El tradicional aliado de Belgrado toma partido
Moscú, ANSA
Para la prensa rusa, la bendición «a la victoria» del opositor de Slobodan Milosevic fue un poco tardía y acusó al gobierno de haber permitido que los acontecimientos lo superaran.
El consenso de la Rusia de Putin a Kostunica es ahora explícito y, además, el Kremlin rechazó la posibilidad de un eventual concesión de asilo político a Milosevic.
La presencia en Belgrado del enviado de urgencia Igor Ivanov para reunirse con Kostunica y Milosevic significó el reconocimiento ruso a la clara voluntad del pueblo yugoslavo: la victoria del candidato opositor.
El premier ruso llamó a Yugoslavia «pueblo hermano» y, junto con las felicitaciones enviadas a Kostunica, reiteró el papel de Moscú en el contexto balcánico y subrayó las diferencias con otros países, responsables de indebidas «interferencias externas». Un rol en nombre del cual Moscú no renuncia a intentar una mediación, aunque en la actualidad está destinado sólo a obtener un cambio de guardia pacífico en Belgrado. «Estoy seguro de que tanto usted como quienes lo apoyan, fieles a los valores democráticos, harán todo lo necesario para que los acontecimientos procedan en un marco de legalidad», escribió Putin a Kostunica.
Por otra parte, el Kremlin, insatisfecho de las relaciones con Milosevic desde la época de Boris Yeltsin, está convencido que Kostunica será, al fin y al cabo, un interlocutor mejor.
Además, Kostunica es un líder más creíble para defender las razones de la integridad territorial de Yugoslavia, o sea la permanencia de Kosovo y Montenegro dentro de sus fronteras, reivindicadas siempre por Moscú. Inicialmente será necesario romper el hielo creado por la extremada prudencia con la que Moscú asistió al vuelco de poderes en Belgrado, pero Ivanov sostuvo que la alianza estratégica serbio-rusa «saldrá reforzada».
Putin recordó también al líder de la Oposición Democrática Serbia (DOS) que Rusia «continuará sosteniendo firmemente el mantenimiento incondicional de la independencia, la soberanía y la integridad de Yugoslavia» y que respaldará a Belgrado en todo lo relativo a la seguridad de los Balcanes.
Se trató de un ofrecimiento de amistad indefectible pero que no cuenta con la aprobación de la minoría comunista y ultranacionalista rusa de la Duma, la Cámara baja del Parlamento ruso, donde pululan admiradores de Milosevic.
El presidente comunista de la Duma, Guennadi Selezniov, no titubeó hoy en llamar a Kostunica «golpista», mientras que el ultranacionalista Vladmir Zhirinovski definió «desgraciada» la decisión del Kremlin de reconocer finalmente al nuevo líder democrático serbio. Pero son voces marginales en el escenario político de Moscú, como lo demuestra la declaración fría y mucho más autorizada del primer ministro Mikhail Kasyanov, frente a los insistentes rumores de una eventual concesión de asilo político a «Slobo».
«Estamos muy lejos de pensar que exista la posibilidad de examinar dicha cuestión», fue la tajante respuesta.
Los serbios siguieron festejando ayer la derrota de Milosevic.
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