Asignaturas pendientes de Europa y España
Resulta irónico que a medio siglo de la firma del Tratado de Roma en 1957, que fundó no solamente la Comunidad Económica Europea, sino también la Comunidad Europea de Energía Atómica, predecesoras de la actual Unión Europea, la escasez energética persiste. Entonces, la competencia por el carbón y el acero, los recursos que se ofrecía compartir en la Declaración Schuman de 1950, amenazaba el futuro de Europa. Ahora el petróleo y el gas acechan.
Por otro lado, en España, la lacra del terrorismo que se alimenta en la excusa de la peculiaridad nacionalista, se resiste a abandonar el centro del escenario. Estas son dos asignaturas pendientes de España y Europa que frenan su progreso y estabilidad, por otra parte comparativamente impresionantes. Eran dos retos que el tiempo resolvería.
Con el fin de evitar las guerras que habían asolado a Europa desde tiempo inmemorial, Jean Monnet tuvo la idea genial de secuestrar las industrias imprescindibles para construir armas. En lugar de luchar por su monopolio, se resolvía ubicar los recursos entonces disponibles, luego escasos, bajo una administración común.
Entonces los diversos imperios se apresuraban por conseguir el control del territorio donde se encontraban los recursos energéticos. El apetito del consumo, el agotamiento de las fuentes, y la necesidad de acudir a otros suministros, convirtieron a Europa en rehén de sus vecinos y distantes proveedores.
La Unión Soviética no consiguió vencer a través de la amenaza nuclear. Lo intenta ahora con el chantaje del gas y el petróleo. Europa no sabe cómo compaginar su mandato de plasmar una soberanía compartida con su lucha contra el monopolio y el fomento de la libre competencia.
Unos países son celosos de la hegemonía relativa de sus grandes empresas energéticas y se niegan a cercenar los vínculos entre la producción de la electricidad y su distribución. Otros no han renunciado a la generación de fluido de origen nuclear, ante la alarma y la protesta de ecologistas y grupos políticos de la ultraizquierda.
España, curiosa excepción desde el escarmiento de las limpiezas étnicas de la antigua Yugoslavia y el adiós a las armas declarado por el IRA irlandés, todavía tiene injertado un parque jurásico que se creía extinguido: el terrorismo de ETA. Disminuido considerablemente su valor de reclamación por la consolidación de la democracia española, su justificación sufrió una nueva bajada de cotización al final de la Guerra Fría, y parecía que con el 11 de Setiembre su estrategia violenta había sido relegada al basurero de la historia.
De ahí que, tras un largo periodo de calma, al menos sin causar muertes, a nadie sorprendiera que el pasado año anunciara una tregua indefinida y la oferta de abrir un proceso de paz. El gobierno español tomó este anuncio positivamente, confiado de que la organización terrorista se había dado cuenta de sus limitaciones.
Parecía que se había entrado en la recta final y se contemplaban los detalles de la negociación, aunque cuestionada por las asociaciones de los familiares de las víctimas y la oposición del Partido Popular. Pero con el contundente atentado al aparcamiento del aeropuerto de Madrid el 30 de diciembre pasado y el vil asesinato de dos inmigrantes ecuatorianos, la perversa asignatura pendiente reclamó el protagonismo.
España y Europa comparten de nuevo las lacras endémicas. De nada parece que haya servido tratar de borrar las causas de la inseguridad y el miedo que llevaron a las guerras. Se creyó resolver la amenaza de la inseguridad alimenticia por la Política Agrícola Común que garantizara unos ingresos mínimos a los granjeros. Ahora Europa se debate entre el desarrollo de la energía nuclear y los fluidos renovables.
En España se creía en la coexistencia del concepto nacional abierto, basado en el llamado patriotismo constitucional con el respeto de las peculiaridades culturales y lingüísticas. Se confiaba en que el desarrollo social y económico haría enmudecer la furia ideológica, en lugar del fin de la historia. Se ha testificado el desenterramiento de los males que desembocaron en la Guerra Civil y presidieron el franquismo.
Europa está libre del terror por la inseguridad física que aqueja a Africa y América Latina. Pero está todavía atrapada por las deudas económicas e históricas del pasado. *
(*) Es Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.(COPYRIGHT IPS)
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