
En su discurso Bush pidió una mayor “libertad política” en Cuba, Belarús y Birmania.
La Casa Blanca había informado que: “El presidente llamará al Congreso a aprobar una reforma migratoria completa”, al adelantar los principales temas que plantearía Bush en su discurso anual al Congreso, controlado este año por primera vez por los demócratas desde que llegó al poder hace seis años.
“Tenemos que tratar el problema de la inmigración ilegal y tener un sistema que sea seguro, productivo, ordenado y justo”, añadió el documento transmitido a la prensa por la presidencia estadounidense, antes del discurso sobre el estado de la Unión.
Según el texto, la ley deberá “garantizar la seguridad de las fronteras, mejorar las medidas policiales (…), crear un programa de trabajo temporal y resolver, sin animosidad y sin amnistía, la situación de los inmigrantes que ya están aquí, así como promover la asimilación en nuestra sociedad”.
Bush debe asimismo pedir que “todos los elementos sean tratados juntos”, porque en caso contrario, “no se solucionará ninguno”, aunque el documento de la Casa Blanca no fijó plazo para la aprobación de la ley.
El año pasado, la reforma migratoria prometida por Bush hace tres años quedó bloqueada en el Congreso por la oposición de los republicanos de la Cámara de Representantes, que sufrieron una severa derrota en las elecciones de noviembre tras centrar su campaña en la lucha contra la inmigración ilegal.
El Congreso sólo aceptó la construcción de un muro de cerca de 1.200 km en la frontera con México, a pesar de las multitudinarias manifestaciones celebradas por todo el país de marzo a mayo para exigir la regularización de los indocumentados.
La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el jefe de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, ya se comprometieron a trabajar con el presidente si demostraba en su discurso la voluntad de sacar adelante una reforma que prometió hace tres años exactamente.
Hace un mes, Bush había manifestado su intención de trabajar con los demócratas y su propio partido para poder cumplir este año su promesa de reformar el sistema de inmigración y crear un sistema de trabajo temporal para los extranjeros, que abriría el paso a la regularización de millones de indocumentados.
Para aumentar la presión sobre el Congreso, una amplia coalición ha sido creada la pasada semana que incluye a sindicalistas, empresarios, obispos, así como organizaciones hispanas.
A pesar del compromiso de Bush y de los demócratas, el futuro de la reforma todavía no está muy claro.
Como advirtió el senador hispano Ken Salazar (Colorado), el tema debe ser tratado antes de que el país entre plenamente en la campaña para las presidenciales de 2008 y se compliquen así las posibilidades de aprobar una reforma que los republicanos bloquearon en septiembre antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Además, Bush deberá convencer a su propio partido de no bloquear la ley.
En el Senado, “los republicanos menos favorables a la reforma tienen la posibilidad de bloquearlo o hacerlo muy difícil”, explicó el analista, en alusión a los 41 votos sobre 100 que pueden impedir la aprobación de un proyecto de ley o las trabas que se pueden poner para retrasar el debate. *
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