La candidatura de Cristina sin retorno
En rigor, en el universo opositor siguen creyendo que todo es un ardid de Néstor Kirchner y que él irá por su reelección. Grave error. Un cambio luego de la incursión como candidata por Francia, desnudaría una debilidad, que es lo que precisamente ha querido evitar Kirchner con esta jugada audaz.
Se sabe que el presidente tiene opción constitucional de ser reelecto pero por una sola vez, y teme que esa limitación en el tiempo pueda adelgazar durante su eventual segundo mandato el enorme poder político que hoy acumula. Con Cristina ganadora, si lo logra, esas aprensiones se disiparían ya que se abrirían dos mandatos de cuatro años para gobernar y eso daría además fuerza a Kirchner para organizar la fuerza política de centro-izquierda que pretende articular.
Hasta ahora no ha tenido mucho suceso su manera de acumular cuadros no peronistas, excepto con una porción gruesa de la Unión Cívica Radical. Casi todos los gobernadores de esa estirpe por convicción de entrar a un proyecto de características especiales o por pragmatismo, han devenido en radicales K y con ellos numerosos alcaldes de ciudades importantes.
Menos fortuna tiene con el socialismo, un partido que quisiera tener a su lado por el lustre que otorga, sin duda alguna. El viejo partido es renuente ha perder su identidad, una cultura fuertemente arraigada que operadores como el jefe de Gabinete Alberto Fernández, no entienden. Hay lío en el PS porque uno de sus cuadros, el dirigente del personal aeronáutico, Ariel Basteiro, aceptó ser el representante del Estado en la compañía española Aerolíneas Argentinas; no consultó al partido.
Con esa metodología de soplar cuadros a opositores benevolentes es poco de nuevo lo que podría construir el Presidente. Otra cosa sería si el oficialismo, que electoralmente se presentará con el Frente para la Victoria, en cuya testa ha sido ubicada la hábil interventora en el PAMI (la obra social de los jubilados) Graciela Ocaña, acepta entrar en negociaciones orgánicas con fuerzas que, aún con disidencias, tienen muchas cosas en común con el rumbo general del Gobierno. Ocaña, dicen, está convencida de que son posibles acuerdos programáticos orgánicos. Se verá si con ese criterio, que acaso Kirchner ahora comparta, es posible que se produzcan avances con partidos de centro-izquierda no kirchneristas.
Un tironeo dentro del socialismo
Una muestra de que la política de acumulación presidencial tiene sus lagunas, es la necesidad que tuvo de nominar como pretendiente a gobernador de la provincia de Buenos Aires a Daniel Scioli, el actual vice, un pragmático ladeado hacia la centro-derecha. Hasta hace muy poquitito Scioli era visto con malos ojos en la Rosada. Pero es popular, según los sondeos, y puede ser el cadenero de listas de legisladores que Kirchner elegirá uno por uno.
Así las cosas, es difícil que el socialismo acuerde formar un frente electoral con Elisa Carrió con un discurso de oposición intransigente. El titular del PS, el senador nacional Rubén Giustiniani, es quien negocia hace rato con la líder del ARI. Es que entre otras cosas, la diputada nacional es hostil a los gobiernos de Venezuela, Cuba o Brasil, con opiniones más cercanas a las de Washington que a la postura de solidaridad, crítica si se quiere, que tienen los socialistas con los líderes de esos países. Hay que reconocerle que le hace un favor a Kirchner al centrifugar la centro-derecha: acusó a Mauricio Macri y a Roberto Lavagna, candidatos a presidente, de «corruptos».
No todas son flores para el Presidente. Tiene a su favor el crecimiento de la economía. Con esa realidad, puede atacar con dureza a organismos internacionales como la OMC o el FMI, que advierten que en el futuro pueden ocurrir sorpresas en la economía. Es lo de siempre: la ortodoxia que se refugia en esas entidades para lograr, entre otras cosas, que se atiendan los reclamos de tenedores de la deuda externa que no quisieron entrar en el canje. El Fondo acaba de advertir, como lo anticipó esta columna, que para negociar la deuda de 6.500 millones de dólares con el Club de París, hay que tener su aval. Kirchner no piensa acordar un programa con el FMI.
Opositores suspicaces están seguros que esas críticas no tienen efectos externos. Sí sirven, sostienen, para desviar la atención de groseros errores como el manejo del índice de precios al consumidor (IPC) de enero. A manotazos se relevó a una funcionaria del Instituto Nacional de Estadísticas (Indec) y sin consulta se modificó la metodología para medir el IPC. Dio, así, un 1,1% de alza en enero, aunque la canasta familiar trepó un 2,6%.
Semejante desmanejo profundizó la idea popular de que el IPC no refleja los precios en las góndolas y el gobierno sufrió un revés que sólo los próximos meses podrán exhibir si sus rivales canalizan o no ese descrédito.
Kirchner puesto a prueba por Washington
El miércoles Kirchner estará en Caracas firmando importantes convenios con Venezuela. La relación bilateral es óptima lo que no quiere decir que el argentino comparta el «camino socialista» de Hugo Chávez. Más aún, le dijo que eso «es viejo». Es un momento para verificar cuán cierto habrá de ser que Kirchner transmita algunas de las críticas al coronel que sus ministros oyeron una semana atrás de tres altos funcionarios del gobierno de EEUU, que propugnan que Argentina y Brasil hagan lo que Washington hoy no puede hacer en Sudamérica. No es un dato menor, en esto de pretender construir el espacio de centro-izquierda, ver como se aplica (o no) el anhelo norteamericano y algunas de sus propuestas estratégicas.
Kirchner tiene a las Madres de Plaza de Mayo como aliadas. Pero su titular, Hebe de Bonafini, le ha dicho de su enojo por la perspectiva que se firme un pacto antiterrorista nuclear con EEUU. «¿Qué terrorismo?», dijo la brava mujer, «si el único terrorismo lo hacen ellos, matando a pueblos enteros». Una identidad progresista tiene una política madura con EEUU, pero sin ataduras a sus posturas estratégicas.
La advertencia de Madres, que puede basarse en datos inexactos, suena fuerte.
Tampoco es lo mejor para la construcción política planeada un contrato renegociando con el concesionario de los aeropuertos, el empresario Eurnekian. Se le han condonado deudas enormes por acciones, es decir, el Estado ya no plantea su papel de regulador y de controlador sino que se asocia, en minoría, a empresas de dudosa reputación.
La Defensoría del Pueblo sostuvo que no se podía renegociar el contrato hasta tanto se estableciera un marco regulatorio de aeropuertos y eso no está. La Auditoría General de la Nación advirtió una sistemática estrategia de incumplimiento por parte de la empresa. Alguien ha definido lo que pasa como la política de tres sombreros para una sola cabeza: la del ministro de Planificación Federal Julio De Vido.
Es que gestiona, se audita a sí mismo (o por un familiar) y planifica a futuro casi sin injerencia de la sociedad civil ni de los organismos de control. *
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