Detrás de ciertas cifras cubanas
El Principito, si no recuerdo mal, quería saber qué cosas había atrás de las cosas. Del mismo modo, interesa saber qué se oculta detrás de ciertas cifras. En los primeros días del mes, coincidiendo con el 48º aniversario de la revolución, se informó que Cuba registró en 2006 una tasa de mortalidad infantil de 5,3 por cada mil nacidos vivos. Es un dato relevante para el país, para el continente y para el mundo.
Esta cifra es la más baja de la historia de Cuba, la más baja de América Latina y la segunda de todo el continente después de Canadá. En América Latina en su conjunto el guarismo alcanza 65 por mil, o sea 12 veces mayor. En Cuba era de 60 por mil a la hora del triunfo de la revolución. En este casi medio siglo se salvó la vida de cientos de miles de niños mediante el esfuerzo sostenido por reducir la mortalidad infantil, una constante de la labor de la sociedad cubana. Recuerdo que en diciembre de 2001 yo estaba en La Habana en el X Encuentro del Foro de São Paulo (hace unos días acaba de efectuarse con éxito la XIIIª edición en San Salvador, después de la XIª en Guatemala y la XIIª en San Pablo) y le pregunté ese dato a Fidel Castro, que me dio sin vacilar la cifra exacta: 6,29 por mil. Desde esa fecha ha seguido bajando sistemáticamente y se proponen seguir por ese camino. En la «Biografía a dos voces» de Ignacio Ramonet, que he venido citando en notas anteriores, el líder cubano pronostica que su país «se encamina a menos de 5 y tal vez a menos de 4 en un futuro no lejano, para ocupar el primer lugar en el continente» (página 488).
Agreguemos, en referencia a la niñez, que según datos de la ONU Cuba posee una escolaridad de 99% en la enseñanza primaria, y también en la secundaria. La primer gran campaña emprendida por la revolución fue la erradicación del analfabetismo, en la que se enrolaron cientos de miles de cubanos y cubrió en un año con éxito total hasta el más alejado rincón del país y las zonas de difícil acceso.
En el mismo capítulo 25 del libro, titulado «Cuba hoy», Fidel Castro se refiere a la prolongación de la perspectiva de vida de la población cubana, en crecimiento a lo largo de estos años. Ahora alcanza a algo más de 77 años y medio, a partir de aproximadamente 60 años al 1º de enero de 1959. Son 17 años de vida más para cada ser humano. Ello deriva de la excelencia de la asistencia médica, al servicio de toda la población, sin discriminación de ningún tipo.
El presupuesto de Cuba en el año 2007 para educación y salud es el 22,6% del PBI, cuatro veces la media regional.
Hoy Cuba tiene por lo menos 15 médicos por cada uno de los que quedaron en el país después de la estampida que siguió al triunfo revolucionario. Son más de 70 mil, y de ellos muchos miles se encuentran en el exterior brindando servicios solidarios. Hay 25 mil estudiantes de medicina, cifra que se triplica con creces si se considera a los de estudiantes de otras ciencias médicas, licenciados en enfermería y en carreras diversas relacionadas con la salud. Se crearán muchas nuevas escuelas de medicina en otras ciudades, con excelentes condiciones materiales, equipamiento, medios audiovisuales y programas interactivos. «Estamos luchando por crear el mejor capital médico del mundo», sintetiza Fidel Castro. «Y no sólo para nosotros, sino para los pueblos de América Latina y otros pueblos del mundo». La Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam), situada en La Habana y en la cual hemos estado en contacto con estudiantes uruguayos, tiene previsto albergar 12 mil estudiantes. Ya hay 2 mil bachilleres bolivianos. Varios países solicitan a Cuba que les ayude a la formación de médicos. Hay un plan para formar, en el curso de los próximos diez años, unos 100 mil médicos latinoamericanos.
A esto se agrega la conocida Operación Milagro, en cooperación con Venezuela, que ya le ha devuelto la vista a unos 300 mil latinoamericanos y caribeños. Los uruguayos lo conocemos bien. Son servicios gratuitos, inspirados en la solidaridad, en que participan más de 30 mil trabajadores de la salud en 60 países. No es por cierto el único caso. La participación de los médicos cubanos es absolutamente decisiva para la campaña por la erradicación del sida en Africa, sobre todo en la subsahariana, planteada por la ONU. Cuba ya envió tres mil médicos y ofreció cuatro mil, mientras EEUU y Europa juntos no han logrado enviar un millar.
Hay más. Cuba creó el Contingente Internacional de médicos especializados en situaciones de desastre y graves epidemias, que lleva el nombre de Henry Reeves. Ese contingente despachó mil médicos ante el terrible ciclón que azotó Centroamérica en el otoño (boreal) de 2005. Y escribió una página insuperable de heroísmo y de humanismo al actuar en las altas montañas de Cachemira sacudidas por un terremoto tremendo en el invierno de 2005, compartiendo las condiciones de vida dramáticas de la población y salvando vidas humanas al riesgo de la propia, con absoluto desinterés.
Este espíritu internacionalista se expresó desde el comienzo. Cuba apoyó a los patriotas argelinos en la lucha contra la potencia colonial francesa. (Hace poco se recordó la magnífica película de Pontecorvo, «La batalla de Argelia»). El líder de la República del Congo recién alcanzada su independencia, Patricio Lumumba, recibió el apoyo político de Cuba, y después de su asesinato por la conspiración imperialista, éste se dirigió a sus seguidores. Instructores cubanos apoyaron a los combatientes del Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde, liderado por Amílcar Cabral, por emanciparse de los colonialistas portugueses. También le brindaron solidaridad a Vietnam, y a la pequeña isla de Granada invadida por EEUU en 1983. Son sólo algunos ejemplos, pero no puede omitirse la ayuda brindada al Mpla de Agostinho Neto en la lucha por la independencia de Angola, también colonia portuguesa, frente a los ataques de las tropas racistas sudafricanas en complicidad con EEUU. Estas sembraron millones de minas, arrasaron aldeas completas y asesinaron a más de medio millón de angoleños. Hasta que llegó la batalla decisiva.
Dice Fidel Castro: «En Cuito Cuanavale y en la frontera con Namibia, fuerzas angoleñas y namibias y 40 mil soldados cubanos asestaron un golpe definitivo a las tropas sudafricanas, que contaban con siete bombas nucleares suministradas o ayudadas a producir por Israel con pleno conocimiento y complicidad de EEUU. Esto significó la inmediata liberación de Namibia, y aceleró tal vez en 20 ó 25 años el fin del apartheid».
Las bombas atómicas proporcionadas a Sudáfrica por Israel (que detenta de 50 a 100 de esas armas letales) es una de las revelaciones más impactantes del libro de Ramonet. *
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