
Con la reversión al dominio del Estado del complejo metalúrgico Vinto (380 kilómetros al sur de La Paz), el gobernante socialista dio inicio además a una nueva era de industrialización de las materias primas bolivianas.
“Llegó la hora de industrializar todos nuestros recursos naturales, renovables, no renovables, metálicos, no metálicos”, proclamó el mandatario en un acto público, en el que Estado tomó el control administrativo, técnico, jurídico y financiero de la planta.
La medida generó dudas en los obreros del complejo que inicialmente forcejearon con fuerzas militares para impedirles el paso a la planta, pero tras recibir seguridades de que habrá estabilidad laboral y de que el gobierno invertirá pronto unos 10 millones de dólares, aplaudieron la nacionalización.
La minera Sinchi Wayra, filial boliviana de Glencore, no había comentado de inmediato la expropiación de sus activos.
La reversión del complejo metalúrgico arrancó aplausos de la opositora Unidad Nacional (UN, centroderecha) y críticas de la conservadora Podemos, del ex presidente derechista Jorge Quiroga.
El gobierno alegó irregularidades en la adquisición de Vinto por parte de la trasnacional suiza.
La planta, valuada en 90 millones de dólares, fue transferida en 1997 por el Estado a la inglesa Allied Deals, por diez millones de dólares.
Tras su quiebra, la vendió en el año 2000 a la empresa Compañía Minera del Sur (Comsur), de propiedad del ex presidente ultraliberal y poderoso empresario minero Gonzalo Sánchez de Lozada, en apenas 6 millones de dólares, según el gobierno.
Tras haber sido derrocado por una insurrección popular en octubre de 2003, Sánchez de Losada se exilió en Estados Unidos y, paralelamente, transfirió el 61% del paquete accionario de Comsur a la empresa Sinchi Wayra, administrada por la suiza Glencore, por un precio no divulgado.
Frente a este cuadro, Morales pidió en su discurso “con mucho respeto que los empresarios privados y transnacionales operen dignamente, transparentemente.
Esas transnacionales que operan de manera oculta, a ésas no las vamos a perdonar, porque hay que hacernos respetar”, señaló.
El mandatario, que se propone hacer crecer la economía de su país a un ritmo del 7 %, alabó las potencialidades de sus nacionalizaciones y sustentó, en cambio, que “el liberalismo, neoliberalismo, no ha sido solución y ha sido la descapitalización del Estado”.
La estatización de los recursos naturales permitirá que “junto a trabajadores, campesinos y profesionales apostemos por una nueva Bolivia”, propugnó.
“Hemos comenzado a cambiar Bolivia”, proclamó, al tiempo que expresó su deseo de que esta nación andina pueda “crecer como Cuba”.
“Cuba es el medallero en crecimiento económico, como decía Chávez, alcanzó el 11,5% de crecimiento económico y luego 12%, seguido por Argentina y Venezuela”, subrayó.
En abono de su política nacionalizadora -que cuadruplicó los ingresos del gas natural- Morales señaló que “en Bolivia, el año pasado, dejamos de ser el antepenúltimo país más atrasado en crecimiento económico”. *
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