Cinco años en Guantánamo
Este quinto aniversario «es un día triste para nosotros en Estados Unidos», explica Wells Dixon, un abogado del Centro para los Derechos Constitucionales, que coordina la defensa de los detenidos en Guantánamo. «Tras cinco años, Guantánamo es un total fracaso, un absoluto fracaso».
Numerosas organizaciones de defensa de los derechos humanos se reunieron esta semana y una delegación de militantes tiene previsto manifestarse en Cuba, al otro lado del tejido de alambre que delimita el enclave estadounidense.
Washington estableció la prisión en esa zona híbrida para poder interrogar a los detenidos lejos de las miradas de la Justicia estadounidense. Sin embargo el Ejército reconoció que la mayoría de los detenidos no tenía gran valor en términos de información y no eran los sanguinarios asesinos que se había anunciado.
De los más de 700 prisioneros que pasaron por Guantánamo, alrededor de 380 fueron repatriados y en su gran mayoría liberados luego sin ningún cargo.
Juristas que el año pasado analizaron documentos del Ejército concluyeron que sólo 8% de los detenidos era considerado combatiente de Al Qaeda y que la mayoría había sido entregada por cazadores de recompensas.
Hoy quedan 395 prisioneros en la base. El gobierno quiere llevar a entre 60 y 80 de ellos ante un tribunal militar de excepción y repatriar a otros 86. Se reserva asimismo el derecho de mantener indefinidamente encarcelados a los 230 restantes, incluso sin formularles ninguna acusación.
También asegura que quiere clausurar la prisión lo antes posible.
Cuando las imágenes de las primeras celdas a cielo abierto dieron la vuelta al mundo, los detenidos fueron rápidamente trasladados a celdas alambradas con techo de material.
En diciembre el Ejército estadounidense abrió una cárcel moderna, construida sobre el modelo de las de alta seguridad.
Mantenidos de forma casi permanente en esas celdas minúsculas, sometidos desde hace cinco años a una incertidumbre total sobre su futuro, los prisioneros también fueron sometidos en los primeros años a interrogatorios con técnicas de todo tipo, de pesadilla.
Según documentos del Ejército y el FBI, los prisioneros sufrieron aislamiento absoluto durante meses, fueron interrogados durante 20 horas diarias durante varias semanas, humillados, golpeados y esposados durante largas horas al sol a temperaturas extremas.
Tras varias huelgas de hambre masivas, quebradas una y otra vez por la técnica de una humillante y dolorosa alimentación forzada, tras decenas de intentos de suicidio, tres prisioneros fueron encontrados ahorcados en su celda una mañana de junio del año pasado.
«Son astutos, creativos, decididos. No tienen ninguna consideración por la vida, ya sea la nuestra o la suya, y creo que no se trata de un acto de desesperación, sino de un acto de guerra», comentó entonces el contralmirante Harry Harris. *
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