CGT a Kirchner: "No jodan con Perón"
A Moyano, que a la vez lidia por su estabilidad como jefe de la mayor central sindical, por la presión de diversos sectores, le venían endilgando que no salía en defensa de lo que consideran un ataque al peronismo. Ya la ortodoxia salió a la calle con su consigna «con Perón no se jode», según el afiche que hizo pegar el influyente sindicato «La Fraternidad» (conductores de trenes).
Ya antes el non plus ultra de la ortodoxia, las «62 Organizaciones» gremiales peronistas, por la voz de su cabeza, Jerónimo Venegas, había dicho: «No podemos dejar que vayan por él», es decir por el hombre que fundó el movimiento justicialista, Juan Domingo Perón Sosa. Venegas sostiene que el PJ tenía más vigencia que nunca: en las elecciones presidenciales de 2003 obtuvo entre los tres pretendientes el 60% de los votos.
Moyano es un aliado de Kirchner que lo bancó cuando ocurrió el desmadre de la ceremonia de traslado de los restos de Perón a un monumento especialmente construido para su tumba final en San Vicente, en el Gran Buenos Aires profundo. Entonces la riña entre grupos antagónicos a Moyano hizo de las suyas y un pistolero a sueldo del camionero dejó estampado de qué manera se dirimen las internas en el sindicalismo de ese color. Cuando parecía que se caía por la presión de sus enemigos gremiales, el Presidente salió en su respaldo. Es que el líder de los camioneros es clave para los tiempos que se avecinan de discusión de los convenios colectivos de trabajo en un año electoral sensible.
De Kirchner oyó Moyano que el gobierno «no influirá con pisos ni techos» en la negociación salarial con los empresarios, que comenzará el mes próximo con La Fraternidad casualmente. Moyano ubicó los reclamos gremiales en aumentos que oscilan entre el 15 y el 30% ya que «las ganancias que obtienen las empresas permiten aumentos de sueldos que no ponen en riesgo ninguna variable económica». Pero es vox populi que el gobierno se propone el 12% por temor a la inflación. Kirchner tiene como cartas elevar el salario mínimo y aumentar mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, lo cual redundará en un incremento de sueldos para muchos miles de trabajadores.
Por ahora el espacio peronista no apunta al Presidente por el sesgo que toman las causas judiciales contra Isabelita. Los dardos están dirigidos contra el diputado nacional Carlos Kunkel, de la confianza del Presidente y que en los 70 perteneció a los aledaños de Montoneros. También está en la mira el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, quien declaró ante el juez Norberto Oyarbide que sigue la causa de la Triple A, sobre las responsabilidades políticas del líder del justicialismo.
Estaba escrito. Montándose en el poder de la CGT frente a los reclamos salariales, Moyano no desaprovechó la oportunidad de expresarle al Presidente el deseo de que dirigentes sindicales volvieran a ocupar cargos en las listas de diputados nacionales en todas las provincias por el Frente para la Victoria en los comicios que se efectuarán este año. Mientras en 1983 el gremialismo estaba representado por 38 diputados, ahora tiene sólo dos dirigentes de esa extracción, y uno de ellos es el gastronómico Luis Barrionuevo que es enemigo de Moyano y de Kirchner. *
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