Estados Unidos lanza ofensiva diplomática para el Cono Sur
No es una novedad que Gualeguaychú condicione la política externa de este país. Acaso lo excepcional venga de la decisión oficial, por ahora mantenida en reserva, de abordar políticamente una situación que se ha ido de madre y espera para ello que emerja un gobernador con la suficiente fuerza política como para aplicar un plan que asegure que haya levantamiento de cortes, y que el diálogo de las partes evolucione hacia la negociación. De todas maneras, no hay todavía un plan maestro integral y las reacciones de comerciantes en Colón o Concordia contra el bloqueo no son parte de una política global. Además, la metodología violenta no es algo que satisfaga a nadie.
Los líos del lunes en Plaza Independencia tuvieron una respuesta sensata por parte de Néstor Kirchner, pero eso no es garantía de que no vuelvan a repetirse. Habrá hasta la noche de los tiempos una minoría que no aceptará ningún acuerdo. El presidente lo sabe pero no cuenta a nadie cómo abordará a los recalcitrantes, una vez que, dicen, queden aislados por la mayoría. El anuncio de Tabaré Vázquez de que no se habilitarán más pasteras sobre el río Uruguay, va enderezado al encuentro de las partes en algún momento y no escasearan en el camino charlas telefónicas entre quienes se conocen de uno y otro lado, sobre todo, dos de ellos. Por ahora las charlas no le encuentran la vuelta de cómo salir del embrollo. Pero, ya no hay ningún influyente acá que sostenga que Botnia cambie de sitio.
Aunque no es la primera vez, estos días se reiteró sobre todo en el Palacio San Martín, la preocupación de que dentro del gobierno uruguayo se debiliten las fuerzas que siguen apostando al Mercosur. El anunció, no esperado acá, del viaje de George W. Bush se mira como una cuña de EEUU para evitar que avance el gran proyecto estratégico de la comunidad sudamericana de naciones, de la que el Mercosur es la herramienta inicial e insoslayable.
Juran por este lado que no se sienten discriminados porque el inquilino de la Casa Blanca haya salteado Buenos Aires. Razones: es un viaje de un gobernante sin fuerza política y que será reemplazado. Y zafa a Kirchner de un debate con su pequeña pero necesaria ala antinorteamericana en un año electoral clave. El lío desatado dentro del Frente Amplio habla por sí solo.
Washington clava su pica en Flandes
Hay un dejo de autocrítica en esa reflexión: «Estamos aportando a que Tabaré gire a la derecha», se oyó estos días en el lugar donde se cocina la diplomacia local. Esa pica en Flandes de Washington que es el viaje de Bush, no se abordó para nada durante la estancia del subsecretario de Asuntos Políticos del Departamento de Estado, Nicholas Burns y Thomas Shannon, el hombre para Latinoamérica.
Digamos que los dos funcionarios, dos pesos pesados, y por su lado, sin mezclarse, el rush por aquí del secretario de Justicia, Alberto González, conforman una especie de ofensiva diplomática sobre Argentina. Todos actuaron aquí como monjas carmelitas, sin prepotear o sugerir más allá de lo que se sobreentiende y no hubo nada que sea un secreto de Estado. «Fueron muy cuidadosos e hicieron malabares para elevar la consideración de algunas posiciones argentinas», dijo una voz presente en los encuentros. Es que hay una realidad: el reclamo a Irán a que extradite a funcionarios supuestamente implicados en el atentado contra la mutual judeo-argentina Amia, es, se mire por donde se quiera, funcional a la estrategia de EEUU frente a Teherán. EEUU ve también a Argentina como confiable en política nuclear.
González es el mentor de las torturas en Guantánamo y Abu Ghraib donde hubo vía libre para las golpizas, humillaciones sexuales, amedrentamiento con perros rabiosos y demás lindezas consideradas «crueles e inhumanas» por la Cruz Roja Internacional e inexplicablemente la dirigencia de la colectividad judía le pidió respaldo a sus reclamos de justicia por las voladuras de la Amia y la embajada de Israel. Kirchner no quiso recibir al personaje y en la cena formal de agasajo, tanto el ministro de Justicia, Alberto Irribarne, como el de Interior, Aníbal Fernández le señalaron que la Argentina adhiere a la convención de Ginebra. Por eso sonó a ridículo el elogio de los hombres del Departamento de Estado, Burns y Shannon a la política sobre derechos humanos del gobierno argentino.
A este último Kirchner lo recibió con un abrazo, ya lo conocía de otro viaje. Fue cuando los dos funcionarios concurrieron a la Rosada a hablar con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. En el gabinete que jamás se reúne, hay ministros fuertes y los normales. Julio De Vido está entre los primeros y es el que mantiene contactos fluidos con Shannon. Y con Hugo Chávez, un típico peronista pragmático.
Un lenguaje inusualmente cordial
Para ese estilo cuidadoso con que actuó la visita, acaso algo tuvo que ver el hecho de que al embajador norteamericano, Earl Wayne, que se lleva bien con Kirchner habitualmente, una información periodística lo ubicó protestando por la negativa local a que se venda a un grupo estadounidense a la empresa Transener (redes de alta tensión) que controla Petrobras. Le valió una reprimenda presidencial. Por el contrario hicieron lo indecible para olvidar el encontronazo verbal.
Va de suyo que la sombra de Chávez estuvo presente en los encuentros y también Cuba (Burns insistió en que Fidel Castro no regresa al gobierno) y Bolivia. La idea global fue alentar a que Brasil y Argentina mantengan el liderazgo en la región que supone otorgarle a los dos fuertes una misión delegada. A propósito de Venezuela: hay esta semana en Asunción, ya que Paraguay es presidente pro témpore, un nuevo encuentro del grupo del Mercosur que cuida el cumplimiento por parte de Caracas de las condiciones por la que fue aceptado como socio y las cosas andan ahora sobre rieles.
Se conocen los acuerdos profundos que Argentina tiene con Venezuela y lo que no gusta de Hugo Chávez, por lo que el papel de moderadores que Washington pidió acá y en Brasilia, están limitados a los consejos en reuniones recoletas.
La ofensiva diplomática norteamericana, nada sustancial, va a cambiar en las relaciones bilaterales. Sobre todo porque los visitantes hicieron saber que un acuerdo con el FMI es necesario para negociar la deuda argentina con el Club de París. Es un dato a recordar, así como la señal emitida por la visita: que Washington a pesar de Irak, tiene política para esta parte del mundo como lo confirma la gira que hará Bush.
La Argentina fue designada en tiempos de Carlos Menem como aliada extra-Otan. En términos de lo que se discute ahora esa condición, sostienen en Defensa, no cambiara en nada las cosas. No se reanudan los ejercicios comunes ya que no se dará inmunidades a efectivos de los EEUU. Hay una política para ir desmantelando agregadurías militares, dejando vivas las que sirvan para los objetivos exteriores del gobierno. Bruselas no entra en esa categoría. La ciudad, se sabe, acoge las oficinas de la OTAN. Se supone que eso no influirá en el deseo de mantener relaciones maduras con la organización militar. *
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