OPINION INTERNACIONAL

Un poeta en Bogotá

LOS POETAS tienen la virtud, algunas veces, de expresar la realidad de manera insuperable o de anticiparse al futuro. Esto es lo que aconteció con las palabras del poeta colombiano William Ospina en el I Congreso del Polo Democrático Alternativo (PDA) efectuado a comienzos de diciembre en Bogotá. Se situó en la misma tónica de la unidad que Carlos Gaviria, Antonio Navarro Wolf y el veterano Orlando Fals Borda, a quien hicimos referencia en nota anterior, pero su visión abarcó las corrientes profundas de la sociedad, en particular los indígenas y afrodescendientes, sus tradiciones y culturas en todos los aspectos, en una pieza de gran belleza literaria.

 

Los valores autóctonos

El poeta partió de la afirmación cardinal de que «el secreto del triunfo de un proyecto generoso y democrático en Colombia está en la conquista de la unidad» accesible a través de un diálogo sincero y franco en el «intercambio de memorias y sueños». En ese sentido, frente a quienes «niegan que los indígenas y descendientes de Africa jueguen un papel importante en nuestra cultura», exaltó «nuestro presente y nuestro pasado indígena, nuestro mundo afroamericano, las selvas, los ríos de barro, los caimanes, los jaguares, las dantas, los chigüiros, la mayor variedad de aves del mundo (aquí recordé el Arte de Pájaros de Neruda), la mayor variedad imaginable de climas». Tras una referencia irónica a quienes le cantan a los ruiseñores («los únicos pájaros que no existen en esa geografía») o festejan la Navidad en el trópico con bolitas de nieve, aludió a la figura casi caricatural de Miguel Antonio Caro, «que nos dejó durante cien años de soledad una Constitución para la que no había ni indios ni negros ni selvas ni tierra caliente ni lluvias del Chocó ni malocas amazónicas ni el bastón susurrante del chamán ni el arrastrar de cadenas invisibles de la cumbia ni la frenética electricidad de los danzantes del mapalé».

En sus imágenes, la franja amarilla de la bandera representa «nuestra presencia en la región equinoccial de América, en la franja solar donde se produce la mayor diversidad de la vegetación y de la fauna, en el paralelo cuatro que genera buena parte del oxígeno planetario, la franja del oro sagrado de los pueblos precolombinos, la tierra de los hombres del maíz, la tierra fecunda de todos los mestizajes, la franja con mayor actividad eléctrica del planeta, con la regeneradora capacidad de producir oxígeno que tiene nuestra atmósfera».

 

El tesoro de las lenguas, las artes y los saberes

Este fragmento de la intervención del poeta Ospina implica de una crítica punzante a las concepciones eurocentristas, que miran América con los ojos del viejo mundo. Reivindica «los grandes tesoros de la lengua, enriquecidos por el diálogo con las lenguas indígenas, africanas, gitanas; el tesoro de nuestras artes, los tesoros no divulgados de nuestra gran literatura, la saga de los ferrocarriles y la saga de la navegación por el Magdalena». Menciona «las láminas de la Expedición Botánica y el refinamiento del tesoro Quimbaya, bienes fundamentales de nuestra cultura injustamente retenidos por el gobierno español», así como la rica arquitectura en madera de las fincas de la zona cafetera.

Se pronuncia por un diálogo respetuoso con los conocimientos de las comunidades indígenas sobre el mundo natural. Afirma: «Yo sé que la farmacia del futuro para el planeta está en nuestras selvas. Sin darle la espalda al gran saber científico de la modernidad, hay que enriquecerlo con el conocimiento de muchas culturas nativas, de nuestra propia tradición». No es el único que piensa así. Por ejemplo, en Vietnam, como tuve ocasión de comprobarlo, los estudios de medicina y de farmacodinamia conjugan los aportes de la ciencia moderna con las tradiciones trasmitidas a lo largo de más de dos mil años. En la facultad se enseña lo uno y lo otro, y frente a cada enfermo se analiza la terapéutica más adecuada.

No podía faltar una referencia expresa a la música: «Nuestro mestizaje en el arte y en la música ha sabido recibir y fusionar el legado de las grandes tradiciones americana, africana y europea. Concertar y armonizar instrumentos distintos, voces diferentes, ritmos y melodías diversos. Y nuestra música sí que es una síntesis prodigiosa de todos esos componentes».

 

Cerca de los manantiales

Desde Colombia la visión se eleva al mundo: «La epopeya del futuro inmediato es salvar al planeta de la codicia, de las depredaciones del gran capital, de las pestes de la guerra. Colombia es una de las trincheras de la biodiversidad, de la defensa del agua y del oxígeno, de la diversidad humana y cultural. Nosotros estamos cerca de los manantiales. Aquí está el porvenir». *

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