Londonistán

Sábado 10 de febrero de 2007 | 2:05
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El título de este artículo no me pertenece. Según el periodista británico Daniel Johnson (1) fue acuñado por servicios de inteligencia occidentales en la década de los noventa y Melanie Philips, una periodista también británica, ex editora de “The Guardian” lo utilizó para titular su libro sobre el peligro del terrorismo musulmán en Inglaterra. En su libro, recientemente editado, la autora analiza la crisis de identidad provocada por el ataque terrorista al sistema de transportes de Londres en julio de 2005. Para Philips, la revelación de que los autores del ataque no eran extranjeros, sino jóvenes musulmanes nacidos en Gran Bretaña, revela el fracaso de toda una política de integración. Philips señala que los autores del atentado “no solo repudiaron valores británicos sino los más elementales códigos de humanidad”. El líder de los terroristas, Mohammed Sidique Khan, grabó un video surrealista, en el cual hablando con un acento de Yorkshire, acusó de su acto de asesinato masivo a las “atrocidades británicas contra mi pueblo” refiriéndose a la Umma musulmana. El es fiel al Islam tal como él lo entiende, y no a su país natal.

Philips da algunas cifras interesantes. La comunidad musulmana británica cuenta con más de 2 millones, lo que es menos del 3% de la población. Según funcionarios de Inteligencia hay unos 16.000 musulmanes británicos que desarrollan actividades terroristas o apoyan al terrorismo. De estos, unos 3000 han sido entrenados en campos de Al Qaeda en Pakistán o en Afganistán.

Una de las principales preocupaciones de la autora es que los llamados musulmanes moderados no son moderados en absoluto y sólo difieren en cuestión de grados con los reclutadores para la jihad. Pone el ejemplo de Iqbal Sacramie, el secretario general del Consejo Musulmán de Gran Bretaña. Se hizo famoso apoyando a la fatwa del Ayatollah Khomeini contra Salman Rushdie, ha justificado públicamente atentados suicidas de Hamas, boycotea actos de recordación del Holocausto y no oculta una posición antisemita militante.

Pese a ello, en un acto de discutible equilibrio, le fue conferido el título de sir junto con el gran rabino de Gran Bretaña, Jonathan Sacks.

Philips censura acremente la actitud permisiva de muchos políticos y altos funcionarios británicos hacia el Islam radical. Como ejemplo, cita el caso de que los organismos de seguridad convencieron al gobierno de no cerrar mezquitas de carácter extremista y de no ilegalizar una organización militantemente islamista como Hizb ut Tahrir.

Esa complacencia, a su juicio suicida, tiene su origen en una constelación ideológica conformada por el multiculturalismo, un relativismo epistemológico y moral y una noción pervertida de los Derechos Humanos que ha servido para vaciar la cultura británica tradicional. Philips sugiere la adopción de medidas mucho más enérgicas de control de la comunidad musulmana en Gran Bretaña que las que existen actualmente, para lo cual no hay un consenso a nivel gubernamental. Algunos críticos de Melanie Philips la han considerado alarmista, pero día tras día, nuevas evidencias parecen darle la razón. Una nueva encuesta del Instituto Pew indicó que una proporción mayor de musulmanes británicos tiende a tener una posición radical que musulmanes de otros países europeos. Un 56% opinó que los árabes no habían sido responsables por el atentado a las Torres Gemelas, un 69% adjudicó cualidades negativas a los occidentales, un 24% dijo que en ciertas circunstancias los atentados suicidas se justificaban. Otro estudio realizado por el diario “Sunday Telegraph” encontró un alto porcentaje de radicalización en los musulmanes británicos más jóvenes.

Un 37% de ellos, con edades comprendidas entre 16 y 24 años, dijo que preferiría vivir bajo la Sharia y no bajo la ley británica, en comparación con un 17% entre los mayores de 55 años. Un 86% dijo que su religión es lo más importante en sus vidas, un 74% dijo que preferiría que las mujeres usen el velo y un 7% admitió admirar a organizaciones terroristas como Al Qaeda. Teniendo en cuenta la enseñanza que reciben los jóvenes musulmanes en Gran Bretaña, estos resultados no son demasiado sorprendentes. El miércoles pasado la BBC informó de un nuevo escándalo cuando un ex maestro de una escuela islámica en el oeste de Londres financiada por Arabia Saudita, acusó a la dirección de utilizar libros de texto ofensivos contra el cristianismo y el judaísmo. El maestro, que inició un pleito a la escuela por despido injustificado, sostiene que sus diferencias con la dirección de la escuela comenzaron cuando denunció fraude en los exámenes.

El prestigioso semanario “The Economist” en su edición del 3 de febrero dedica 14 páginas a un informe especial sobre Gran Bretaña, a la cual dedica su sección habitual, además de un editorial. El subtítulo del editorial es elocuente : “Nunca estuvimos tan bien”.

Pero pese a la satisfacción por los logros económicos del país y por su exitosa adaptación al mundo globalizado, el semanario británico no deja de expresar su preocupación por el peligro del terrorismo islámico en Gran Bretaña.

En un comentario acerca del último complot para secuestrar a un soldado británico musulmán y decapitarlo de manera ejemplarizante, dice “The Economist”: “El problema es que pequeños números de musulmanes británicos están atraídos por la ideología de la jihad global y no es fácil predecir quiénes serán.” Pero el semanario británico no oculta que la política de tolerancia multiculturalista ha fracasado y lo dice con la clásica flema británica: “Se solía creer que el tiempo y la convivencia llevarían a una sociedad integrada, con un amplio espectro cultural de orígenes diferentes.

Pero ahora muchos creen que el multiculturalismo ha llevado en cambio a lo que Amartya Sen, un economista llama ‘monoculturalismo plural’, grupos que viven uno junto al otro sin tocarse”. *

 

1) En una reseña en la revista norteamericana “Commentary” de julio-agosto 2006.

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