Decenas de heridos en ataques antimagrebíes en El Ejido

Preocupante aumento de la violencia racista en España

La inmigración clandestina y la xenofobia están a un paso de convertirse en un problema importante en un país que, hace algunos años, ignoraba completamente estos fenómenos, y donde el recuerdo de centenares de trabajadores españoles que partían al norte de Europa para buscar trabajo en los años cincuenta está presente en la memoria colectiva.

Aunque en el pasado España fue tierra de emigración, en las próximas décadas se verá obligada a ser uno de los países más abiertos a la inmigración.

Según un informe de la ONU publicado en enero, España necesitará recibir 12 millones de extranjeros antes de 2050 para mantener su fuerza de trabajo actual.

La explicación: la tasa de natalidad en España está declinando vertiginosamente desde hace más de veinte años.

Pasó del segundo puesto europeo en 1976 al último en 1998. Ese año estaba en 1,15 recién nacidos por mujer.

Sin inmigración la población española pasaría de 39 millones actuales a menos de 30 millones hacia la mitad del siglo XXI, con una edad media de más de 54 años y sólo 1,4 activos por jubilado.

Estas cifras alarmantes fueron el determinante para que el periódico conservador La Razón publicara el domingo en primera plana, la foto de ocho niños africanos, asiáticos y de Europa del este con el título: «Los nuevos españoles».

«Es importante que nuestros compatriotas sean conscientes del importante rol que desempeñan los inmigrantes en nuestra economía y en la sociedad española», aseguró el ministro de Relaciones Exteriores Abel Matutes, quien añadió que «España va a necesitar cada día más inmigrantes para su crecimiento», uno de los más fuertes de Europa occidental.

Xenofobia

En momentos en que la clase política1 es unánime con respecto a la necesidad política de una inmigración importante, y que una ley muy liberal sobre el tema promulgada, los 800.000 extranjeros que viven actualmente en España son cada vez más objeto de acciones xenófobas y agresiones racistas.

La explosión de violencia de El Ejido, donde centenares de habitantes agredieron con cachiporras y barras de hierro los domicilios y los comercios atendidos por magrebíes, se asemeja a una serie de problemas del mismo tipo ocurridos en 1999.

El 11 de setiembre, nueve personas resultaron heridas luego de una «expedición de castigo» llevada a cabo por legionarios en un barrio musulmán de Melilla, al grito de «fuera moros» (enclave español ubicado al norte de Marruecos).

Los legionarios intentaban vengarse por las agresiones sufridas por una pareja española.

Durante el mes de julio incidentes xenofóbicos se habían desencadenado esporádicamente en Tarrassa, ciudad de los suburbios de Barcelona en donde vive una importante población magrebí.

Otros acontecimientos violentos de índole racista fueron perpetrados en la aldea catalana de Banyoles (noreste), en donde tres personas habían sido heridas gravemente en el incendio intencional de un edificio habitado por familias gambianas.

La policía acusó entonces a grupos «skinheads». El portavoz del gobierno, José Piqué, aseguró que no se trataba de «hechos aislados, sino del nacimiento de un cierto clima en la sociedad».

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje