"El presidente no quiere ser visto como el Lyndon Johnson de Irak"

Bush perdió la guerra en su propio país

Tanto miembros de la oposición demócrata como del oficialismo republicano lamentaron que el mandatario rechazara las recomendaciones del bipartidista Grupo de Estudio sobre Irak, en especial la de retirar en forma gradual las fuerzas estadounidenses.

Bush anunció el envío de 4.000 marines a la provincia de Anbar y de unos 17.500 soldados a Bagdad como parte de una ofensiva de seguridad. Los 21.500 soldados adicionales se sumarán a los 132.000 efectivos que combaten en esa nación árabe. El presidente también pidió alrededor de 1.000 millones de dólares destinados a levantar la economía, la sociedad civil, la infraestructura y el sistema judicial iraquí, devastados por la guerra.

El grupo encabezado por James Baker, ex secretario de Estado y ex secretario del Tesoro, había recomendado condicionar el apoyo futuro al gobierno iraquí a los esfuerzos de este por cerrar la brecha sectaria, al tiempo que comprometía directamente a Irán y Siria, junto con otros vecinos de Irak, para estabilizar a ese conflictivo país. Bush leyó las 79 recomendaciones consensuadas entre demócratas y republicanos, pero decidió no tomarlas en cuenta.

«El presidente no ha recibido el claro mensaje del pueblo estadounidense de que se precisa un nuevo rumbo», aseguró la senadora demócrata y una de las favoritas para 2008, Hillary Clinton. «Por el contrario, el presidente decidió llevarnos por el mismo camino equivocado, solo que más rápidamente», afirmó.

El nuevo plan «probablemente llevaría a una fase más peligrosa de la guerra, con meses de combates» en las calles de Bagdad que «pondrían a los comandantes militares estadounidenses exactamente en un tipo de ruda lucha urbana» que los planificadores de la guerra trataron de evitar en la invasión de 2003, dijo una nota de análisis del Washington Post.

La principal nota de análisis del New York Times dijo que Bush estaba tomando una «apuesta calculada» de que el público estadounidense le daría más tiempo para cambiar el curso de la guerra.

Pese a la ruidosa oposición a la estrategia, Bush está apostando a que el Congreso «no tendrá el coraje para frustrarlo cortándole el dinero para la guerra», dice el Times.

El artículo que publica el diario dice que el gobierno iraquí dirigido por los chiitas no desea realmente un aumento de los soldados estadounidenses.

El gobierno de Maliki teme que más militares norteamericanos, especialmente en Bagdad, complicarán el deseo del gobierno de conducir la guerra como ellos quieren, de acuerdo con el artículo del Times.

El californiano Los Angeles Times sostuvo que «es improbable que los soldados adicionales sean suficientes para hacer la diferencia» o que Maliki «cumpla su última promesa de que la interferencia política o sectaria no será tolerada», agrega el editorial.

«Hay mucha ansiedad y acidez estomacal», indicó al diario el legislador republicano Ray LaHood, quien mencionó los sentimientos contrarios de muchos de sus colegas republicanos hacia Bush.

 

Lyndon Johnson y el fantasma de Vietnam

Ned Barnett, un consultor político que asesoró en campañas presidenciales, tanto a demócratas como republicanos, afirma que ahora que la guerra se ha agravado, Bush busca no poner fin a la ocupación con una humillante derrota.

«El presidente busca dejar su propio legado y no quiere ser visto como el Lyndon Johnson de la guerra de Irak», según Bernett.

Johnson (1963-1969) ha quedado en la historia como una figura trágica, quebrado políticamente por la guerra en Vietnam, y en una vigilia solitaria en la Casa Blanca mientras crecía el número de muertos en combate en el país asiático.

El veterano senador demócrata, Edward Kennedy, fue frontal. Definió esta semana la guerra en Irak como «el Vietnam de George Bush».

En diciembre, el presidente fue preguntado en una conferencia de prensa en la Casa Blanca respecto a una comparación entre él y Johnson.

«El aspecto más doloroso de mi presidencia ha sido saber que buenos hombres y mujeres murieron en combate», dijo. «Mucha gente me ha pedido que haga algo, que les asegure que sus hijos no murieron en vano».

«Bush está en una posición políticamente muy precaria y enfrenta a una sociedad muy desconfiada», dijo Tom Baldino, profesor de ciencia política en la Universidad Wilkes de Pennsylvania.

«Parte de su nueva misión es persuadir a miembros de su propio partido para que lo acompañen» en el nuevo rumbo trazado.

Bush y su equipo político no están del todo solos, pues los acompaña un puñado de aliados en el Congreso, incluyendo al posible candidato presidencial en 2008, el senador por Arizona John McCain.

Pero algunos generales estadounidenses han expresado sus temores de que un aumento de soldados en Irak sirva para distender a las tropas y cuestionan el impacto del plan.

Un creciente grupo de senadores republicanos que antes apoyaban la guerra se han desmarcado ahora de los planes del presidente, quien pese a todo continúa confiando en su instinto de líder y sin tomar en cuenta opiniones políticas o de la prensa.

El veterano periodista político Bob Woodward citaba a Bush el año pasado, afirmando que el presidente no dejaría Irak, «incluso si Laura y Barney son los únicos que me apoyan», refiriéndose a su esposa y a su perro.

Por su parte, la Casa Blanca se encarga de negar que Bush está solo. «No creería que el presidente está aislado», dijo el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow.

«Pienso que millones de estadounidenses creen que en esta guerra se puede ganar, y una de las cosas que el presidente ha dicho a menudo es que la única manera en que perdemos es si perdemos nuestra voluntad», agregó.

Tom Donnelly, del Instituto estadounidense de empresas, un centro de análisis considerado uno de los arquitectos de la guerra en Irak y del último aumento de tropas, dijo que no está todo perdido para Bush considerando que es escaso el deseo público para un retiro.

«Todavía Bush es el comandante en jefe en tiempo de guerra, de manera que cuenta con enormes ventajas constitucionales y políticas que no tienen los demócratas», afirmó.

«Retroceder ahora provocaría la caída del gobierno iraquí. Un escenario de este tipo significaría que nuestras tropas deberían quedarse aún más en Irak y enfrentarse a un enemigo que va a ser más letal», aseguró Bush, en un intento por convencer a una opinión pública mayoritariamente contraria al envío de más soldados.

 

Con las encuestas en contra

El plan para enviar tropas adicionales a Irak tuvo una fría acogida entre el público estadounidense: el 50% desaprueba la nueva estrategia, de acuerdo con una encuesta de la cadena CBS.

El sondeo revela que sólo el 37% de los encuestados da el visto bueno al plan anunciado el miércoles, que implica el envío de 21.500 soldados adicionales.

Más del 70% de los consultados entiende que el presidente debe conseguir la aprobación del Congreso para enviar las tropas.

El sondeo muestra que el 49% de los encuestados poco después del discurso presidencial, televisado el miércoles, creen que el éxito en Irak es poco probable, en tanto 40% lo ve muy probable.

CBS encuestó a 458 personas, 179 de ellas vieron el discurso de Bush y 143 no.

Otra encuesta divulgada por la cadena CNN mostró que 66% se opone al plan, y cerca de la mitad cree que éste no ayudará a las fuerzas estadounidenses a terminar con la violencia sectaria, y sólo 35% aseguró que Bush tiene un plan claro para alcanzar la victoria. El estudio tiene un margen de error de 3%.

Entre las personas que vieron el discurso televisado de Bush el miércoles, 27% dijo estar más propenso a apoyar su posición, otro 27% dijo sentirse menos propenso, y 45% dijo que no hubo diferencia.

Un sondeo de ABC News/Washington Post publicada en el Post muestra que 61% de los encuestados está en contra de la estrategia.

Sólo el 32% apoya el plan, que se centra en combatir los ataque
s y la violencia sectaria en Bagdad y en la provincia de Al Anbar, pero que también busca entregar la responsabilidad de la seguridad a las fuerzas iraquíes para noviembre.

Un reciente sondeo de la consultora Gallup arrojó que el 61% de los estadounidenses está en contra de mandar refuerzos al país árabe.

Casi la mitad de los ciudadanos entrevistados consideró que Estados Unidos no está en condiciones de vencer en Irak, aunque despliegue un enorme potencial bélico en ese territorio.

 

Un Congreso hostil

En vista de la creciente vulnerabilidad de Bush, la mayoría demócrata del Congreso decidió impulsar en las próximas semanas una serie de medidas para dejar en evidencia la oposición bipartidista de ambas cámaras a la dirección estratégica adoptada por el presidente.

El jefe de la mayoría en el Senado, Harry Reid, señaló que está convencido de que varios republicanos apoyarán a los demócratas en el Congreso para bloquear el incremento de contingentes de soldados.

Tanto Reid como la speaker de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, coincidieron en que el plan de Bush llevará al ejército a un punto de ruptura sin ganancias estratégicas y pondrá en peligro a más estadounidenses.

Se prevé que hasta doce senadores republicanos voten la semana próxima una resolución propuesta por los demócratas en el Senado para desaprobar el incremento de la tropa en Irak.

Aunque la resolución propuesta no tendrá efectos obligatorios para Bush, que planea comenzar el nuevo despliegue a partir en los próximos días, sentará las bases para condicionar fondos futuros para la guerra.

La primera oportunidad será el mes próximo, cuando se prevé que el gobierno pida al Congreso que apruebe unos 100.000 millones de dólares adicionales para operaciones militares de este año en Irak y Afganistán.

Importantes miembros del gobernante Partido Republicano, entre ellos los senadores Richard Lugar y John Warner, manifestaron fuertes reservas sobre la nueva estrategia.

Otros republicanos, como el senador Chuck Hagel y el precandidato presidencial más a la derecha, el senador Sam Brownback, también manifestaron su oposición al despliegue adicional.

«No creo que enviar más soldados a Irak sea la respuesta», declaró Brownback, un antiguo favorito de la derecha cristiana, desde Bagdad, donde se reunió esta semana con funcionarios estadounidenses e iraquíes, incluido el primer ministro Nouri Al-Maliki.

Mientras, Hagel le dijo a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, en una audiencia de la Comisión de Relaciones Exteriores, que consideraba la estrategia de Bush y en particular sus amenazas contra Siria e Irán «el mayor y más peligroso error de política exterior de este país desde Vietnam, si se concreta».

«La idea de sumar más soldados para permitir una solución política que ellos no pueden encontrar -y que francamente no creemos que realmente la estén buscando es un disparate», expresó la representante demócrata Ellen Tauscher ante el secretario de Defensa Robert Gates y el general Peter Pace, jefe del estado mayor conjunto, durante una audiencia del comité de servicios armados de la cámara baja esta semana.

Tras anunciar en las últimas horas que se postulará por el Partido Demócrata a la candidatura presidencial, el congresista Chiris Dodd, valoró que las políticas de guerra en el país árabe han sido tontas, en alusión a la estrategia de guerra seguida por Bush.

Se espera que el presidente dé su discurso televisado sobre el estado de la Unión el 23 de enero ante las dos cámaras del Congreso, una oportunidad clave para defender su estrategia para Irak y detallar las prioridades en sus dos últimos años en el cargo.

«Creo que esta es su última oportunidad», dijo el analista político Stephen Hess a la cadena CNN.

El viernes Bush discutió la nueva estrategia con el rey de Jordania, Abdulá II, y con el presidente egipcio, Hosni Mubarak.

El presidente estadounidense, también lo discutió con los líderes políticos de Australia, Gran Bretaña y Dinamarca el lunes, con los de Japón, Polonia y Corea del Sur el miércoles, y con el rey saudita, Abdulá, el jueves.

El jueves Bush dijo a los soldados estadounidenses en Fort Benning, una base militar en Georgia, que su plan revisado es «nuestra mejor oportunidad de éxito» y que los líderes iraquíes saben que la paciencia estadounidense en la guerra está disminuyendo.

Sin embargo Lawrence Kaplan, editor de The New Republic, fue lacónico y aseguró que Bush perdió la guerra en su propio país. «Una estrategia eficaz de contrainsurgencia exige tiempo y paciencia. A los estadounidenses se les han acabado ambos», concluyó. *

 

Costos

La nueva estrategia de la Casa Blanca en Irak costaría unos 6.800 millones de dólares, con el envío de 4.000 marines a la provincia de Anbar y de unos 17.500 soldados a Bagdad. Desde la invasión en marzo de 2003, la guerra costó más de 350.000 millones de dólares a Estados Unidos, la muerte de más de 3.000 de sus soldados y unos 20.000 heridos.

 

Soldados

El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, anunció que pretende aumentar en 92.000 el número de efectivos de las Fuerzas Armadas de su país, en otro paso para promover la nueva estrategia de la Casa Blanca en Irak, en donde están apostados unos 132.000 efectivos.

Recomendó un aumento en los próximos cinco años de 65.000 soldados y 27.000 marines.

De esta forma los efectivos del Ejército ascenderán a 547.000 hombres y los del cuerpo de Marines a 202.000 efectivos.

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