Imágenes del horror
LAS IMÁGENES del ahorcamiento de Saddam Hussein van camino a eclipsar las de las Torres Gemelas. Por ahora se muestran los instantes previos y luego el cadáver envuelto en la mortaja, pero llegará el momento en que exhiba la ejecución misma y el cuerpo balanceándose en la soga, tal cual se hizo en otros casos. Esto no cambia la esencia de la guerra en Irak. Es un crimen más del imperio desde la invasión de marzo 2003. Y no contribuirá a sacar a EEUU del pantano. Al contrario: la resistencia aumentará y también el número de sus soldados muertos, que ya sobrepasan los cerca de tres mil del atentado a las Torres Gemelas.
Un juicio espurio
Si la invasión implicó la violación descarada de las leyes internacionales, el juicio fue espurio por los cuatro costados. Vale la opinión de Ramsey Clark, que se desempeñó como general attorney (equivalente a ministro de Justicia) bajo Lyndon Johnson. Alguna vez hemos escrito sobre la digna conducta de este abogado eminente en el encuentro internacional sobre los crímenes del imperialismo contra Irán efectuado en Teherán en la época del ayatolá Jomeini. Ahora, en su carácter de abogado de Saddam, declaró ante los congresistas de su país: «El Tribunal Especial Iraquí es un instrumento de la política de EEUU. No es ni legal, ni independiente, ni imparcial. Ha sido creado por EEUU como pantalla de su ocupación militar. EEUU creó su reglamento y lo ha financiado. Seleccionó a sus integrantes, los entrenó, los ha protegido y los ha controlado. Esta Corte no es legal porque es un instrumento de la guerra de agresión y ha desarrollado sus funciones bajo la jurisdicción de una ocupación ilegal». Lo mismo opinó el canciller Gargano. A lo largo de este juicio amañado, tres de los cinco jueces, incluyendo el presidente, fueron destituidos, y ocurrió otro hecho monstruoso: tres abogados defensores fueron asesinados. El juicio siguió igual. Saddam estuvo siempre incomunicado en un cuartel norteamericano, que lo entregó para su ejecución. Esta se produjo durante una festividad religiosa musulmana, lo que no están permitido.
El mundo reprobó la aplicación de la pena de muerte. Israel la aprobó.
El nombre del asesino
George W. Bush trasladó a Irak su democracia tejana, como se dijo en tapa. El presidente ostenta el récord de ejecuciones en la silla eléctrica como gobernador de Texas. Nunca decretó una amnistía. Su propósito era revertir la imagen de derrota en Irak, cuando el 70% de los ciudadanos reclama el retorno de los soldados.
Aquí entra en escena el nuevo jefe del Pentágono, Robert Gates, quien apenas nominado viajó a Bagdad. Ante todo, para asegurarle a los mandos militares que se elevará el número de efectivos, como lo reclaman. Ahora se ve que el otro objetivo era asegurar la ejecución de Saddam antes de fin de año. Ambas órdenes fueron cumplidas. Ya se está instrumentando el envío de 25 mil soldados de infantería más.
Director de la CIA en 1991-93 bajo Bush padre, Gates venía con los dedos marcados por su participación en el escándalo Irán-contras, junto a Oliver North y su pandilla. Recientemente integró la Comisión especial bipartidista sobre Irak copresidida por James Baker y Lee Hamilton, y refrendó sus conclusiones en busca de una salida en Irak. En el proceso de su nominación, a la pregunta de si EEUU estaba ganando la guerra respondió con un «No, sir» categórico. Pero una vez instalado en el Pentágono dio vuelta la pisada.
El horror multiplicado
En Navidad vimos por canales internacionales un espectáculo estremecedor. Mostraba a varios prisioneros iraquíes ahorcados, balanceándose con la cuerda al cuello. Estaban encapuchados y con ropas negras. Era la reproducción de videos tomados en el pasillo de la muerte. Me pregunté hasta dónde llegaría el horror en Irak. Ahora agrego que se estaba preparando el terreno para la ejecución de Saddam.
Esos días teníamos otras evidencias de los crímenes de las tropas de ocupación. Ocho marines fueron acusados formalmente el 22 de diciembre ante una corte marcial de EEUU por la masacre de 24 civiles en Haditha hace más de un año, uno de los tantos crímenes contra civiles que salen a luz. Más los que se siguen perpetrando en Guantánamo. El periodista norteamericano Dahr Jamail informa que 21 muertes aparecen como homicidios en documentos desclasificados de 44 autopsias realizadas por médicos militares de su país a prisioneros en Afganistán e Irak.
La balada de Villon
François Villon (1431-1465), uno de los grandes de la poesía cuyas huellas aparecen desde su contemporáneo Jorge Manrique hasta César Vallejo, fue condenado a la horca y escribió en esa ocasión una célebre «Ballade des pendus» (Balada de los ahorcados) en que menciona en francés arcaico «la cuerda de una toesa alrededor de mi cuello». La cubierta del libro, con la imagen de tres ahorcados, se me apareció cuando vi a Saddam en el pasillo de la muerte. *
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