional para alimentar a su población.

Pero Washington pretende obtener compromisos concretos de parte de un país que apenas unos meses atrás consideraba como uno de los más amenazantes del planeta.

Washington busca principalmente obtener garantías que le permitan despejar las amenazas suscitadas por el desarrollo de misiles balísticos por parte de Pyongyang, que Washington utiliza para justificar la puesta en práctica del escudo antimisiles, al cual se opone Moscú.

Los responsables estadounidenses exploran la solidez de las propuestas evocadas por Kim Jong Il ante el presidente ruso Vladimir Putin sobre el abandono del programa de misiles norcoreano, con la condición de que Pyongyang pueda lanzar satélites civiles.

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