En grandes distritos, el presidente argentino no tiene aún candidatos ganadores

Argentina: Cristina Kirchner instala internacionalmente sus pretensiones

De todas maneras, los principales líderes opositores ven con escepticismo que la dama sea la pretendiente. Suponen que es un ardid diversionista de Kirchner.

Cristina va en su nombre para suscribir con Jaques Chirac un convenio internacional sobre la desaparición forzada de personas, impulsado en su hora por Argentina y Francia, que fue aprobado por las Naciones Unidas.

Esta es la primera convención que reconoce urbi et orbi tal aberración como delito de lesa humanidad y reafirma el derecho a la verdad, la reparación y la justicia. Además, obliga a los Estados a instrumentar medidas para la prevención, investigación, procesamiento y castigo de los responsables. Nada más actual para varios países sudamericanos.

Estos trajines adquieren especial interés al crecer aquí la resistencia ultraderechista al juzgamiento a los represores a los derechos humanos. Por un lado se asiste a la estrategia de la dilación mediante chicanas de toda clase o que en el interior muchos jueces cajoneen los expedientes. La respuesta oficial ha sido la de ir creando nuevas secretarías para quitarle a los remisos esas carpetas. Por el otro lado está el secuestro irresuelto del albañil Jorge López. No es la mejor carta de presentación para la senadora que el Estado sea incapaz de resolver el caso. Y está al destape lo que ocurrió sobre represión clandestina cuando Juan Perón y su heredera, Isabel, fueron gobierno. Se trata de los crímenes de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA). Una digresión. Carlos Kunkel, diputado nacional que fuera en los años de 1970 el «jefe político» de Kirchner, salió a apaciguar los ánimos después de que el sindicalismo de prosapia peronista advirtiera que «con Perón no se jode». «Perón no tuvo nada que ver con la Triple A», dijo casi angelicalmente quien se considera la voz oficiosa del presidente. Pero luego el gobernador bonaerense, Felipe Solá, entró al debate apoyando la apertura de la investigación sobre el pasado. Es que nadie tiene poder de veto cuando de la memoria histórica se trata.

 

Con los oropeles de una candidata firme

Retornemos a Cristina. Nunca antes Kirchner le había encomendado que lo represente en el exterior. Darle esa investidura no es un capricho. Chirac había invitado en setiembre a Kirchner a viajar a París para participar del acto que se realizará el martes en el Quai de Orsay. Ocurre que Kirchner, que conoció a su par francés poco después de recibir los óleos presidenciales y pareció anudar un vínculo interesante, especialmente por el respaldo del Elíseo a su política de derechos humanos, entró más tarde en cortocircuito con París. Negocios, sobre todo, y algunas desprolijidades diplomáticas.

Hoja con verde, parra, dice el refrán. Viaje en nombre del Poder Ejecutivo en vísperas de que se designen los pretendientes para octubre, es lanzamiento. Jamás se dirá eso. Sí claro que se trata de una ceremonia de importancia política que reclamaba la presencia de la senadora nacional más influyente del país en tiempos, vale la pena reiterarlo, en los que respaldos externos a la política de derechos humanos son bienvenidos.

Sea porque los sondeos no son, por ahora, muy generosos con Cristina, es decir, la dan primero, pero con algún imprevisto de que pueda vencer en el primer turno, o sea porque sirve a las picardías oficiales en materia política, es que Kirchner quiere estirar lo máximo posible la definición de su futuro y el de la dama. Ahora bien, donde se pone la oreja en un lugar oficial se habla de la senadora como si fuera la candidata y que este viaje es el inicio informal de su campaña. Para darle más contexto a esa imaginación vale la pena ver la agenda de la senadora. Tiene una cita el mismo día de la firma del convenio internacional con la candidata a la presidencial por el socialismo, Ségolène Royal. Esa veta socialdemócrata, no demasiado de izquierda, o el discurso de Hillary Clinton, lanzada a la carrera presidencial en Estados Unidos, y también Michelle Bachelet, son el non plus ultra de lo que quiere transmitir Cristina Fernández. Por diplomacia y por si las moscas, la viajera también charlará con el candidato de la derecha, Nicolas Sarkozy.

El caso del ex capitán Astiz, condenado en Francia a perpetua por el secuestro y la desaparición de las religiosas Léonie Duquet y Alice Domon, tan actualizado la última semana por aquí, será allí también relevante. De alguna manera el «ángel rubio» comprende que su nombre en París rebana su estrategia de ir estirando su juzgamiento con atajos que no van a ningún lado. Acaso por eso buscó mezclar a los servicios secretos galos en el secuestro de dos monjas francesas, caso por el cual está juzgado aquí, condenado a perpetua allá.

 

Una oposición desconcertada

Los juegos oficiales complican a los candidatos de la oposición con mayor espacio. Elisa Carrió promete para marzo fijar quienes serán sus aliados. Parecía un hecho que el socialismo acordaría con la mujer, pero en el viejo partido saltó un sector que quiere debatir al menos la idea oficial del frente de centro-izquierda.

El PS fijó como línea «ni Kirchner ni (Roberto) Lavagna,» el ex ministro de economía que está lanzado a la poltrona presidencial. Pero el socialismo bonaerense habló con Kirchner y el temor a la cooptación puede llevar al PS a una nueva división.

Lavagna tampoco las tiene fáciles. Su principal aliado, y sostén, la UCR, está partida en tres. Lo reconoció Raúl Alfonsín, quien pergeño esa candidatura: «Sólo un 30% de ese partido» respalda al ex ministro de Economía.

Fue como decirle a Lavagna que su nombre no concita entusiasmos. También es presionar para que se coloque como vice a un UCR bonaerense. De suyo esta realidad obligará al hombre que condujo la salida del default a revisar su estrategia. Por ahora comunica que no se deja presionar. Y está Mauricio Macri, que no atina, en este desconcertante cuadro, a definir si peleará por la presidencia, como proclama, o irá por la jefatura del gobierno porteño, donde las divisiones en el universo kirchnerista, las dificultades del centroizquierda no K, le podrían dar un chance real. El distrito porteño es emblemático. Ningún partido histórico puede mojar algo y así surgen nuevas y frágiles coaliciones con nuevos referentes.

Curiosa situación. En la Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, aunque hay más, las elecciones locales, sea por ley, sea por oportunismo, irán separadas de las nacionales de octubre. Eso genera no sólo una cabalgata de comicios que se inicia el mes próximo en Entre Ríos, con los costos que ello demanda, sino que además pone a Kirchner ante una paradoja: la posibilidad de que en algunos de ellos no ganen los de su total fervor, pese a que en la presidencial él ­o ella­ tiene por ahora el horizonte más o menos claro.

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