Divergencias internas preocupan al presidente brasileño

Lula al PT: Paren de pelear o enemigos "nos destruirán"

«Es hora de darnos una tregua a nosotros mismos y decirnos: ¡seamos compañeros! Que nuestras divergencias y disputas internas no nos hagan perder de vista quiénes son los adversarios. Porque sino, ellos nos destruirán», declaró Lula en una cena por el 27 aniversario del PT, el viernes en Salvador, capital del estado de Bahia (nordeste).

Entre los comensales estaban las dos caras más visibles de las últimas polémicas que desgarran al PT: el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, y el ex ministro jefe de gabinete y hombre fuerte del gobierno, José Dirceu, derribado en 2005 por denuncias de que el PT pagó sobornos a diputados.

Genro propugna una «reconstrucción» del PT, y un documento al que suscribe denuncia las «relaciones no transparentes con los financiadores» de campañas electorales y la instalación de un «autoritarismo de grupo», en referencia al grupo de Dirceu, que sigue dominando el partido.

Ese documento será discutido por el directorio partidario, en el marco de los trabajos preparatorios del III Congreso convocado para julio en Brasilia.

La cena en Salvador fue organizada para celebrar el 27 aniversario del PT y la reelección triunfal en octubre pasado de Lula, su líder histórico.

El ex dirigente sindical, de 61 años, tiene otros dolores de cabeza con el PT, que critica su política económica ortodoxa y no quiere desprenderse de cargos gubernamentales, complicándole la tarea de formar una coalición con fuerzas de centro y de derecha, para asegurarse una mayoría parlamentaria.

El mandatario también puso en esos asuntos los puntos sobre las íes.

«Hay gente que no está feliz con la reforma agraria (…), hay gente que no acepta los resultados macroeconómicos (…) ¿Se necesita más? Sí, se necesita (…) Pero no creo que haya un brasileño que quiera todo eso más que yo mismo», afirmó.

«No me pidan que deje de gobernar el país para 190 millones y que piense solamente en los problemas de nuestro partido. Necesito montar un gobierno, conversar con todas las fuerzas políticas, con quien me gusta y con quien no me gusta», subrayó Lula.

El PT es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados, con 83 escaños sobre 513, y la cuarta en el Senado, con 11 escaños sobre un total de 81.

Esos resultados marcaron un ligero retroceso respecto a las elecciones de 2002 (cuando tuvo 91 diputados y 13 senadores), pero fueron mucho mejor de lo esperado cuando las denuncias de corrupción sumieron al partido en la peor crisis de su historia, provocando la caída de su plana mayor y la ruptura de figuras de prestigio.

Según Lula, el PT obtuvo una segunda chance, de mostrarse a la altura de una organización con responsabilidad de estado. «El pueblo le dio una gran oportunidad al PT al decirle: ‘miren, vuélvanse juiciosos y conviértanse en el gran partido que queremos que sea’. Yo pienso que el PT está maduro para eso», afirmó.

Lula les recordó en todo caso a sus camaradas que su mito personal no dependía de tal o cual dirigente, sino de su vinculación con el «pueblo».

«El color rojo del PT corre por mis venas. Tengo una noción nítida de lo que ese PT representa para mí y de lo que yo represento para él. Ayudé a crearlo, viví angustias y alegrías, reí y lloré», dijo Lula.

«Pero aprendí una lección que no olvido: muchas veces, entre nosotros, los llamados cuadros políticos, en momentos de crisis, temblaron, vacilaron, no supieron tomar posiciones correctas. Quien no tembló ni vaciló fue el pueblo de este país», sentenció.

La lucha de tendencias en el PT se da en un marco sucesorio, ya que por primera vez en 2010 Lula no podrá ser el candidato del partido, a causa de una disposición constitucional que impide hilvanar más de dos mandatos seguidos. *

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