La rigidez ideológica: fórmula segura para el fracaso

Las reacciones de israelíes y palestinos al acuerdo de La Meca que puso fin a los combates entre Al Fatah y Hamas fueron esencialmente diferentes. Mientras para la mayor parte de los analistas palestinos lo más importante del acuerdo fue el fin de las hostilidades abiertas entre las dos principales fuerzas políticas palestinas, el acuerdo fue visto mayoritariamente en los órganos de opinión israelíes como una victoria de Hamas, con todas las secuelas negativas para Israel.

Para Abu Shark, un comentarista político palestino de Gaza, entrevistado por el foro sobre el Medio Oriente en Internet «Bitterlemons»: «El acuerdo de La Meca tiene una importancia fundamental. Permite a Fatah y Hamas encarar la formación de un gobierno de unidad nacional, lo que permite aflojar las tensiones entre ambos. Esto ha permitido el fin de los combates y podría preparar el camino para abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre Fatah y Hamas. Hubo un acuerdo unánime en el liderazgo, algo que ha sido bien recibido por los palestinos, tanto en el país como en el extranjero. La mayoría de la gente estaba muy enojada y desilusionada con los combates entre Fatah y Hamas. Por lo tanto, el acuerdo, que viene a poner fin a esta lucha, es un hecho positivo que podrá permitir que los palestinos dediquen sus esfuerzos a poner fin a la ocupación y al sitio a que está sometido el pueblo palestino».

Por su parte, Sever Plocker, un columnista de «Iediot Ajaronot» de Tel Aviv, comentó: «Pese al embargo económico y diplomático que el mundo impuso al gabinete palestino, pese a su aislamiento en el mundo árabe oficial, pese a la creciente pobreza, la violencia creciente y el sufrimiento del pueblo palestino, Hamas no cedió ante las demandas de la comunidad internacional: no aceptó ninguna rendición. Por el contrario, el liderazgo del movimiento extremista y terrorista supo cómo maniobrar hábilmente, utilizando alternativamente la astucia o la brutalidad desembozada. Avaluó de manera correcta las limitaciones y debilidades de los líderes de Fatah. Ignoró las amenazas vacías de Mahmud Abbas y la presión abierta de Egipto. Logró maniobrar tanto con las palabras como con las armas, y ahora con la firma del acuerdo de La Meca celebra su victoria final: La Meca preparó el camino a la legitimidad internacional de Hamas como organización legítimamente electa como representativa del pueblo palestino. Hamas logró lo que quería sin tener que renunciar a sus creencias ni a sus principios».

Es posible coincidir con el comentarista israelí en que, desde el punto de vista táctico, la victoria de Hamas es indiscutible.

Pero, ¿qué pasa desde el punto de vista estratégico? ¿Hasta dónde la ideología dura e intransigente de lucha sin cuartel contra Israel sirve a los intereses palestinos? Al cumplirse el primer año de las elecciones palestinas ue dieron la victoria a Hamas a fines de enero pasado, uno de los cronistas de «El País» de Madrid, un diario de claras simpatías pro palestinas, hizo el balance de un año de gobierno de la organización fundamentalista. Resumió sus logros en una sola palabra: Nada. Hamas dedicó sus mejores esfuerzos a luchar contra Israel y contra Fatah, a contrabandear armas y a conseguir dinero de Irán y de otros países árabes, pero no a gobernar en un sentido práctico y moderno. Cualquier observador lúcido de cualquier país, religión o filosofía, dudará de que de esa manera sea posible construir un nuevo país.

En algún momento, la comunidad internacional deberá hacerse la pregunta «¿Quieren realmente los palestinos un estado?».

Después de todo, no les faltaron oportunidades para tener un país propio. No cabe la menor duda de que los palestinos hubieran tenido su estado y estarían hoy muchísimo mejor si hubieran aceptado la partición en 1948 y no hubiesen apostado a que los ejércitos árabes arrojarían «los judíos al mar», o si hubieran optado por la negociación y no por los famosos tres No de Khartum después de la guerra de 1967 ( No al reconocimiento, no a las negociaciones, no a la paz) o si Arafat hubiera aceptado las propuestas de Clinton en el año 2000 en lugar de lanzar la segunda Intifada que desde todo punto de vista fue totalmente contraproducente, o si los palestinos hubieran aprovechado el retiro unilateral de Gaza en el 2005 para demostrar que son perfectamente capaces de administrarse en forma eficiente y de construir una economía en lugar de continuar la lucha contra Israel con sus inevitables secuelas de represalias y de complicarse en interminables querellas internas.

El problema que se plantea a Hamas es que en algún momento deberá optar. ¿Va a mantener su rigidez ideológica y darle a su pueblo más muerte, más sufrimientos y más miseria y postergar hasta el infinito la posibilidad real y concreta de crear un estado palestino? O, ¿va a optar por el pragmatismo, la conciliación y la sensatez?

La rigidez ideológica islamista, para la cual es más importante la destrucción del contrario que la construcción del propio país, ha demostrado ser una fórmula segura para el fracaso. Habrá que ver si Hamas insistirá en darle a su pueblo más de lo mismo. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje