Nobel para sueco y norteamericanos
Roma, ANSA
El premio fue asignado al sueco Arvid Carlsson y a los estadounidenses Paul Greengard y Eric Kandel por sus estudios sobre «la transmisión de la señal en el sistema nervioso».
Comparando el cerebro con una computadora, lo que descubrieron los tres Nobel es el «software» que controla no sólo la memoria y el aprendizaje, sino también las emociones.
Sus estudios permitieron, además, aclarar el origen de enfermedades degenerativas, como las demencias seniles, destinadas a tener una difusión cada vez mayor en los próximos años, con el progresivo envejecimiento de la población en los países industrializados.
Las investigaciones de Carlsson, Greengard y Kandel, conducidas en modo independiente y aparentemente sin un nexo común, jugaron un papel de primer plano en el desarrollo de las neurociencias.
Cada uno de ellos colocó una pieza en el mosaico que hoy permite diseñar, con un detalle sin precedentes, la arquitectura que gobierna algunas de las funciones cerebrales y cognitivas más complejas.
A mediados de los años 70 el mapa de las funciones cerebrales era decididamente pobre: se conocían las estructuras y se sabía que una red de señales eléctricas las hacía comunicar.
Pero nadie sabía cuáles eran las moléculas que las generaban. Lo descubrieron los tres Nobel.
Carlsson, por ejemplo, en la década de los años cincuenta individualizó la dopamina como el neurotransmisor responsable de emociones, deseo, placer y euforia.
Además, el descubrimiento de Carlsson sentó las bases para elaborar nuevas terapias contra el morbo de Parkinson, esquizofrenia y depresión y hoy, a los 77 años, el Nobel sigue explorando nuevas vías de la investigación.
Ahora está estudiando fármacos capaces de dosar los niveles de dopamina, investigaciones que presentó hace un año en Roma, Italia, cuando la Accademia dei Lincei le asignó el premio Feltrinelli.
Fue Greengard quien sentó las bases que permitieron dar un paso adelante decisivo en el conocimiento del software del cerebro.
A fines de la década del sesenta descubrió de qué modo los neurotransmisores actúan sobre las sinapsis posibilitando funciones complejas y fundamentales como lenguaje, movimiento y percepción sensorial.
Greengard había descubierto que lo que gobierna este mecanismo es una reacción química llamada fosforilación de las proteínas.
El primero en aplicar este complejo juego de señales y moléculas a los mecanismos de la memoria fue Kandel.
Ex psiquiatra, comenzó sus investigaciones sobre la memoria en los años 60, cuando la sede de los recuerdos era totalmente desconocida.
El descubrimiento nació en forma imprevista, desde el estudio del molusco marino Aplysia. Kandel encontró una molécula que permitía a las células nerviosas de este molusco separarse y volverse a unir, creando nuevos recorridos y conexiones.
Kandel descubrió así la existencia de una memoria a breve y largo plazo y en los años sucesivos extendió las observaciones a organismos más complejos, hasta los mamíferos.
Luego localizó la sede de la memoria en las sinapsis, las conexiones entre las células nerviosas que permiten el pasaje y el intercambio de las informaciones.
El de Kandel es un éxito que sólo pocos habían predicho, hace 30 años. Entre estos uno de los padres de los estudios sobre el cerebro, sir John Eccles, que a fines de los años sesenta dijo: «Su planteo del problema es el justo, este descubrimiento lo conducirá al premio Nobel».
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