La tumba de Josué en llamas
Naplusa, Cisjordania, AFP
En el noveno día de violencias, que dejaron 88 muertos en los territorios palestinos e Israel, y dos muertos palestinos en el Líbano, el ejército israelí reconoció que tres de sus soldados fueron capturados «probablemente» por el Hezbolá chiíta libanés.
El movimiento chiíta había anunciado esa captura, afirmando que había capturado a los uniformados israelíes durante una emboscada cerca de las granjas de Chebaa, en la frontera entre el Líbano, Israel y Siria.
El ejército israelí afirmó que «hará todo para encontrarlos y llevarlos de vuelta a casa, sanos y salvos».
En Beirut, un responsable libanés que pidió el anonimato, aseguró que Israel debe poner en libertad a todos los prisioneros palestinos que están en sus cárceles, si quiere recuperar a sus soldados capturados.
Al mismo tiempo, el Hezbolá amenazó con atacar a civiles israelíes en el caso de operaciones de represalias contra el Líbano. Israel indicó además que tres de sus soldados habían sido heridos y el viceministro israelí de Defensa, Efraín Sneh, amenazó abiertamente a Siria con represalias después del ataque del Hezbolá.
«Ahora, el papel de Siria es poner término rápidamente a esta agresión, de lo contrario será blanco de nuestra respuesta», advirtió Sneh al canal de televisión estadounidense CNN.
Este operativo del Hezbolá es el primero de este tipo luego de la partida, el 24 de mayo, de los soldados israelíes del sur del Líbano, de un sector que ocuparon durante 22 años.
La operación fue lanzada mientras en la frontera libanoisraelí se realizaba una manifestación de refugiados palestinos que dejó dos muertos palestinos por disparos de soldados israelíes, y 24 heridos, según fuentes de hospitales.
En un comunicado, el primer ministro israelí, Ehud Barak, apremió a los gobiernos de Beirut y de Damasco a poner fin inmediatamente a «toda actividad hostil» en la frontera.
En cambio, el primer ministro libanés, Salim Hoss, responsabilizó a Israel por los incidentes en la frontera.
La mañana de ayer sábado, el ejército israelí evacuó la Tumba de Josué, lugar santo de los judíos ortodoxos.
Pero esa operación, que en principio debía aplacar la tensión, se transformó en una «catástrofe», según expresiones de un general israelí.
Efectivamente, cientos de palestinos desconocieron las órdenes de la policía palestina y se amontonaron en la tumba para destruirla.
El jefe del ejército israelí en Cisjordania, el general Benny Gantz, evocó inclusive un posible regreso de los soldados israelíes a ese lugar, escenario de fricciones en el corazón de Naplusa.
En el terreno, un manifestante palestino murió este sábado alcanzado por balas de soldados israelíes cerca de la colonia judía de Netzarim, en la Franja de Gaza, y otro que había sido herido el viernes en Naplusa, falleció también este sábado.
Entre tanto, el presidente norteamericano, Bill Clinton, anuló este sábado un viaje a Ohio, debido a la situación en Medio Oriente, indicó un portavoz de la Casa Blanca. «Debido a los hechos acaecidos, decidió que será mejor quedarse en Washington», declaró Nanda Chitre.
En Túnez, el secretario estadounidense de Defensa, William Cohen, advirtió contra los riesgos de que la situación en Medio Oriente se convierta en algo fuera de control y abogó por un «inmediato cese del fuego».
Desde el archipiélago español de las Baleares, el presidente palestino, Yasser Arafat, acusó a Israel de haber instaurado un «plan militar y económico, un verdadero sitio de los territorios palestinos para hambrear a nuestro pueblo, para que la situación estalle».
En el mundo árabe continuaban este sábado las manifestaciones contra Israel, algunas de ellas adquiriendo un carácter violento como Egipto, donde 22 personas resultaron heridas en choques con la policía. Por su parte, el representante personal del secretario general de la ONU exhortó este sábado en Beirut a Líbano e Israel a que liberen, «sin tardar», a sus respectivos prisioneros.
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