Un debate civilizado entre vicepresidentes
Washington, ANSA
Los protagonistas acentuaron los defectos de sus jefes: Cheney se mostró más presidencial que George Bush, y Lieberman más eficaz y agradable que Al Gore.
«Deberían competir por la presidencia –comentó Herbert Thompson, uno de los 25 millones de telespectadores–, Gore y Bush en cambio deberían ser los candidatos a vice».
Al final del debate, que se produjo en una universidad de Kentucky, las encuestas asignaron la victoria a Cheney, 43 a 24 por ciento.
El ex jefe del Pentágono expuso las propuestas republicanas con la simplicidad y la claridad en vano perseguidas por Bush, el martes, en su duelo con Gore.
Cuando la discusión se deslizó hacia temas de política exterior o cuestiones militares, Cheney mostró una competencia y un dominio de la materia impensable en el gobernador de Texas.
También resulta impía la confrontación entre Gore y Lieberman: el senador posee la naturaleza y las condiciones de comunicador que el vicepresidente de Clinton jamás logró mostrar y un sentido del humor que le permite aprovechar cada situación.
Cheney y Lieberman abrieron el debate afirmando que querían evitar cualquier ataque personal y mantuvieron la promesa rechazando algunas provocaciones del moderador Bernard Shaw.
Ninguno de ellos recurrió ni al eslogan fácil, ni a los golpes bajos ni a las calumnias. Ninguno suspiró en el micrófono, sacudió la cabeza o interrumpió a su adversario, como había ocurrido en el duelo Gore-Bush.
Cheney, considerado menos brillante que Lieberman, logró las mejores frases.
Cuando el senador demócrata hizo una burlona alusión a los 35 millones de dólares de liquidación recaudados por Cheney algunas semanas atrás de una compañía petrolera, el republicano respondió «no por mérito del gobierno».
Y cuando Lieberman insistió con un «quizás debería pasar yo también al sector privado»; Cheney replicó con rapidez: «Haré lo posible para que estés contento».
El moderador trató de poner en dificultades a Lieberman con una pregunta sobre Israel y a Cheney, que tiene una hija lesbiana, con una pregunta sobre los matrimonios entre gays.
Ambos se comportaron con nivel. Cheney logró también darle una estocada a Gore recordando que, cuando Bush auspició una intervención de Moscú en la crisis yugoslava en el debate del martes, el vicepresidente ridiculizó la propuesta.
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